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Una nota histórica sobre colonialismo y bienestar

Por: Juan Felipe Parra, profesor e investigador asociado del CESA.

Uno de los historiadores más importantes de Colombia fue Germán Colmenares, quien abordó la historia de la sociedad colombiana desde una perspectiva claramente influenciada por la Escuela de los Annales. Este historiador, con formación en Derecho y Filosofía, despliega durante su carrera un método renovador que, junto a otros autores, da pie al surgimiento de la Nueva Historia de Colombia. Al respecto, José Eduardo Rueda Enciso ilustra lo anterior con la siguiente afirmación sobre los cambios producidos por este autor:

“Antes de Colmenares, la colonia era una época de disputas cortesanas entre virreyes y arzobispos, además de conflictos burocráticos en audiencias y cabildos; después de él, se convirtió en tiempo de minas y esclavos, de trabajadores indígenas, de hacendados y comerciantes, de delitos y violencias”.

En el texto de Colmenares (1999) “Popayán, una sociedad esclavista 1680-1800”, se observa que durante la época de la colonia la principal actividad económica fue la minería. En general, las colonias del continente americano sirvieron para financiar las monarquías europeas, fenómeno que se evidenció con los contrastes a uno y otro lado del Atlántico. Mientras en Europa se experimentaba crecimiento económico, desarrollo y bienestar, en Hispanoamérica, producto de la explotación y el esclavismo, se vivía una debacle en la que falleció el 50% de la población aborigen.

Adicionalmente, las características de los metales exportados por las colonias, en cuanto a durabilidad y facilidades de fragmentación, les permitió a los países europeos acuñar la moneda. Con esto se solucionó la escasez de circulante que obstaculizaba el intercambio de mercancías. Así, gracias a la mayor disposición de medios de cambio, se promovió el comercio y el crecimiento económico. Todo esto llevó a Adam Smith a plantear un discurso en el que se consideró que la fuente de riqueza de las naciones no era la industrialización sino el intercambio comercial.

De esta manera, el liberalismo económico impulsado por la obra de Smith y asociado con la doctrina económica de libre mercado, despolitizó la economía al desestimar los antecedentes históricos y plantear la pobreza como el resultado de trabas al libre comercio. En esta nueva doctrina económica se minimizó el papel del Estado, pues su intervención se consideró perjudicial en la economía, se promovió el libre comercio como la panacea y se recomendaron políticas económicas contrarias a las aplicadas en las grandes potencias, las cuales permitieron la construcción de estados de bienestar, los mismos que no han sido posibles en esta región.

Todo esto lleva a la reflexión planteada hace varias décadas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe –CEPAL–, con respecto al modelo centro-periferia en el que se reconoce la diferencia entre países debido a los diferentes puntos de partida de las naciones, lo que tiene implicaciones sobre el comercio internacional. Así se considera relevante la inclusión de aspectos históricos que explican lo inequitativo de ciertas negociaciones comerciales y las dificultades que experimentan los países que se encuentran en desventaja.

En síntesis, la minería y la esclavitud marcaron la época colonial, en la cual, la provisión de metales logró resolver las dificultades asociadas con la escasez de circulante en la Europa mercantilista. Así se promovió el intercambio y el crecimiento económico que le permitió a las potencias europeas entrar en la era capitalista bajo unas condiciones muy diferentes a las exhibidas por los países latinoamericanos. De ahí la necesidad e importancia de considerar las asimetrías que se pueden generar al momento de promover el libre comercio. El mismo que se vendió con la idea de promover el crecimiento y desarrollo económicos, pero que aún no ha permitido el establecimiento de un estado de bienestar aceptable en Latinoamérica.