Los centros de apoyo en la pedagogía actual

Por Lina Calle, profesora investigadora del CESA - Escuela de Negocios.

La Escuela Tradicional planteaba una estructura vertical docente-estudiante. El primero era la autoridad, el protagonista de la escena pedagógica que entraba a transmitir sus profundos conocimientos a manera de cátedra. Por el contrario, el papel del estudiante se limitaba a uno pasivo, de receptor de información, sumiso y sin responsabilidades. Con el tiempo, tal verticalidad va mutando hacia la horizontalidad.

A las primeras décadas del siglo pasado, con el surgimiento de la Escuela Nueva y los métodos heteroestucturantes, les debemos el haber replanteado tales roles, y con ello la alteración de la estructura completa. Para comenzar, se reconoció al estudiante como sujeto activo, autónomo y capaz de proceder y reflexionar independientemente, y así pasó a ocupar el centro de la pedagogía. Más adelante, se dimensionó la importancia de tener en cuenta sus necesidades propias, y se reconoció que este debía ser valorado como individual. Fue así como poco a poco la dinámica de mostrar lo que se debe hacer y se debe pensar para poder hacer parte de la sociedad fue reemplazada por una noción de educación que potencia al aprendiz como sujeto independiente, con necesidades, motivaciones, intereses y experiencias específicas; y, por tanto, con estilos de aprendizaje distintos.

Finalmente, entre los setentas y ochentas, con la crisis del Método se posiciona lo que hoy conocemos como autonomía del aprendizaje, y que desde entonces constituye el eje central de la educación. El estudiante, en medio de su individualidad, ha de ser enteramente responsable de sus procesos de aprendizaje; será él quien tome y asuma el control de su formación. Este giro radical en la forma de percibir al estudiante dentro de la dinámica educativa conllevaría, como se mencionó, a un cambio en el rol del profesor, que pasó a jugar un papel de facilitador o guía que apoya a sus aprendices en el camino hacia el descubrimiento sobre sus maneras de aprender.

Dentro de este panorama, que el estudiante desarrolle la conciencia sobre la necesidad de evaluarse constantemente a sí mismo desde una perspectiva crítica, y reflexione sobre su proceso, avances y debilidades, garantiza el éxito en términos de autonomía del aprendizaje. Pero la identificación de los resultados de tal autoevaluación debe venir acompañada por una intención –y su posterior acción– por avanzar y hallar una mejoría.

Es ahí donde entra en juego la importancia de los centros de apoyo en las instituciones educativas. Se considera actualmente que los estudiantes ingresan a los programas de educación superior sin haber desarrollado cabalmente ciertas habilidades que se consideran fundamentales en la formación profesional; de hecho, se asume en algunas instituciones que fortalecer estas habilidades es parte de su responsabilidad, y que deben ofrecérsele a los estudiantes diferentes alternativas para lograrlo.

Dentro de estas alternativas cobra relevancia un área que apoye las habilidades comunicativas, en tanto que el lenguaje se consolida como la herramienta mediante la cual se transfiere y adquiere el conocimiento. Es decir, se consolida como herramienta transversal de todas las asignaturas; si el estudiante no es capaz de comunicarse, no podrá desempeñarse adecuadamente en ningún área.

Por supuesto, este apoyo ha de ser, como se mencionó, comunicativo y no estrictamente lingüístico. Una oficina de corrección de trabajos no aportará nada a los procesos de formación de los estudiantes; estos necesitan ser ejercitados en el uso del lenguaje bajo contextos y desarrollar, dentro de su autonomía, el criterio suficiente para realizar una evaluación de su proceso y buscar orientación en lo que necesite.

En la actualidad el docente debe estar disponible para los estudiantes, de manera que pueda atender y apoyar procesos tan disímiles y variados más allá del aula de clase, única manera que tiene la institución académica para asegurar a sus estudiantes la atención a sus necesidades en su papel como responsables de su propia formación. Que los estudiantes ejerciten y perfeccionen sus habilidades comunicativas garantiza un mayor éxito en su desempeño general y transdisciplinar.

Por Lina Calle, Profesora investigadora del CESA - Escuela de Negocios.