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¿Pagar más impuestos nos hace más felices?

Por Gonzalo Sanín Posada


En un mundo tan desigual como el que nos ha tocado vivir, no debe sorprender a nadie la avalancha de dramáticos llamados de los más acatados analistas económicos y políticos a la búsqueda de mecanismos que velen por una mayor equidad social y económica.

El más reciente lo hizo el pensador Michael Sandel, profesor de Filosofía Política de Harvard y autor de muy  reconocidas obras  en ese campo, como “Justicia” y “Lo que el dinero no puede comprar”, cuando visitó  Bogotá por invitación del CESA en el marco de la celebración de sus 40 años. En su reportaje a la revista del CESA anotó que “una sociedad justa tiene que prestar más seria atención a la igualdad o desigualdad porque existe una brecha excesiva entre ricos y pobres, aparte de que es injusta con estos, puede causar daño a la cohesión social y puede dificultarle a los ciudadanos verse a sí mismos comprometidos en una vida mutuamente compartida, lo que es muy importante para la sociedad”.

Vea la entrevista completa aquí.


La desigualdad e inequidad son rampantes

Días antes, el presidente Santos se ufanaba de los avances de su gobierno en la disminución de la pobreza y de la miseria, uniendo su voz al clamor de tantos economistas que resaltan como nuestra peor lacra social la de la desigualdad económica, medida por el coeficiente de Gini, en un patético 55,9 % que nos coloca dentro de los países más atrasados del mundo por este aspecto en la posición 148 sobre 160 países tomados en la muestra, tan solo superados en la región por Honduras, Haití y Bolivia.

También en ámbitos más amplios resuenan denuncias de esta inaceptable situación en el mundo entero. La más citada es la del profesor Thomas Piketty, en su obra “El Capital en el siglo XXI” donde aporta abundante evidencia estadística sobre la acumulación creciente de la riqueza en el último siglo. Para subsanarlo, propone que se les impongan tributos hasta por un 80% a sus rentas, lo que a su juicio evitaría que los ricos se hagan cada vez más ricos y así poder reversar patéticas  situaciones en que poco más del 1% de las personas posean casi el 99% de la riqueza.

Francia, su país natal, ha intentado hacerlo, si bien hasta el momento sin éxito pero se advierte una marcada tendencia global a incrementar los niveles de tributación en busca de una mayor equidad social. Chile, a modo de ejemplo, acaba de abandonar la tasa reducida de impuestos que aplicaba desde los años ochenta para las utilidades no distribuidas de las empresas.


La política tributaria es la herramienta contundente de justicia distributiva

Claramente a la hora de pasar de los análisis y diagnósticos a las soluciones, inevitablemente se llega a la política tributaria como la herramienta de efecto más inmediato y con mayor facilidad de ejecución. Incluso quienes se supondrían ajenos al debate como Warren Buffet, uno de los más poderosos empresarios del mundo, se suman a las denuncias de inequidad que prevalecen por doquier. Se hizo célebre su declaración a la prensa acerca de lo que le cuesta aceptar que su secretaria pague una mayor proporción de sus ingresos que él mismo.

Jesse Norman, tal vez el asesor ideológico más cercano al Primer Ministro Británico, en su obra “La Gran Sociedad” 1 nos recuerda la idea central del profesor de LSE, Richard Layard contenida en su obra “Happiness: lessons from a new science”: si es cierta la idea de la sabiduría popular de que la felicidad es más importante que la riqueza, las propuestas políticas deberían ser evaluadas por su contribución a la felicidad colectiva, puesto que el objetivo de toda política pública debería ser maximizar la felicidad.

En su análisis, alude a la “carrera de ratas”; que todos trabajamos más duro para acumular ingresos en búsqueda de status, con lo que “la ganancia relativa de uno es la pérdida relativa del otro, por lo que no hay beneficio social neto alguno.” Por el contrario, en uno de sus planteamientos que han sido interpretados como una genuina defensa moral para la imposición de elevadas tasas de impuestos, sostiene que “la mayor igualdad de ingresos genera una mayor felicidad neta, puesto que la redistribución de la riqueza entrega felicidad al que recibe, a un bajo costo para la persona de buena situación que paga más.”


Lecciones para la Reforma Tributaria en ciernes

Cabe preguntarnos lo que podemos extractar de estas autorizadas opiniones, de cara al corriente debate suscitado por la necesidad de acopiar nuevos recursos para sufragar no solamente el creciente déficit fiscal sino los gigantescos gastos que se anticipan para la eventual situación del post-conflicto.

Si bien es ampliamente aceptada la necesidad de aumentar sustancialmente los recaudos tributarios, se ha criticado el proyecto oficial por su carácter alcabalero, pues  inevitablemente no deja aspecto tributario sin ser radicalizado, como el mantenimiento del impuesto a las transacciones financieras o el incremento del IVA. Estas medidas  impactan en especial a la clase media mientras que a los económicamente más capaces apenas se les afecta con la continuidad del impuesto al patrimonio al tiempo en que se les garantiza que lo más relevante en materia fiscal -sus ganancias por dividendos- seguirán siendo exentas de toda tributación y que -por si fuera poco-  podrán seguir sustrayendo sus inversiones en acciones de la base del impuesto de patrimonio.


Llegó la hora de gravar los dividendos

Con el argumento de proteger la confianza de los inversionistas- en especial de los extranjeros- se insiste en la importancia de evitar una doble tributación. Expertos en la materia afirman que esta es una falacia, pues más allá de tratarse de una doble imposición sobre la misma renta, se trata de la separación en dos tramos de una adecuada contribución social 2. La básica que se aplica a las empresas corresponde a un mínimo aporte que recae sobre todos los accionistas por igual, independientemente de su capacidad financiera y una complementaria que se debe aplicar dentro de la concepción esencial de progresividad que demanda la justicia distributiva.

En efecto, una tasa uniforme a las sociedades trata por igual a ricos y a pobres, dejando de lado tan fundamental principio. Lo justo y razonable es agregar un segundo nivel de impuesto a quienes perciban ingresos elevados y mantener una tasa baja o no imponerla para quienes reciben rentas modestas. De esta manera, podrían acopiarse grandes recursos que atenuarían las aludidas nuevas cargas sobre las clases menos favorecidas.

En su reciente artículo, Salomón Kalmanovitz, uno de nuestros más renombrados economistas nos aporta estos datos ilustrativos: “en Estados Unidos se cobra un 39,6% a los propietarios, mientras las empresas pagan el 33%. En los países de la OECD, club al que aspiramos entrar, se paga en promedio 24% por los dividendos y 19% sobre la renta de las empresas” 3.

Y a propósito de la necesaria congruencia y credibilidad del primer mandatario en materia de tanta trascendencia, en este debate queda flotando en el ambiente una pregunta lanzada en un reciente artículo publicado en Portafolio: “¿Por qué será que el Gobierno le tiene tanto miedo a cobrarle impuestos a los individuos verdaderamente ricos y no a la viuda o al pensionado que vive en su apartamento de 750 millones de pesos?” 4.

Si de veras se quiere hacer más feliz a la sociedad, debemos aceptar que un factor importante radica en el logro de una mayor equidad, apoyada en buena medida con más altos impuestos a los grandes sujetos económicos y no tanto con aquellos que recaen sobre las personas económicamente más vulnerables.



Gonzalo Sanín Posada
Septiembre 22 de 2014



1 The Big Society, publicada en 2010 y  traducida recientemente en Chile por   Pablo Ortúzar para el Instituto de Estudios de la Sociedad(IES). Norman es un dirigente conservador y asesor muy cercano a David Cameron. En esta obra que pretende confrontar con La Tercera  Vía de Tony Blair, sostiene que el conflicto no es entre estado y mercado sino entre aquel y la sociedad,  entendida como una espesa red de instituciones que se interponen entre el individuo y el poder central.

2 Para quienes tengan interés en conocer opiniones recientes sobre este eventual impuesto sugerimos:

La Silla Vacía-¿Soy capaz de… escribir algo nuevo sobre la reforma tributaria? Por: Blogoeconomía, 2014-09-16 .Por David Bardey -La Silla Vacía: Marcela Eslava y Marcela Melendez: Mejor gravar los dividendos que subir impuesto al patrimonio.Por: Blogoeconomia- 2014-09-12 La Silla Vacía-LeopoldoFergusson: http://lasillavacia.com/elblogueo/blog/hoy-no-fio-manana-si- Marc Hofstetter Gascón- Impuestos a los dividendos
http://www.larepublica.co/impuestos-los-dividendos_166731- 09/11/2014
María Isabel Rueda: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/el-hueco-de-125-billones/145... El hueco de 12,5 billones
14 de septiembre de 2014
-Guillermo Perry – Mermelada y Reforma Tributaria El Tiempo- 21 de septiembre 2014 p. 7

3 Salomón Kalmanovitz- http://www.elespectador.com/opinion/el-impuesto-los-dividendos-columna-516662-

4 Cecilia López Montaño, “La muerte y los impuestos: inevitables-Portafolio, 17 de septiembre  de 2014, página 29.