CESA
 
 
 

Lenguaje formal académico: la enseñanza de otro idioma

Por: Lina Calle Arango, Profesora investigadora del CESA.
 

Uno de los grandes vacíos que pueden identificarse entre nuevos profesionales egresados de carreras como Administración de Empresas es su incapacidad para reconocer entre la utilización del lenguaje formal y el informal. Por supuesto, conocen ciertas directrices básicas, y muchas veces saben actuar en estos contextos utilizando un lenguaje ecléctico, pero no pueden ir mucho más allá. Producciones al parecer tan sencillas como la emisión de una carta formal o un acta encabezan la lista de situaciones lingüísticas cuyas capacidades para realizarlas son comúnmente obviadas.

Rafael Echeverría (2002), en su libro Ontología del lenguaje, plantea que una de las formas de conexión entre acción y lenguaje puede presentarse mediante una reconstrucción lingüística de las prácticas sociales: “Al hacerlo, tratamos cada práctica social como si se tratara de un juego con determinados objetivos y reglas que lo especifican. Podemos, por lo tanto, decir que las prácticas sociales permiten ser tratadas como juegos del lenguaje” (p. 221). A partir de ello, podría considerarse que las situaciones sociales a las que nos referimos hacen alusión, justamente, a aquellas que, en términos laborales, habrán de enfrentar los futuros egresados de educación terciaria; para ser específicos, de los administradores de empresas. Que los estudiantes comprendan e interioricen las normas de este juego en cuestión es la labor de los docentes.

Se podría refutar que el aprendizaje sobre la vida laboral se da, justamente, dentro de la vida laboral, bajo la dinámica ensayo-error. No es del todo mentira. Sin embargo, en este caso se parte de la premisa de que la formación educativa de un profesional competente incluye –y quizá en parte se mide– por qué tan preparado queda para enfrentar estas situaciones tras la universidad. Más adelante, y muy a propósito de lo señalado, Echeverría añade:

Las reglas estratégicas no forman parte de las declaraciones constitutivas de un juego. Ello significa que el juego o la práctica social que estamos reconstruyendo, puede jugarse prescindiendo de ellas. La importancia que ellas poseen guarda relación con el hecho de que nos permiten jugar mejor y, por lo tanto, nos ayudan a ser más efectivos para alcanzar el objetivo que persigue una determinada práctica social. (2002, p. 225)

La formación universitaria, por tanto, ha de buscar la forma en que sus alumnos, tras culminar sus estudios, puedan enfrentar el juego de la mejor manera posible.

El lenguaje académico formal, además de ser construido –y, por tanto, requerir de práctica–, no solo consiste en una serie de normas gramaticales, códigos y vocabulario mejor vistos que otros dentro de una sociedad o situación específica. Esto, por supuesto, es verdad. Sin embargo, el talento de hacer un buen uso de este tipo de lenguaje no radica únicamente en saber, en términos de mera codificación, qué vocabulario utilizar y en qué orden; se trata de conocer y dominar las reglas estratégicas de la situación específica a las que Echeverría hace referencia.

¿Cómo afrontar esta situación de cara a la estructuración del currículo? Se parte de la premisa de que es tarea de los docentes que los estudiantes aprendan a hablar el mismo lenguaje de quienes comparten su profesión; prepararlos para una cultura particular (Carlino, 2005). En este orden de ideas, los estudiantes que entran a la formación superior, y en el caso particular al campo de la Administración de Empresas, han de ser tratados, de cierta forma, como extranjeros: deben enfrentarse a una utilización de lenguaje que les es desconocida. Más allá de las normas ortográficas y gramaticales, entonces, se hace necesario generar un conocimiento pragmático de los niveles del lenguaje y los códigos que se adaptan a cada situación particular, en términos de la función comunicativa de la lengua.

Es evidente, por tanto, que no basta con que un empresario capaz y exitoso tenga buenas ideas e intenciones si éstas no logran transmitirse de manera adecuada y acertada. Gran parte del éxito logrado por una persona de negocios radica en su capacidad de persuasión; de vender, de venderse y de tener un acertado manejo de situaciones.



Carlino, P. (2005). Escribir, leer y aprender en la universidad. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Buenos Aires S.A.

Echeverría, R. (2002). Ontología del lenguaje. (Sexta edición) Santiago de Chile: Dolmen ediciones.