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Navidad, época de propósitos cumplidos
o por cumplir

 

“El éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”.

Winston Churchill


Estas fiestas tan significativas y esperadas por la mayoría de las personas, representan mucho más que el nacimiento de la fe cristinana, es un momento de reflexión interna y sobretodo, evaluación de crecimiento personal y profesional.

Llega diciembre, y estas fechas son el momento ideal para aquietarse un poco y hacer los balances de aquellos propósitos cumplidos o los que continuarán en la lista para el siguiente año. Independiente de ello, lo importante en esta época decembrina es la reflexión alrededor de todos aquellos intentos que se hicieron para alcanzar eso que se ha prometido a sí mismo, y la enseñanza que dicho esfuerzo ha dejado para el crecimiento personal y profesional de cada uno.

Intento tras intento, lo importante al momento de cumplir un propósito, además de perseverar, es la capacidad de crecimiento de una persona, cuando se tiene la serenidad y la capacidad para arriesgarse a cosas nuevas muy a pesar de que los objetivos perseguidos no se hayan alcanzado. El hecho de que hayan propósitos que no se cumplan no debe ser tomado jamás como un fracaso. Toda experiencia, incluso algunas frustraciones, ayudan a crecer. Bien lo dijo Winston Churchill: “El éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”.

El aprendizaje está también en que hay propósitos que se dan por nuevas oportunidades no contempladas, y es allí donde la experiencia permitirá aprovechar el momento para incluir un item más a la lista de intenciones cumplidas.

Así, aunque se cumplan o no los propósitos, lo que resulta clave para líderes y emprendedores es que cada navidad traiga el crecimiento necesario para fluir con la vida y sus oportunidades.

Persistir es determinante. Perseguir los objetivos con determinación hasta el final. Pero también es importante saber cuándo es necesario mirar hacia otro lado y arrancar de cero para intentar algo nuevo. No hay una regla para saberlo, pero las experiencias personales y del entorno indicarán a cada quien cuándo ha llegado el momento de abandonar, no para renunciar definitivamente, sino para aprender una nueva lección y no repetir los errores.

Emprendedores destacados como Jonathan Bursztyn, fundador de Totto, y Mario Hernández, de la industria marroquinera colombiana, son ejemplo de ello. De sobreponerse a los fracasos, tomar de estos lo mejor y dar el siguiente paso al éxito.

Así, fluir con la vida es empeñarse en conseguir lo que se busca y disfrutar al momento de intentarlo.


¿Cómo distinguir entre persistencia y obsesión?

La respuesta está en la manera como se fluye frente a cada proyección y anhelo que cada quien se hace. Si se tiene el propósito con preparación y disciplina se alcanza aquella fluidez que permite alcanzar el objetivo, de una u otra forma. Si frente a un propósito se han saltado procesos, labores, compromisos (sobre  todo con uno mismo), perseguir un objetivo puede convertirse en una obsesión, cuya peor característica es disfrazarla de persistencia para justificar el no querer romper paradigmas, innovar o –mejor– inventar.


Que esta navidad sea la ocasión de volver a recogerse en familia; de pensar que hay que vivir cada instante como si fuera el último, ojalá con las personas que más se quieren, que es lo auténticamente importante; y que sea la oportunidad de tomarse un segundo aire para cumplir los sueños, y para quienes así se lo han fijado, hacer empresa, son los anhelos del CESA.



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