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Así se afecta la competencia en los mercados

La necesidad de las empresas de destacarse y gozar de una ventaja competitiva en el mercado, que hace parte de la naturaleza que les permite crecer y consolidarse dentro de los mismos, no es impedimento sin embargo para que sean uno más de los jugadores que posibilitan el equilibrio de la economía cuando facilitan la competencia.

Las permisividades y prohibiciones alrededor de ella, así como alrededor de los actores con características de protagonistas dominantes en el mercado, formaron parte de la temática de un reciente conversatorio que reunió a empresarios de distintos sectores en la sede de la Cámara de Comercio Colombo Americana.

Presidido por José Miguel De la Calle, ex Superintendente de Industria y Comercio, y Carolina Salazar, ex asesora de la misma entidad, el conversatorio resultó ser una mirada menos jurídica y más práctica sobre el día a día que enfrentan los empresarios para cubrir la demanda o deseos de los consumidores, y al mismo tiempo ser eficientes en sus procesos de producción.

La competencia se entiende como una de las formas que en últimas hace cumplir los fines de la economía. Esto es, el protagonista que mueve el mercado, el consumidor, se beneficia a partir de un surtido de precios y un surtido de calidades de productos y servicios.

La cuestión, sin embargo, es que cuando en dicha fotografía de la economía aparece una imagen monopolística, es decir, con un solo jugador en el mercado, hay una tendencia a un menor abastecimiento –con productos más caros- que va en detrimento de beneficiar a los consumidores.

Bajo dicho contexto es que en no pocas ocasiones se produce lo que se conoce como los defectos o las distorsiones en el mercado, que hacen necesario el control por las autoridades. No obstante, destacaron los expertos, en Colombia siguen ocurriendo distorsiones que derivan en la aplicación de sanciones pecuniarias que no tienen punto de comparación con las que se fijan en otras latitudes. En cuestión de licitaciones, por ejemplo, las sanciones pueden llegar hasta los 60 mil millones de pesos.

Esas sanciones se dan por una serie de comportamientos privados que restringen la competencia. En esencia, tres son las dimensiones en las que se produce la práctica restrictiva de la competencia: acuerdos, actos unilaterales y abusos en la posición de dominio.

Para Carolina Salazar, claro es que nunca los mercados están en competencia perfecta. De hecho, podría considerarse habitual que haya empresas que en dicho mercado puedan tener una posición dominante. Lo ilegal, sin embargo, es que se abuse de esta posición.

Los acuerdos se definen como una concertación consciente para disminuir el impacto de la competencia. Los acuerdos en los precios, la repartición de los mercados y la colusión en licitaciones son las principales formas de restricción a la competencia.

Prácticas discriminatorias entre dos competidores para afectar a un tercero, ventas atadas (condicionar la venta de un producto a la venta de otro que no es complementario del primero), asignaciones de fuentes de abastecimiento para repartirse las distribución de insumos, cláusulas de exclusividad fijada por actores de posición dominante en el mercado, entre otras prácticas, hacen parte de los acuerdos que inciden en las distorsiones del mercado.

En el caso de las cláusulas, ”cuando en el mercado hay dos actores y uno de ellos está actuando a través de cláusulas de exclusividad para acaparar el mercado, es posible que incurra en una práctica restrictiva de competitividad”, explica Salazar.

Corrupción, presente

La colusión, una de las más habituales prácticas restrictivas de la competencia, se produce generalmente bajo el contexto de las licitaciones.

Además de que es una manera de corrupción, es una forma que distorsiona a terceros por el acuerdo de unos para participar en un negocio. En términos generales, se trata de pactar ilícitamente contra un tercero. Incluso desde una perspectiva económica y no moral, ”la corrupción es problemática no sólo porque ahuyenta a los mejores competidores del mercado, sino que además aumenta las probabilidades de hacer asignación errada de oferentes de productos y servicios. Y la razón de ello es que resulta un mayor incentivo a la colusión porque quien participa no se siente capaz de competir y ganarse una licitación”, explica José Miguel De la Calle.

La colusión tiene un ‘lenguaje’ y señales muy particulares en el contexto de las licitaciones, desalentando la competencia. Obtener información privilegiada, poner requisitos ‘rimbombantes’ o cambiar las reglas del juego en vísperas de una decisión para que la competencia no pueda reaccionar hacen parte de algunas de las características que ofrecen los contextos de colusión.

Las autoridades, que tienen la obligación de interrumpir y sancionar por estas distorsiones del mercado, recogen información (documentos, carteo electrónico, entre otras evidencias) para identificar claros indicios que van en sintonía con la colusiones. Algunas de esas señales que encienden las alarmas para saber cómo se deteriora la competencia y se afecta al consumidor son:

  • Paralelismo
  • Cambios abruptos de precios
  • Intercambio constante de información (mails)
  • Ausencia de jugadores obvios
  • Recurrencia de ofertantes que siempre pierden licitaciones
  • Presentación de ofertas por parte de varias empresas vinculadas o de un mismo grupo
  • Retiro repentino de ofertantes
  • Datos de notificación o contactos idénticos
  • Envío de correspondencia de diferentes ofertantes desde las mismas direcciones o IP electrónica.
  • Proformas o formatos con coincidencias extremas de oferentes y hasta con errores de redacción y las mismas faltas de ortografía.

En lo que se refiere a las posiciones dominantes, las empresas que ‘gozan’ de ella pueden eventualmente incidir en dos dimensiones: una en la que puede ser explotado el consumidor y otra en la que puede ser excluida la competencia.

En la primera, que afecta directamente a los consumidores, hay una tendencia al aumento de precios, a la disminución de la calidad de los productos e incluso a restringir los productos.
Según Carolina Salazar, los precios predatorios y la imposición de condiciones discriminatorias son los comportamientos más recurrentes de las empresas con posición dominante.
Precios predatorios. Una empresa con posición dominante en el mercado vende por debajo de sus costos y le quita consumidores a su competencia para quedar sola. En Colombia se han abierto investigaciones pero por este tema se han archivado.

Condiciones discriminatorias. Ocurre cuando en la distinción no hay una justificación racional u objetiva. Si la empresa impone condiciones diferentes sin ningún tipo de justificación esta puede estar en curso de violar la norma.