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Lucha frontal contra las adicciones

Una agenda temática como hoja de ruta que sirva para prevenir las adicciones es una de las actividades en las que están trabajando las directivas del CESA para el beneficio de toda su comunidad.

En efecto, desde la segunda semana de abril las directivas se reunirán para iniciar múltiples actividades tendientes a acercar a sus alumnos a la temática de la adicción y a cada una de las dimensiones donde esta se puede generar.

Y es que contrario a lo que se puede pensar, las adicciones no se limitan a temas habituales como las drogas o el consumo de licor, sino que es un espectro más amplio con otros protagonistas.

El término adicto, para explicar la adicción, proviene del vocablo romano addictus, a su vez derivado de un personaje con nombre similar, caracterizado por derrochar todo el dinero que le era prestado. Tanto Addictus como otras personas, al no poder pagar las deudas que contraían, quedaban adjudicados (adicctus) a la servidumbre convirtiéndose en esclavos de alguien.

Hoy se entiende la adicción como una enfermedad que afecta principalmente la mente, las emociones, el entorno particular y el físico, derivada de un consumo desproporcionado o desmedido.

En lo que al consumo de licor se refiere, una de las razones por las cuales este se presenta en la población universitaria es que esta, por su edad, está en una etapa de transición a la mayoría de edad en la que desaparece la frontera fijada por la sociedad. Ello hace más factible el consumo. A esto se agrega que “el ambiente de libertinaje que se vive es distinto al concepto bien entendido de la libertad”, explica Andrés Ramírez, tutor de la electiva de Felicidad en el CESA y director del programa ‘Adicciones’.

En un entorno en el que la mayoría de los adultos y jóvenes consumen licor, el gran peligro es que por su legalidad ha generado aceptación social. Dicho de otro modo, hay amplia tolerancia a que personas actúen bajo los efectos del alcohol y que sus comportamientos sean vistos de manera normal.

El tema de las drogas, de los estupefacientes, es más complejo. Según Ramírez, cerca de un 30 por ciento de menores de edad, de entre 12 y 15 años, han consumido alguna sustancia ilegal.

Paulatinamente se han venido creando sustancias con químicos para que estas sean mucho más adictivas.

El rango de edad de mayor consumo es el de la iniciación. A partir de los 16 años y hasta los 22.

Ludopatía y otras adicciones

El concepto de adicción, afirma el profesor Andrés Ramírez, no lo brinda un consumo de sustancias, sino un comportamiento. Este sí puede desarrollarse a través del consumo de sustancias u otro tipo de circunstancias que afectan la integridad o el bienestar. Ese es el caso de la bulimia, la anorexia o la ludopatía.

La ludopatía es tan sólo una de las tantas adicciones que no tiene tanto protagonismo como el consumo de licor, el de cigarrillo o de estupefacientes, pero que podría ser igual o más grave.

Por comprensión se trata de la adicción a los juegos de azar. Contrario a la anorexia y la bulimia, la ludopatía se da más frecuentemente en hombres que en mujeres.

En el caso de la ludopatía, “por cada cuatro hombres adictos al juego hay una mujer que lo es. Y por cada 10 mujeres anoréxicas o bulímicas, hay un hombre que padece alguna de estas patologías”, explica Ramírez, y agrega que, de hecho, “la población masculina es más propensa al consumo de anabólicos y otras sustancias que permiten crecer el cuerpo”.

Un capítulo aparte lo constituye la adicción al cigarrillo. Y es que al tiempo que su consumo resulta extremadamente adictivo, es concebido –en términos generales– como una droga blanda porque afecta el cuerpo pero no la psiquis. Por vía de ejemplo, una persona puede fumar varias cajas de cigarrillo al día, pero puede seguir hablando de forma coherente y normal.

Hay, sin embargo, una percepción de que hay menos adicción al cigarrillo por la afectación del entorno y la consecuente presión social.

Sobre las drogas de prescripción médica también hay adicciones de las que poco o nada se habla. Sin embargo, pueden ser igualmente dañinas.

Tanto para una como para otra adicción, reflexiona el experto, los adictos escapan de la realidad sin importar los daños causados, justamente porque no tienen control ni responsabilidad sobre la misma.

“No se trata de que el CESA trate a los alumnos, porque no es su naturaleza, sino de brindar información suficiente y adecuada al estudiantado”, concluye Andrés Ramírez, sobre el espíritu de esta labor.