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5 tendencias que están impulsando
acciones de sostenibilidad


El tema de la sostenibilidad se tomó, desde hace años, la agenda de todos los países desarrollados y los que están en vía de desarrollo empiezan a entrar en sintonía con aquellas acciones que lo permitan.

Cómo evitar una crisis alimentaria ante un inminente aumento de la población, cómo dejar de depender de los combustibles fósiles y obtener mejores fuentes de energía, cómo disminuir los efectos de catástrofes naturales, cómo lograr más eficiencia en la movilidad, entre otras preguntas, hacen parte del temario de la sostenibilidad.

Empresas públicas y privadas, trabajando tanto en conjunto como por separado, han empezado a entender que sin sostenibilidad la prosperidad económica podría ser en vano y un sofisma; y universidades en todo el mundo, con sus programas y estudios, son quizás la ‘punta de lanza’ para preparar las estrategias que lo permitan.

El cambio climático es una alerta latente, y todos los países empiezan a anunciar compromisos para ahorrar energía y reducir sus emisiones de dióxido de carbono (CO2) hasta 2020, plazo para hacer un corte de cuentas de la ‘política verde’: China habla de reducirlas hasta cerca de un 45 por ciento, Brasil, de un 38,9 por ciento, México, de 30 por ciento, etc.

En Estados Unidos aumentaron las instalaciones de paneles fotovoltaicos en un 70 por ciento el año pasado, después de haberse duplicado en los años 2010 y 2011. Las emisiones de CO2 en EE. UU. en los primeros meses del 2012 fueron las más bajas de los últimos 20 años.

Es en este contexto donde aparecen ciertas tendencias para la sostenibilidad energética.

Dan Probst, Presidente de Servicios de Energía y Sostenibilidad de la firma Jones Lang LaSalle, habla de cinco tendencias que podrían ayudar a las empresas y gobiernos a avanzar a niveles superiores en las metas que trazan. El CESA reproduce sus argumentos, aparecidos en una publicación en línea del grupo GreenBiz, que frecuentemente reúne especialistas de todo el mundo para debatir soluciones sostenibles en todos los ámbitos, incluidos los negocios.

1. Renovado interés por la resiliencia

Es quizás la más pronunciada. La resiliencia se define como la capacidad de asimilar impactos, tener resistencia y poder sobreponerse a esa situación, que usualmente es difícil, extrema y perturbadora. Según Probst, el mundo de la sostenibilidad puede tomar muchas formas. Para un ecologista, la resistencia puede ser sobre la restauración de una especie o hábitat después de una interrupción, mientras que las ciudades y las empresas son más propensas a considerar su propia capacidad para recuperarse después de una interrupción en sus recursos.

La devastación causada por el huracán Sandy el año pasado puso a las ciudades costeras a examinar su capacidad para recuperarse después de un desastre, y a las demás a revisar sobre qué podrían hacer ante severas sequías o inviernos. Las empresas cada vez más están tomando en cuenta estas cuestiones. Cuanto más tiempo y dinero se invierta en las contingencias de recuperación, más se llegará a las estrategias de valor que reduzcan al mínimo las amenazas ambientales.

2. Medición y divulgación de energía

Cada vez más ciudades se unen a entidades que trabajan por la protección ambiental y la gestión de la energía, para medir e informar sobre el rendimiento energético.

Refiere el autor que el programa Energy Star, de la Agencia de Protección Ambiental y el Departamento de Energía de EE. UU., señala que 35.000 edificios que han medido el rendimiento en tres años han reducido el consumo de energía en 7 por ciento.

Nueva York se convirtió en la primera ciudad en hacer público los datos de rendimiento en otoño, dejando al descubierto altas puntuaciones de edificios antiguos como el Empire State, muy por encima de algunas edificaciones modernas y levantadas bajo la certificación LEED. La tendencia es de algún modo ponerse al día en cuanto a transparencia.

3. Inversiones en redes inteligentes

Se trata de la instalación de redes que permitan eficiencia. Tanto para la distribución como para la medición, como es el caso de los contadores inteligentes.

Dan Probst afirma que el surgimiento de una red inteligente es tremendamente importante para un futuro de energía de alto rendimiento. El Departamento de Energía estima que los apagones cuestan unos USD 150 mil millones cada año. Por el uso de infraestructura obsoleta, los apagones pasaron de menos de 20 –hace menos de una década– a 109 en 2011 en Estados Unidos.

4. Inversiones en construcción inteligente

Muchos propietarios son reacios –dice el Presidente de Servicios de Energía de Jones Lang LaSalle– a hacer grandes inversiones para reconvertir los sistemas energéticos de sus edificios por paneles fotovoltaicos.

La oportunidad de aprovechar los edificios inteligentes ha avanzado bastante en los últimos años por la aparición de varias tendencias de la tecnología, tales como la capacidad de computación en nube para recoger y analizar millones de puntos de datos cada minuto. Aún más importante es la llegada de la tecnología que pueda traducir los datos de muchos sistemas automatizados diferentes, lo que permite a un equipo de gestión de instalaciones supervisar a distancia y en tiempo real.

Los beneficios a corto plazo de edificios inteligentes incluyen ahorros de energía de 15 a 20 por ciento y, lo más importante, la capacidad de encontrar equipos defectuosos antes de que fallen, y posiblemente causen una interrupción en las operaciones.

5. Aceptación de las energías renovables

Dan Probst conceptúa que puede ser equivocado pensar que los paneles fotovoltaicos sólo funcionan los días de sol. Como crece la tecnología inteligente en los edificios pero también la infraestructura, la energía solar puede jugar un papel más amplio. Por ejemplo, una red inteligente permite dos vías de transmisión de energía, por lo que el exceso en las instalaciones de generación de energía, tales como una instalación solar o de viento puede ser vendida a la utilidad en lugar de perder debido a la falta de opciones de almacenamiento.

Técnicas alternativas de energía distintas a la solar o la eólica, como la mareomotriz y la energía de biomasa, están ganando aceptación.


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