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Lidere su salud en los viajes

Llega la Semana Santa, la primera temporada de receso del 2013, y con ella la posibilidad de muchos para viajar a cualquier destino nacional o internacional.

Mucha literatura se ha escrito en relación con los preparativos de los viajes, y el cuidado de la salud en ellos no es la excepción. Sin embargo, cuidar de la salud durante un viaje va más allá de la preparación de un botiquín mínimo para enfrentar cualquier contingencia.

¿Cómo liderar el tema de la salud en esta temporada y saber cómo enfrentar situaciones que amenacen el bienestar de una persona enferma o convaleciente?

A esta pregunta responde Guillermo Acuña, quien ofrece en su texto ‘La Salud y el viajero’ (Santiago, Ch. 2002) unos tips sensacionales sobre aquellos asuntos clave a tener en cuenta, en materia de médica y de salud, a la hora de realizar un viaje.

Y es que Acuña toma en cuenta no sólo la prolongación de los viajes, sino también las características de ciertas geografías que no son ajenas para los auténticos amantes del turismo y de experimentar cosas nuevas.

Guillermo Acuña se desempeñó como docente de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica de Chile, infectólogo de la Clínica las Condes y como Director del Centro del Viajero del mismo centro asistencial en Santiago.

El CESA reproduce los más interesante aportes de Acuña sobre el botiquín del viajero, consejos para viajar en avión, unas recomendaciones clave y las 25 frases más útiles en siete idiomas para solicitar ayuda en un viaje internacional.

El botiquín

Cuando se viaja en grupo, lo recomendable es que una persona asuma el liderazgo para preparar un bolso especial con los medicamentos y el material de cuidado de la salud.

En el caso de los diabéticos, se deben llevar las jeringas adecuadas, los sistemas de medición de glicemia y glucosuria, y lo más importante: los certificados que avalan la utilización de dichos medicamentos y utensilios, porque en muchos países pueden tener acceso restringido.

Los elementos básicos son: termómetro, tijeras pequeñas, curas, pinzas, seda dental y gasa estéril. También loperamida (antidiarreico), loratadina (antialérgico), analgésico, paracetamol (analgésico), nisulamida (antiinflamatorio), hidróxido de aluminio (antiácido), difenidol (antimareos) y antibióticos y antimaláricos, que se prescriben bajo indicación médica.

Entre las recomendaciones clave mencionadas por el doctor Acuña, también están el uso de bloqueadores solares en caso de que el turista vaya a estar expuesto al sol.

Muchos turistas son amantes del deporte y el ejercicio. Si acostumbran a trotar –explica el infectólogo– resulta trascendental verificar la seguridad de la zona para cuidarse de la presencia de perros vagabundos. Pueden ser portadores de rabia. No es recomendable salir a trotar sin previamente haber sido aconsejado por algún lugareño.

Si se va a un hotel, es necesario usar sandalias en la ducha para evitar infecciones por hongos. Y si se trata de un viaje prolongado es imperativo visitar al odontólogo antes de partir.

Guillermo Acuña describe unas condiciones especiales que se relacionan con la condición de ciertos viajeros.

En efecto, cuando se trata de personas recientemente operadas de tórax, no se debe volar por un período de al menos tres semanas poscirugía torácica. Y la razón es que el gas se expande en las cavidades del cuerpo durante el vuelo. Cualquier persona que tenga un quiste pulmonar debe considerar no viajar en avión.

Aquellos portadores de colostomía deben llevar una bolsa más grande al viajar, debido a la expansión de gas que se produce durante el ascenso.

Una persona que haya sufrido un accidente cerebro vascular debe esperar al menos dos semanas antes de viajar y considerar la necesidad de solicitar oxígeno suplementario.


Después del retorno

Algunas enfermedades pueden emerger semanas e incluso meses después del retorno al lugar de residencia permanente. Explica el doctor Acuña que eso ocurre, por ejemplo, con la hepatitis B, cuyos síntomas aparecen habitualmente 3 ó 4 meses después de la infección.

Hay que mantener siempre presente ese margen de tiempo, especialmente en los casos de enfermedades intestinales. Para el médico es de vital importancia que el turista informe con precisión el lugar donde estuvo, qué hizo, cuánto tiempo permaneció en la zona, qué comió y qué bebió, así como si recuerda haber sido mordido o picado por algún animal o insecto.