Una huella que define la empresa
 

Una huella que define la empresa

Andrés Sánchez F.
Profesor
Centro DIGA - CESA


Las empresas e instituciones piensan, casi sin excepción, en una misión que las defina. La misión es como una huella digital, debe tener características únicas. No es casual, entonces, que escribir una misión se convierta en uno de los procesos más difíciles para una empresa o una institución. No obstante, las misiones hoy en día son confusas: están escritas para un público muy específico o se reducen a una frase imprecisa.

Una misión da un vistazo al cuerpo de una empresa y sugiere su identidad, la cual cohesiona y atraviesa cada elemento del organigrama. Ese carácter transversal permite que la misión sea un componente fundamental de las evaluaciones de calidad. Además, han cobrado aún más importancia en la última década, debido a las sonoras crisis de una gran cantidad de empresas.

Su relevancia obliga a preguntarse para quién va dirigida la misión. ¿Para imprimirse en los informes de gestión y ser puesta en un rincón de las páginas Web? ¿Para que cada uno de los componentes de la empresa la viva en su trabajo? Una misión debe ser clara para todos los que van a leerla y a vivirla. Una misión, al unificar a cada componente de la empresa bajo una identidad, debe identificar a cada uno de esos grupos. Por lo tanto, debe escribirse pensando en una gran cantidad de lectores, pertenecientes a públicos de niveles educativos y de lectura disímiles.

En el mundo contemporáneo, se debería pensar en que esa información resulta determinante para pensar la empresa hoy y hacia el futuro. Sin embargo, la situación actual de las misiones respecto a su lectura no es muy favorable. Investigaciones en grandes empresas globales revelan que la gran mayoría de sus misiones son difíciles de comprender y pensadas no para el diverso público que compone la empresa, sino para los mismos que escriben las misiones. Esta situación resulta perjudicial, teniendo en cuenta los destinatarios de la misión: tanto los componentes de la empresa (directivos, accionistas, empleados) como el público en general, en especial los potenciales clientes.


Construir la huella


¿Cuáles son los componentes de la huella que quiere dejar la misión en el lector? Más que componentes (Pearce y David, 1987), hay que identificar características propias del negocio. Es necesario pensar, primero, en el destinatario de la misión, aquel a quien quiere hablarle la empresa. Además de ese público, se debe pensar en qué se va a ofrecer: un producto, un servicio, un concepto que surge gracias a un método, una tecnología, una operación.

La empresa, además, tiene unas metas que busca alcanzar, bien sea en crecimiento, rentabilidad o su misma supervivencia, metas que se plasman en una visión. Estas metas están conectadas a una de las bases de la misión: pensar en los valores y la filosofía que tiene la empresa. Estas características conllevan unas fortalezas (ventaja competitiva) con respecto a los competidores que juegan en su misma cancha. Por último, pero no menos importante, se debe pensar en la imagen de la empresa hacia la sociedad y el mundo: devolver un poco de lo ganado en aras de contribuir a un desarrollo global.

Reconocer las características esenciales de la empresa es bastante útil para empezar a redactar una misión. Después, la escritura debe priorizar lo esencial pensando en un público amplio, tanto dentro como fuera de la empresa. Para ello, se debe buscar que la misión se construya con oraciones concisas que, más que enumerar puntos específicos, estén compuestas por palabras clave que engloben las características pensadas previamente. Es necesario, además, que esta misión evite el uso de gerundios (formas no personales de los verbos, terminadas en –ando, –endo y –yendo) como forma de encadenar ideas que deberían estar en oraciones separadas. La importancia de la puntuación, entonces, no es poca. Permite organizar el texto: una oración, una idea.

Al pensar la misión como oraciones precisas, esta puede ser leída por un público amplio y comunicar la esencia de la empresa. Se vuelve una misión efectiva: un texto corto que deja huella en el lector.

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Referencias

Pearce, J.A. II y David, F.R. (1987). Corporate Mission Statements: The Bottom Line. The Academy of Management Executive (1987-1989), 1, 2, p. 109-115.