Los futuros lideres del país

Últimamente hay algo que le está quitando el sueño a Natalia Parra. Desde hace algunas noches mientras observa uno de los rincones de su colorida habitación, piensa sin cesar cómo expandir su modelo de negocio, cuyo mercado no ha ido más allá de algunos vecinos y familiares; Natalia comercializa portavasos que ella misma elabora. En similares circunstancias está Ana María Espinoza; en su caso, sostiene con seguridad, debe trabajar varios años para afinar un medicamento que, dice convencida, “servirá para detener el sangrado de las perritas y también de otros animales”.

Se trata de dos modelos de negocio muy distintos que, sin embargo, tienen algo en común. Sus gestoras son dos niñas que no se levantan a más de 135 centímetros de altura ni sobrepasan los 10 años de edad. En efecto, Natalia, de 9, y Ana María, de 10, ambas estudiantes de primaria, hacen parte del grupo de la Escuela de Líderes del Colegio de Estudios Superiores de Administración, CESA. Junto con ellas, otros 13 niños y niñas, de entre los 6 y 11 años de edad, ya se preparan en la Escuela para ser los empresarios líderes y emprendedores del país en el futuro.

La Escuela de Líderes funciona desde hace 10 años bajo el patrocinio del departamento de Bienestar Universitario del CESA, hoy de la mano de Juanita Jiménez. Ella, junto a tres docentes de un reconocido colegio de la capital, acompañan a estos 15 pequeños en aspectos clave para la creación de empresa como: el liderazgo, la administración, el trabajo en equipo, la responsabilidad con el medio ambiente y hasta la publicidad.

No en vano, niñas como Natalia y Ana María, pese a su edad, ya tienen afinidad con términos tales como el reciclaje, o los símbolos y slogans que tienen las empresas. “Estoy innovando los portavasos pero me preocupa que no puedo vender en el colegio. Está prohibido”, explica Natalia, mientras le saca brillo con la boca a una cucharita de plástico, que diez minutos antes tenía en un vaso de yogurt con cereal.

Natalia fabrica los portavasos con cáscara de huevo y cartón. “Estas cáscaras las pinto de diferentes motivos según el cliente”, ilustra, además aclara que las ventas han subido paulatinamente gracias a la publicidad voz a voz que hacen sus familiares, y a los volantes que reparte a los vecinos. “Los hago en el ‘compu’”, concluye la niña, que cuando no está pensando en el negocio ni en las tareas, toca guitarra.

A Ana María la desvela el sufrimiento de los animales. Quiere ser médica veterinaria. Dos cosas tiene claras: la primera, que trabajará a largo plazo para ofrecer un producto. La segunda, que hará una sociedad. Y la razón de ello es que quiere hacer un medicamento para que los animales dejen de sangrar. Sin embargo, explica que como ya existe el agua oxigenada y ella no quiere copiarse, entonces invitará a dos amigas suyas, que también quieren ser veterinarias, para que le ayuden a desarrollar un remedio nuevo a partir de dicho producto.

Ana María dice que tendrá el “remedio” listo en 20 años, después de que estudie veterinaria. Aun así, ya cree tener listo parte de su modelo de negocio con comercial, símbolo y slogan de su producto incluidos: “Mejora tus cachorros con el remedio” (escuche el comercial).