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Regalos navideños y la RSE

 

La tradición de los obsequios durante la noche de Navidad guarda en su esencia uno de los pilares clave en el mundo de negocios de hoy: la responsabilidad social empresarial o corporativa.

En el mundo de los negocios de hoy, no hay ningún modelo que sea viable si no guarda dentro de sus características algunas que lo hagan sostenible, y tampoco son sostenibles si no cuentan en su esencia con componentes de responsabilidad social empresarial o RSE.

Pensar exclusivamente en un crecimiento sostenido sin tener en cuenta el entorno no es más que el principio del fin para cualquier empresa. El compromiso social es una variable determinante que, o bien puede reforzar la reputación de las marcas y empresas o bien condenarlas.

Un espíritu empresarial adecuado es aquel que, al tiempo que exhibe señales de crecimiento, puede también hacer ‘regalos’ o tener actuaciones socialmente responsables.

Mucho es lo que ha cultivado la tradición navideña, en particular la de los regalos, sobre responsabilidad social, hoy clave para el éxito empresarial.



Lo que dice la tradición

La historia se remonta al siglo IV. En Licia, antigua región del Asia Menor y donde hoy están asentadas las provincias turcas de Antalya y Muğla, vivía un joven llamado Nicolás, que quedo huérfano desde niño y heredó una gran fortuna.

Nicolás la repartió entre los más enfermos y desamparados, y a los 19 años, se convirtió en sacerdote. Más tarde se convirtió en obispo, rol bajo el cual ayudó principalmente a los pobres y desprotegidos.

Varias historias sobre su generosidad y bondad se han contado alrededor de Nicolás. Una de ellas versa sobre la historia de un empobrecido padre que no tenía los recursos para que sus tres hijas se casaran, hecho que las condenaba a la prostitución.

Para salvarlas de una vida de pecado, Nicolás decidió obsequiarle una bolsa llena de monedas de oro a cada una de ellas. La leyenda dice que él entraba a la casa por una ventana, sin que nadie se diera cuenta, y colocaba la bolsa de oro dentro de los calcetines de las jovencitas.

Al morir, el obispo alcanzó la condición de santo, convirtiéndose así en San Nicolás de Bari, y su popularidad se extendió por toda Europa.

Y aunque en esas latitudes la fiesta de San Nicolás no es el 24 sino el 6 de diciembre, desde esa época se ha globalizado la tradición de obsequiar algún tipo de presente en la Navidad.


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