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El CESA es jurado en los premios

BBVA - El Espectador

 

La empresa Enzipán fue escogida como la ganadora del premio Pyme Sostenible BBVA – El Espectador 2012, en el marco de la entrega de los galardones para reconocer el esfuerzo de los pequeños y medianos empresarios del país que incorporan criterios de sostenibilidad en sus prácticas empresariales.

Enzipán deriva su nombre del manejo y aplicación de enzimas destinadas al tratamiento de harinas, con énfasis en panificación, y con 25 años de experiencia y permanencia en el mercado de harinas y cereales.

Enzipán Laboratorios se impuso entre un total de 1.385 competidores en este premio, que tuvo entre los jurados al rector de la institución, José Manuel Restrepo Abondano. Recibirá del CESA la oportunidad para adelantar una especialización en la institución.

El CESA conversó con su gerente técnico y fundador, Tirso Tovar, quien se abrió paso desde el campo, en su natal Sapuyes (Nariño) –a 40 kilómetros de la frontera con Ecuador–, hasta convertirse en la cabeza principal de una de las más importantes compañías que hace investigación dentro de la industria de alimentos en Colombia.


¿Dónde podría estar el ADN de la empresa que hoy cosecha un éxito?

En el propio campo. Cuando era niño, en los terrenos que eran minifundios, mi padre sembraba trigo. Con mis hermanos jugábamos con las espigas, con el tamo, con el tallo; hacíamos casitas. Eso me marcó y siempre creo que tuve en mis venas ese amor por el trigo.


Un paréntesis. ¿Cómo está el consumo de trigo en el país?

Hoy por hoy el país sólo produce el 5 por ciento de la necesidad total. Pero en mis épocas de infancia en Sapuyes, todo el país se nutría del trigo nacional.


¿Cómo empieza a involucrarse en el mundo empresarial?

Después de haber dejado mi terruño vine a la capital y fui mensajero en una entidad financiera. Estando allí, paso a paso, fui escalando hasta llegar a la gerencia de la oficina, luego a la gerencia regional, a la gerencia zonal. Luego decidí estudiar en la noche economía (Jorge Tadeo Lozano), la carrera que me dio la visión de negocios.


¿Y cómo llegó la visión de este en particular?

Dentro de las actividades que vislumbraba como gerente de banco siempre advertía buenas operaciones y gente muy cumplida en el área de la molinería, y concretamente en el área de la molinería de trigo. Un día se me ocurrió preguntarle a un señor que tenía un molino, ‘en esta actividad, ¿qué puede haber que necesite un capital mínimo porque yo no tengo mucha plata?’. Él cliente me respondió: ‘usted puede hacer una importación pequeña de este producto que estoy seguro que lo puede vender, y en esa comercialización puede empezar a incursionar en este tema.


¿Cuánto tenía y qué año era?

Estamos hablando de 1987. Tenía un millón de pesos.


¿Cuál fue la primera importación?


Bromato de potasio, que sirve para darle volumen al pan. Costó 1.000 dólares. Yo me metí a la biblioteca a investigar más sobre este producto químico para conocer sus atributos. Vino una segunda importación, y a la tercera me di cuenta que tenía que fundar la empresa. Operar como persona natural no me daba credibilidad y era necesario formalizarla.


¿Qué vino después para propiciar el crecimiento de su empresa?

Gracias a que mi esposa es química, dimos el segundo paso. Ya con ella pudimos hacer la alianza para montar el laboratorio como quería. Habían pasado sólo tres años de fundada la empresa cuando empezamos a conseguir nuestros primeros equipos. Ya hubo que pensar en otro tipo de requisitos y el camino empezó a ser más exigente pero al mismo tiempo promisorio.


¿Cuál ha sido la situación más compleja y difícil experimentada como empresario?

Fue a los 13 años de edad de la empresa. A las 7:00 de la mañana de un 4 de junio nos visitó la delincuencia. Unos atracadores nos amordazaron y barrieron con todo. Quedamos prácticamente con sólo las instalaciones físicas porque hasta cargaron con las mesas en un camión. Se llevaron equipos de laboratorio que curiosamente ni les servían porque en ese momento teníamos partes en otro sitio. Por ejemplo, se llevaron un molino pero sin la rosca.


¿Cómo superaron esta situación y cuánto demoraron en hacerlo?

Lo único que se me ocurrió fue poner un aviso en primera página del diario El Tiempo en el que anunciaba que Enzipan debía suspender labores porque había sido víctima de la delincuencia. Las primeras llamadas fueron de los clientes que nos dijeron: ‘ustedes no pueden abandonarnos, ustedes son valiosos para nosotros, nos hemos beneficiados de sus servicios, necesitamos que sigan adelante’. Dije: ‘no tengo recursos. ¿Cómo puedo hacer?’ Me respondieron: ‘les vamos a hacer unas consignaciones a futuro para que ustedes, con base en los servicios que nos presten, van descargando eso, pero necesitamos que no paren la empresa’. Con esa benevolencia, no hubo ninguna duda de que debíamos continuar, así fuese con las uñas.


Eso ratifica una vez más la importancia de la reputación para cualquier empresa.

Desde luego. Y sobre todo el haber sembrado. Porque aquí lo que ocurrió es que se cosechó lo que se había sembrado durante cuatro años de trabajo: la gente ya había notado que nosotros hacíamos las cosas bien y que podíamos seguir siendo útiles para ellos.


Pero también dice mucho sobre la importancia de la gestión del riesgo. ¿Cuál es la lección más trascendental de este episodio en particular?

Primero, tomar la debida seguridad. Uno no debe confiarse de que porque está en cierto barrio va a quedar inmune. La delincuencia lo ataca en el momento menos esperado. Y la segunda enseñanza, es tener sus seguros cubiertos, sus seguros al día, para que en el momento que llegue una tragedia uno sepa que tiene un respaldo.


¿En qué va a invertir el premio de 100 millones?

Hay muchísimos proyectos, uno de los cuales es hacer una gestión de mercadeo porque la empresa es muy prolija en hacer innovación, pero deficiente en divulgar, promocionar y comercializar esos desarrollos.


¿Cuál es su mensaje para los jóvenes emprendedores?

Que tienen que tener mucho amor al país para sobreponerse a las dificultades. Infortunadamente nuestra juventud ha impuesto la ley del menor esfuerzo. Las empresas sólidas se hacen con sacrificio, con dedicación, con disciplina, con esfuerzo y entusiasmo. Esa es la única fuente para generar empresa en el país. Si no tiene esas virtudes, mejor ni lo intente.


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