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  Vea la entrevista hecha a Jorge Enrique Hoyos aquí:


 

Copelia: Una lección de emprendimiento panelita por panelita

“Satisfacción”. Con esa palabra es que el empresario Jorge Enrique Hoyos, fundador de alimentos Copelia, califica lo que significa que hoy no exista un cuarentón en Colombia que no haya saboreado una panelita Copelia en sus años de infancia, esas mismas que eran compradas al viejo tendero del barrio que llevaba en un cuaderno Norma las cuentas de lo fiado a los vecinos de la cuadra.

Era la época de quedarse con las vueltas del desayuno, con unas monedas tras el mandado, para deleitarse con esa masa dulce con coco rayado incrustado, que venía en el empaque de la niña del gorro blanco con un corazón rojo. Así se empezaba a consolidar esta compañía que ya cuenta con 30 años en el mercado, y cuya historia se empezó a escribir en una cafetería con ese nombre en el sector de las Américas, en Medellín.

Jorge Enrique Cano, criado bajo la rigurosa disciplina de su padre en Santa Rosa de Osos (Antioquia), vio en aquella cafetería una oportunidad para poder pagarse sus estudios universitarios y la posibilidad de costearse los semestres por cuenta propia, dado que su papá soñaba con verlo en pleno quirófano y quizás en una cirugía vascular, pero él quería ser físico puro.

“Vamos a hacer las mejores panelitas”

Tras comprarle la cafetería a una señora y a su nieta, Jorge Cano y uno de sus hermanos advirtieron tempranamente que aquellas panelitas eran el gran producto del negocio. “Se vendían 700 al día”. Así, y con la presión económica de la universidad a cuestas, Cano Hoyos cambió los manuales de óptica y electromagnetismo por las texturas y sabores de los dulces, confetis y embelesos muy propios de las abuelas. Jorge Cano dividió la cafetería y la producción de panelitas. “Como empresario uno debe ser siempre de focos, porque facilita la concentración tanto de recursos físicos como de recursos humanos”, señala.

“¡Uy!, ¿cuánto es que valen?”, fueron las palabras del primer cliente distribuidor que las probó en 1984, año en que empezó esta dulce aventura que se ha extendido no solo a las principales ciudades del país, sino que también está deleitando paladares en otras latitudes como Estados Unidos, República Dominicana, Venezuela, entre otros países. Panelita por panelita, y con otros productos como leche condensada, cocadas, bocadillo y conchitas, ha sido contada esta lección de emprendimiento, en un nuevo capítulo de ‘Grandes Líderes’ del CESA.