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Campeón paralímpico

Una mala cicatrización que no pudo ser tratada a tiempo en sus años de infancia y de precariedades médicas en el campo provocó que Elkin Serna perdiera el 90 por ciento de su visión.

Todo lo ve borroso. Pero Elkin es una de esas personas que, aunque no tiene una condición física óptima, guarda en el alma el liderazgo para creer que en la vida no hay límites. Elkin trajo una medalla de plata de los pasados juegos paralímpicos de Londres.

Y no es la primera. En 2 horas, 26 minutos y 39 segundos reeditó su actuación hace cuatro años en los paralímpicos de Beijing, donde también se baño de plata.

Elkin nació hace 27 años en Urrao (Antioquia). Ahora reside en El Guarne, también en el mismo departamento, donde corrió 30 kilómetros diarios un par de meses antes de las olimpiadas para ponerse a punto y competir en ellas.

Su vida es una historia de superación de todas las barreras, y en la que el atletismo se convirtió en la fuente de liberación.

De niño –dice– sintió un poco la discriminación. “Me tocaba acercarme al tablero para leer lo que explicaban en el colegio. Ya ni siquiera podía ver lo que yo mismo escribía en los cuadernos”, recuerda. Pero descubrió el atletismo como fuente de inspiración y el deporte como aquello que le hizo adaptarse al mundo, revertir su situación y ganar.

El descubrimiento fue cuando Elkin frisaba los 16 años. Su directora de curso, que siempre había visto en él mucha pasión para hacer las cosas, le dijo: “vas a tener que ser vos el que va a representar al colegio en una carrera. Te ponés una pantaloneta, trotás esta semana y ya”.

Elkin fue el de mayor resistencia. Los cinco kilómetros corridos en los que dejó atrás a jóvenes mayores que él, de hasta 25 y 30 años, resultaron suficientes para trazarle la ruta, que años después sería de 42 kilómetros. Una maratón.

Pero para aquella época Elkin tenía inconvenientes al correr. Hubo varias carreras en distintas ciudades del país donde perdió la dirección por su discapacidad visual.

Entonces Juan Carlos Cardona, también atleta, de la Ceja (Antioquia), le sugirió que podía correr en la categoría paralímpica.

En efecto, Elkin certificó con resultados de exámenes médicos que su discapacidad era real, y no podía ser matriculado en competencias convencionales. “Así logré ingresar como atleta al Comité Paralímpico Colombiano, a la Federación de Limitados Visuales y en un chequeo en Cali hice la marca para participar en unos juegos parapanamericanos en Río de Janeiro (Brasil), que me abrieron la puerta a las olimpiadas (Beijing) por primera vez”.

Elkin contó con un guía en Londres: Germán Naranjo, atleta de 31 años y quien estuvo casi a la par de él en los 42 kilómetros de la maratón.

Los guías generalmente van un metro atrás del competidor y se ponen a la par para dar algunas indicaciones.

Muchos corredores, explica el medallista colombiano, tienen hasta cuatro guías para la carrera, pues a veces un solo acompañante no aguanta el ritmo del deportista. Sin embargo, como ocurre con Elkin, por cuestiones de costos también, deben apoyarse en una sola persona que tenga las mismas cualidades físicas del competidor.

Las discapacidades de los deportistas paralímpicos tienen clasificación. En el caso de Elkin, cuya lesión está descrita como baja visión severa, está en el nivel T12.

Elkin ya cumple cinco años de chequeos médicos cada año y medio. Los deportistas paralímpicos deben demostrar justamente su impedimento, pues para muchos de ellos su discapacidad puede ser corregida y participar en otras categorías.

En su caso, el daño visual es estable, se estancó. “No hay riesgo por ahora de que me empeore. Si pierdo más visión pasaré a la clasificación T11”, explica.

Ya son dos podios los que ha conseguido Elkin. Y dos cosas tiene claras. De este no se piensa bajar, sino hasta cuando su estado físico, los años y quizás cosas del destino se lo impidan. Y la segunda, que mientras llegan las siguientes olimpiadas debe culminar su bachillerato y empezar su carrera de relaciones internacionales y estudios políticos. Elkin es beneficiario de una beca de la Universidad Militar Nueva Granada.
 

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