Transformar al país
“Solos se llega más rápido; juntos, más lejos”

¿Cuál es la generación de líderes que necesita Colombia para transformarse y encarar tiempos futuros que desde ya son de abrumadora inestabilidad?

Las escuelas de negocios continúan en la disertación de este tema. Que es un asunto de focalizar las estrategias, hay que apuntarle a la innovación y al emprendimiento, todo está en la creatividad, etcétera.

Sin embargo, cada modelo de negocio no parece gestarse sin ninguno de estos aspectos y aun así la realidad demuestra que el desgaste llega pronto.

¿Cuáles son entonces esos componentes detrás de cada uno de esos aspectos para lograr no sólo transformaciones, sino también que se construyan los ambientes para que, como los ecosistemas, se generen de forma permanente?

La respuesta está en los cambios personales, sacrificios de cada día, donde empiece a predominar no sólo el liderazgo, sino valores como la colaboración, la confianza, la disciplina y la integridad, en todos.

Así lo conceptúa Álvaro González-Alorda, investigador de negocios y docente de innovación del ISEM de España, y quien pronunció algunas reflexiones durante el foro ‘Transformar Colombia’, realizado en pasados días en Inalde.

En esencia, González-Alorda señala algunos motores sin los cuales por más talento, innovación o estrategia que haya es imposible proyectar negocios que se ajusten a lo actual y lo futuro.

La nueva clase media

Según González-Alorda, en los próximos 15 años va a ocurrir un fenómeno que contradice 200 años de historia. Los países emergentes van a crecer más que los países desarrollados.

La razón de ello, explica, es que cerca de 20.000 multinacionales esperan encontrar el 70 por ciento de su crecimiento en países emergentes, y ello marca una influencia de más dinámica donde operan que en sus propias fronteras.

Un estudio reciente del Instituto McKinsey concluye que de las 600 ciudades que crecen más rápido en el mundo, 440 están ubicadas en los países emergentes. Mumbai, Sao Paulo, Shangai, Seúl, Tokio, entre otras, figuran entre las capitales en esas naciones, que no tienen que ver con los países BRICS, como economías emergentes.

El factor común de estas urbes es que crearán una nueva clase media, “que no es la de los países desarrollados ni la de los llamados BRICS, sino un colectivo que pedirá una ola de productos y servicios distintos, nuevos, más accesibles, más baratos, más fáciles. La nueva clase media tendrá deseo de gastar para cumplir sus aspiraciones, pero fundamentalmente en un mundo lo suficientemente bueno”, explica González-Alorda.

Es en este contexto donde las empresas necesitarán, más que estrategia e innovación, un liderazgo matizado y colaboración. Los mayores esfuerzos de inteligencia y desarrollo deberán estar hipotecados en cómo servir a esa clase media.

Matices del liderazgo

Los líderes, subraya el profesor español, deberán ser capaces de asumir procesos complejos a los que ‘nadie le mete el diente’, pero que hay que cambiarlos porque son anacrónicos, ineficientes e ineficaces, afrontar las dificultades que suponen esos cambios, y –por sobre todo– cambiar la moral de un equipo.

En cuanto a liderazgo, González-Alorda resalta que una primera tarea por efectuar es “bajar los centros de gravedad”. Y es que en la transformación de organizaciones se suele, equivocadamente, tomar decisiones sólo muy arriba. Cuando ello ocurre, se relega de algún modo esa franja de mandos medios y esta desconecta el corazón. Al cabo de un tiempo, la mencionada franja desconecta también el cerebro y quienes la componen se convierten en autómatas. La calidad de las ideas se deteriora, la gente pasa mucho tiempo sin ponerle alma a su trabajo y todo se viene al traste.

La tesis de González-Alorda es que en estos momentos de inestabilidad, la tarea de los directivos es que para ellos mismos y sus equipos se cierre el paréntesis del acomodamiento. “No se trata de proponer ideas descabelladas sino de hacer reuniones de creatividad con foco (¿qué es lo que hace falta?, ¿cuáles son los modelos de negocio que tienen mercado?, ¿qué nuevos proyectos vamos a poner en marcha?, ¿cómo vamos a experimentar para seguir creciendo?)”, matiza.

Según González-Alorda, hay que tener la insensatez de “diseñar retos profesionales que, objetivamente, podamos afrontar”. Aquí es donde nacen las capacidades de superación arrolladora. Aquí es cuando crecemos. Para hablarlo en el lenguaje de los Olímpicos –recientemente culminados– “la clave está es en levantar moderadamente el listón. Pero hacerlo siempre”.

Sólo de esta forma es que se logra asumir pasión en tiempos difíciles para progresar de manera auténtica: se crece con lo que se hace, se ayuda a los demás y se abona el terreno para cambiar el mundo.

La segunda esfera para lograr la transformación es la colaboración. “la sociedad debe repensar el modelo y admitir que si bien solos se llega más rápido, unidos se llega más lejos”.

La respuesta a la crisis que estamos viviendo ahora –agrega– no está entre la izquierda y la derecha sino en lo correcto y lo incorrecto. Va más allá de las ideologías, lo que piensa una persona y otra.

La inteligencia colectiva funciona cuando personas de planteamientos distintos ponen lo que tienen, “pues las innovaciones suceden justamente es en las intersecciones de esos saberes”, reflexiona el español.

Así, el reto está en la capacidad de ir del brazo de personas que piensan distinto a nosotros y ver, de todo aquello que se presenta, lo que nos une a los demás.

En la colaboración se destacan tres dimensiones: la disciplina, la integridad y la confianza. Sin disciplina, las potencialidades de los talentosos y de los creativos en los equipos de trabajo “son una simple caricatura”, dice González-Alorda. La integridad, por su parte, aporta la fuerza interior y con ello llega la confianza. Al ser consecuentes con el pensar, el decir y el actuar, los líderes adquieren credibilidad que resulta el mayor activo para arrastrar e inspirar a cualquier equipo de trabajo.

 

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