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Empresas más humanas

Desde hace varios años está cada vez más claro para los empleados, o mejor, para los colaboradores de las compañías, que el factor salarial dejó de ser lo más trascendental en el crecimiento profesional. Hoy se habla de un salario emocional.

Pero, ¿qué es exactamente lo que encierra dicho término?. De eso hablaron varios expertos, entre ellos Alejandro Melamed, Vicepresidente de Recursos Humanos de Coca Cola para la región Suramérica, durante el último Human Talent Summit organizado por América Empresarial y apoyado por el CESA.

Para Melamed, la popular área de recurso humano de las empresas debe empezar a enfocarse menos en el recurso y más en lo humano para lograr ciertas conexiones que hagan más viable a las compañías, que en últimas son las personas las que las integran.

Y mucho de ello tiene que ver con dos aspectos. El primero, la preponderancia que las empresas le dan a la marca sobre su gente, que son sus dos capitales; y el segundo, pues la responsabilidad –en todo caso- es compartida, la capacidad de los trabajadores para cerrar paréntesis de comodidad e “instalarse en una zona de ‘disconfort’ saludable que activa la creatividad y es lo que auténticamente nos permite crecer”, explicó Melamed en entrevista con el CESA.

Estrés, ¿enfermedad del siglo o epidemia?

La cuestión, dice Melamed, doctor en ciencias económicas y docente universitario, es que más allá de la industria, del género, de la edad, en cualquier organización las demandas son excesivas sobre las personas. Y esa circunstancia ejerce unos impactos psicofísicos preponderantes –el estrés es el mayor representante-, que terminan generando daños colaterales de naturaleza personal, familiar y laboral. Las cifras de entidades especializadas dan cuenta de ello.

Los costos asociados al tratamiento del estrés superan los USD 300 millones al año en los Estados Unidos. Ocho de cada diez enfermedades de los trabajadores se relacionan con el estrés. Un millón de empleados se ausentan a diario por la misma circunstancia. El 75 por ciento de las visitas de los trabajadores al médico son por el estrés, que en el mundo laboral de hoy, más que una enfermedad, es percibido como una especie de epidemia. Por si fuera poco, la realidad muestra que hay una precariedad de los puestos de trabajo. Y “quien no está preparado para que le digan de un día para otro ‘gracias por sus servicios’, sencillamente no trabaja en una empresa”, expresa Melamed.

Es en este contexto las empresas deben ser más humanas con las personas que las conforman. ¿Cómo lograrlo?. Justamente, Melamed habla del asunto en un libro que lleva como título ‘Empresas + Humanas’. Allí destaca estrategias personales y estrategias organizacionales.

Estrategias personales

La mirada interdisciplinaria sobre los desafíos es la regla y no la excepción. Con lo cual, si bien es clave especializarse -dice Melamed- “no importa lo que hayamos estudiado sino lo que hacemos”. Y es que cada intervención humana debe ser la chispa que transforme una vida y desde allí, las empresas.

Una dosis alta para no cerrar los paréntesis de comodidad, la compone la victimización en la que se suele caer para justificar el no actuar para cambiar el ‘statu quo’, al de la zona de confort. Y frente a ello la salida es querer y apostar ser protagonista como forma viable de hacer por la empresa y transformarla.

Las visiones que carecen de propositividad y proactividad crean empleados que, por esa naturaleza, sólo tienen el camino de decir sí. Y cuando siempre se dice sí, no sólo se trabaja más, sino que hay un instante en el que algo va a salir mal.  La propositividad y la proactividad ayudan a trabajar menos y a trabajar mejor por el factor de autogestión.

Es clave posicionarse como persona. Poco o nada se consigue si no se está bien consigo mismo. Más que ser exitoso, dice Alejandro Melamed, de lo que se trata es de ser una persona valiosa. “Cuando se expone esa valía, lo demás llega por añadidura”, agrega.

Por último, hay que evolucionar del perfeccionismo, a la excelencia. La cuestión es que el modelo perfeccionista tiene un impacto negativo porque “tendemos a mejorar indefinidamente un trabajo sin dedicarse a considerar lo acabado. Lo perfecto es imperfecto porque no se disfruta ni se aprovecha”.

Fomentar la excelencia, en cambio, se refiere a tres dimensiones:

  1. Excelencia actitudinal, que es lo que hace viable no sólo el querer hacer sino el aceptar los errores, reconsiderar y actuar en consecuencia.
  2. Excelencia estratégica, que hace viable el hacer las cosas de forma no convencional. Impulsa la diferencia y consecuentemente las ventajas competitivas.
  3. Transformar la excelencia en acciones, que obliga a tomar decisiones en ambientes ambiguos y de incertidumbre. Decidir basado en datos e información consistente pero hacerlo. No quedarse y esperar a que otros actúen.
     

Estrategias organizacionales

La primera de las estrategias empresariales es tener claro que la responsabilidad es hacia la gente. Esa es la auténtica RSE.

Siempre se deben fomentar los procesos de cambio integral. Cuando los líderes o directivos no cambian, nunca se pueden esperar cambios distintos. Y mucho de largo y ancho está en las acciones, pues en últimas la gente cree es en ello y no en las palabras.

Un tercer desafío es responder a los cambios poblacionales. Y frente a ello, las organizaciones deben formarse con modelos ‘inexistentes’ y no seguir enfrentando los desafíos con modelos pasados, por muy exitosos que hayan sido.

Los valores son el andamiaje para sostener los proyectos empresariales, ya que tienen arraigo y se perpetúan en el tiempo aún en los instantes más difíciles. Se respira libertad, felicidad y ética.