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Colombia, ¿paciente con ‘enfermedad holandesa’?
 

La compra de dólares, cuidar el déficit fiscal, reformular inteligentemente la disposición de regalías y que haya una recuperación económica de Europa y EE. UU. harían parte, entre otras, de las circunstancias que tendrían que darse para que Colombia no padezca la llamada ‘enfermedad holandesa’.

Así lo conceptúan analistas económicos, que si bien aseguran que no se presenta tal fenómeno, reconocen sin embargo que hay “bastante peligro” de que ocurra, pues hay síntomas evidentes de esta ‘enfermedad’ que agravarían la salud económica del país.

No es la primera vez que Colombia ha experimentado los efectos negativos derivados de la  bonanza de sólo un sector productivo, que es en esencia la ‘enfermedad holandesa’. No obstante, la aguda crisis económica de otras latitudes sería determinante para Colombia, que ha confiado buena parte de su crecimiento económico en los recursos minero-energéticos, en particular del petróleo.

La ‘enfermedad holandesa’ es una definición económica conocida. Se deriva de los efectos negativos que tuvo para Holanda, después de los 60, la dependencia de sus ganancias por yacimientos de gas encontrados en el Mar del Norte –en aguas territoriales–. Holanda basó su dinámica económica en la exportación de dicho recurso. El Florín, su moneda –entonces– se revaluó frente al creciente flujo de capital proveniente del exterior, y los demás sectores de la economía se rezagaron por perder competitividad. “Si el ingreso masivo de divisas (dólares) no es compensado con una salida equivalente de divisas (dólares) por importaciones, el efecto inevitable es la revaluación”, ilustra el economista y columnista de Portafolio Gonzalo Palau Rivas.

“La revaluación les resta competitividad a los productos de exportación no originados en los recursos naturales, básicamente los producidos por la industria manufacturera y a un intangible tan importante en muchas economías como es el turismo internacional”, explica.

Ahora bien, la bonanza cafetera en la era de López Michelsen, que de hecho impuso los mismos retos que hoy existen para el gobierno Santos, así como la dinámica soportada por el narcotráfico, generaron en su momento síntomas de ‘enfermedad holandesa’.

Francisco Giraldo, Coordinador de Estudios Económicos de la Universidad Externado de Colombia, conceptúa que si bien hay síntomas de ‘enfermedad holandesa’, no quiere decir que estos estén relacionados exclusivamente con el sector minero-energético. Y afirma que es probable que lo esté con economías ilegales –en menor dimensión que en los 80, pero en todo caso vivas aún– que también pueden generar ‘enfermedad holandesa’ en regiones específicas.

Según Giraldo, hay condiciones que permiten aseverar que hay síntomas de la ‘enfermedad’: consumo suntuario, exceso de venta de finca raíz excesivamente costosa, precios exorbitantes que paga la gente en unos sectores por la tierra y el consumo de vehículos de alta gama en un país de bajos ingresos. Estas distorsiones, explica, pueden seguir siendo consecuencia de actividades ilegales en algunas zonas del país, y no sólo las derivadas de la economía primaria (explotación de petróleo, de carbón o de níquel). “Lo que ocurre –explica–,  es que estas (las economías ilegales) son geográficamente aisladas y se advierte un impacto reducido en el resto de la economía. Pero sí es causa de distorsiones de muchos precios, en particular de la finca raíz, que en el país es motor para especular y lavar activos en un tiempo relativamente prudencial”.

Claro es que las bonanzas no son en sí negativas. Lo clave es crear las condiciones y políticas que permitan que dichos recursos (derivados de los productos primarios) puedan ser aprovechados para fortalecer otros sectores de la economía. Holanda, por ejemplo, supo reaccionar en su momento ante los efectos negativos de la enfermedad. Hoy, según cifras del Banco Mundial, los Países Bajos tienen uno de los mejores registros de PIB per cápita: bordea los USD 49.730 dólares.

Expertos han argumentado que es en la desindustrialización colombiana por donde se puede estar permeando la ‘enfermedad holandesa’. Y aunque algunos hoy sostienen que el patrón del desarrollo hoy se apoya en los servicios, lo cierto es que la industria, llamada a ser uno de los motores de empleo en Colombia, ha tenido una acelerada disminución en el país.  En efecto, mientras que “en 1970 representaba el 23 por ciento del PIB, hoy contribuye al 12 por ciento”.1 Colombia está en mora de reindustrializarse pues mientras “en América Latina la industrialización llegó tarde y se fue temprano, en Asia llegó tarde y sigue fortaleciéndose”, anota el catedrático del Externado Luis Armando Blanco.



Medidas como remedio

Aunque una posible ‘enfermedad holandesa’ dependa mucho de factores externos, que no podrán ser controlados por Colombia, en particular del manejo de la crisis en Europa y EE. UU., hay por lo menos cuatro medidas que el país debe adoptar para blindarse de la mejor forma ante un ‘choque externo’.

- Colombia hace bien en comprar dólares para minimizar el impacto de un ‘choque externo’, afirma Blanco, pero insiste en que lo clave es crear políticas de incentivos al desarrollo productivo.

- En materia macroeconómica resulta trascendental cuidarse del déficit fiscal. Hay que buscar un superávit o por lo menos un equilibrio. “La reforma tributaria –independientemente de su contenido– es una muestra de que el Gobierno está pensando estratégicamente en pro de ordenar las finanzas públicas”, opina Blanco.

Al respecto, el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, acaba de emprender el trámite de la reglamentación del trámite legislativo de sostenibilidad fiscal.

- Otro punto es insistir en la formalización de la economía para aumentar la productividad, que sea una manera de reforzar la coraza del blindaje ante el posible choque externo. Las cifras indican que “los sectores formales de la economía tienen una relación 6 a 1 en productividad laboral contra los sectores informales”, agrega Blanco.

- Se debe regular con ‘atino’ el tratamiento a la inversión extranjera, especialmente en los sectores mineros, de manera que con los rendimientos que se obtienen por la extracción de recursos, se entreguen tributos o regalías importantes al país para ir gastando de manera productiva; es decir, en gasto social, infraestructura y en salud.

Actualmente, el Gobierno promueve una discusión técnica sobre la conveniencia de mayores regalías para las empresas mineras que lideran la explotación. Sin embargo, sólo aplicaría para la extracción de oro y no para el petróleo o carbón, commodities colombianos. Al respecto, el titular de la cartera de Minas, Federico Rengifo, ha señalado que “hay que andar con cautela” porque no se trata de “ahuyentar la inversión en nuevos proyectos”.
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Finalmente, la ‘explosión’ de TLC, que hoy caracterizan la política económica del país, puede ser una oportunidad para evitar la ‘enfermedad holandesa’. Se incentiva sistemáticamente la diversificación, tanto de los destinos como de los productos, cambiando la dinámica exportadora del país.

 

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1Isaza, J.F. (2012, 10 de octubre). Desindustrialización. El Espectador. Recuperado el 11 de octubre de 2012 en http://www.elespectador.com/opinion/columna-380521-desindustrializacion

2Ahumada, O. (2012, 12 de octubre). Se abre paso la idea de aumentar tarifa de regalías del oro. Portafolio, p. 7. 

 

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