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Liderazgo bajo ‘el lente’ de Michael McKinley

Quienes han conversado con él o han escuchado su oratoria, saben que Michael McKinley, el Embajador de los EE. UU. en Colombia, es un hombre con gran sentido del humor.

Debe ser por esa fuerza latina que corre por sus venas. McKinley nació en Caracas (Venezuela).

Y sin embargo McKinley es una de esas personas que no se considera líder, sino que simplemente se tranquiliza con enriquecer su vida estando siempre en el podio. “No califico para ese título, pero es un honor fantástico estar siempre allí”, aclara.

Bajo esa lente es que McKinley, el mayor titular de la diplomacia estadounidense en Colombia desde hace más de un año y medio, ve el liderazgo. Con un protagonismo de hacer cuanto sea necesario para cumplir objetivos comunes.

De eso habló en la entrevista con el CESA y con varios de los estudiantes en un nuevo capítulo de Grandes Líderes.

Mckinley cree efectivamente –como muchos, dice– que el liderazgo es ejercer una influencia en los demás para cumplir determinados propósitos. Pero ello se consigue colapsando varias virtudes, acciones e ideologías. Todo se debe dar según el contexto.
Claro es para el embajador que una de las mayores ventajas para ejercer liderazgo es despojarse del miedo al fracaso. “Es complejo sin duda. Pero queda la tranquilidad de haber adquirido la experiencia y certeza de qué no podemos volver a hacer”.

Para McKinley, el liderazgo no necesariamente está relacionado con las ambiciones personales.

En efecto, más allá de considerar que todo cuanto se quiere se logra a punta de perseverancia, en todo caso indispensable –explica el diplomático–, en la vida las personas se enfrentan a contextos en los que hay diferentes formas de hacer gestión y lo clave es adaptarse. “Cuando uno entra a trabajar en un ambiente, lo que resulta clave es estar consciente de lo que el ambiente requiere para que se dé un resultado, y muchas veces tal resultado no va a la par de las ambiciones. Ser líder implica también saber lo que requiere la situación y hacerlo de la mejor manera posible”, afirma.
De esta manera, aplicando la sensatez y trabajando bajo un esquema en el que las cosas cada vez se quieran hacer mejor para un propósito, es que las oportunidades se dan paulatinamente, opina el embajador.

Bajo su perspectiva, un capítulo aparte lo constituyen las relaciones interpersonales. Los líderes tienen un carisma tal que facilita la comunicación, trascendental para inspirar.

McKinley, cuya labor la ha ejercido en cuatro continentes, desde Bolivia hasta la ‘Unión Soviética’, pasando por las naciones de Mandela y Fidel Castro, asegura que han sido los empeños personales de muchos los que han logrado auténticos cambios en sus países. “Los líderes en sí tienen que ser personas. Eso crea ambientes para hacer el trabajo y los objetivos más factibles”.

No es secreto los grandes desafíos que implica hacer gestión, tanto en el sector privado como en Gobierno. Y ser el representante de los Estados Unidos en cualquier geografía no es un asunto de marca menor. Si no se alimentan las relaciones humanas con los subordinados –afirma McKinley– se crean ambientes hostiles. Tensiones, intrigas y demás cosas que hacen que las corporaciones no funcionen. Según él, las relaciones corporativas hay que verlas en términos de la gente que trabaja CON uno y no POR uno. “Lo que pasa es que cuando creemos que estamos encargados de algo, perdemos de vista y se nos olvida que siempre hay alguien o situaciones que están encima de nosotros”.

La consideración de McKinley es que cuando no se enriquecen las relaciones “la gente que trabaja contigo no dice lo que piensa. Y un ‘líder’ que no cuenta con las contribuciones de su equipo simplemente no es líder. Va a fallar”.

Por último, el embajador enaltece el papel de la pasión y la ética. Según McKinley, en seis años de trabajo continuo impulsando diferentes tratados de libre comercio ha sentido la soledad. Pero la pasión y la visión por el trabajo, sumado a la convicción ética, le ha proporcionado nuevas formas de hacer las cosas. “Así es que muchas veces encontramos la salida en creer en lo que trabajas”, concluye.

 

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