Así son salvados los héroes de la guerra

 

La atención integral de pacientes de guerra así como la mejora en las especificaciones técnicas para el uso de prótesis por las víctimas que se inscriben en esta categoría, hacen parte de los avances que ha tenido en los últimos años el Hospital Militar, primer centro de referencia en el país sobre la materia.

Los desafíos impuestos por la dinámica del conflicto han generado un cambio en las actuaciones tanto en el hospital como en el mismo teatro de operaciones. Dichos cambios han significado la reducción de la mortalidad de los pacientes de este tipo, así como el aumento en el bienestar de las víctimas en las fases de trauma y postrauma.

 

Más prótesis, menos mortalidad

En Colombia murieron por homicidio 16.554 personas en el 2011, según cifras del Instituto de Medicina Legal. Según el organismo, 490 de ellas eran miembros de la Fuerza Pública.

Una víctima con trauma de guerra se define como aquel paciente que sufre impactos que le generan deformidades y originan lesiones en vísceras internas o en tejidos blandos como la piel o los músculos.

En 2011 llegaron al Hospital Militar 350 víctimas de trauma de guerra, siete de las cuales fallecieron. Y en lo corrido de este año (hasta el 1 de noviembre) se registraron 243 atenciones de víctimas. Tres murieron.

Es en este contexto en el que cada año entre 250 y 300 miembros de la fuerza pública sufren amputaciones. Esta cifra genera que el departamento de prótesis del hospital elabore entre 320 y 350 prótesis anualmente.

En la última década esta cifra de construcción de prótesis ha aumentado. Y la razón que los especialistas esgrimen es que en el conflicto con la Fuerza Pública, la guerrilla y otros grupos ilegales no tienen la misma capacidad de antes para enfrentarla y acuden entonces a métodos no convencionales, que aumentan la gravedad de las heridas.

Colombia, en cabeza del Hospital Militar, ha avanzado en materia de elaboración de prótesis para personas que las requieren. Tanto de los materiales que se están utilizando para el diseño de los sockets, como en la misma tecnología que se usa en los pies protésicos y en las rodillas protésicas. Ello ha redundado en aumentar la calidad de vida de los pacientes.

“El 'socket' es la parte más importante de la prótesis, porque es la que se adapta al muñón, la que le da comodidad y permite que el paciente camine sin dolor”, explica el mayor Héctor Manuel Orjuela, ortopedista y coordinador del servicio de prótesis del hospital.

Hasta hace una década se realizaban prótesis convencionales en madera. Hoy, el Hospital Militar trabaja con prótesis modulares, pies de alta actividad en carbono, rodillas hidráulicas policéntricas y monocéntricas; y hasta rodillas electrónicas.

Dado que la tecnología ha mejorado, también han aumentado los costos. En Colombia, la prótesis más usada es la denominada transtibial. Su costo, que incluye el tratamiento, puede ascender a los 15 ó 20 millones de pesos.

Las prótesis de mayor calidad son importadas a Colombia desde Estados Unidos y Alemania.

Pese al aumento de las cifras en el uso de prótesis, la mortalidad de los heridos en combate de las fuerzas militares, según el coronel Carlos Arias, cirujano vascular y coordinador del área, ha bajado 12 por ciento. “Mientras que a finales de la década de los 90 la mortalidad era del 35 por ciento, hoy el porcentaje está en 23 por ciento”.

La reducción de la mortalidad por lesiones de guerra es atribuida a tres factores fundamentales: 1. La implementación de los hospitales de combate en avanzada, 2. La mejoría en helicópteros para evacuación y transporte y 3. Un mejor control de la cirugía de daños en el mismo escenario de combate. Para este último aspecto resulta vital el papel del enfermero de combate, quien “es el primer filtro en la atención de la víctima con trauma”, subraya el doctor Ricardo Uribe Moreno, jefe de trauma y medicina crítica del Hospital Militar.

 

La herida de guerra

La atención integral encierra varias dimensiones. La Física, la emocional, la de rehabilitación y la de reintegración.

La cuestión es que además de lo físico, las víctimas son personas con proyecciones, ambiciones y familia. De ahí que los parientes se convierten en parte del equipo terapéutico.

Según Uribe Moreno, los lesionados de guerra son pacientes ligados permanentemente a la atención hospitalaria. “Por lo menos ocho de cada diez pacientes tienen tratamiento de hasta cinco años después del incidente”, explica.

Las heridas de abdomen y tórax son las más letales pues son las que provocan más pérdida de sangre. La reconstrucción en esta zona del cuerpo supone marcas de por vida y muchas de ellas, morfológicamente, tienen características complejas. Sin embargo, desde el punto de vista emocional, la pérdida de una extremidad siempre resulta más impactante para los pacientes.

Las heridas de guerra siempre son más graves que otras, por muy complejas que parezcan las producidas en otras circunstancias. Y es que se producen con armas, convencionales o no (minas o artefactos explosivos improvisados), cuya naturaleza es el poder destructivo que poseen. Además, más de la mitad de las víctimas de trauma de guerra requieren atención en UCI (Unidad de cuidado intensivo) y no inferior a una semana.

Las generadas por explosiones representan la mitad de los casos de lesionados en combate. A lo largo de su historia, el Hospital Militar ha atendido ocho casos en los cuales las víctimas llegaron con artefactos explosivos –incrustados en su cuerpo– sin detonar.

La atención con equipos interdisciplinarios ha hecho que los pacientes tengan mejores señales de recuperación. De 18 a 20 días que permanecían hospitalizados, el tiempo de hospitalización se ha reducido a dos semanas.

El poder destructivo que poseen

Enfermero de combate