CESA
 
 
 

Las mujeres que le pusieron el ‘Cascabel’ al gato
 

Si el gato son las ansias incontenibles del emprendimiento, la disciplina, la curiosidad y el esfuerzo coordinado, son la esencia del Cascabel. Esa es la mayor de las lecciones para Cristina Merchán y Yamile Pérez, que un día entre todos los días, o mejor, un lunes entre todos los días, le dieron vida a ‘Cascabel’, la reconocida repostería que desde hace 22 años está deleitando los paladares de los colombianos, y dejándoles a cada uno de ellos un surtido de recipientes metálicos para decorar su hogar.

Y es que cuando la cigüeña visitó a estas dos empresarias en los años 90, y cualquier empleo las hacía hipotecar tanto tiempo como para no poder prestar la atención necesaria a sus hijos, la constancia de trabajar medio día, pero de reunirse todos los lunes para debatir sobre oportunidades de negocio de acuerdo a lo que veían durante la semana, fue determinante para darle vida a un producto que se distingue desde hace más de dos décadas. Un ponqué preparado entre las dos, basado en una receta típica inglesa que, como un gato curioso al escuchar el cascabel, auscultaron en un libro de cocina, fue el siguiente paso para empezar a ‘cocinar’ el negocio. “Los ingredientes casi que salían del mercado de nuestras casas y le apostábamos a la economía: a las ciruelas, por ejemplo, les quitábamos las pepas nosotras mismas”, recuerda Cristina Merchán, promoción 1982 del CESA.

Tras haber ubicado a un vendedor de tarros de hojalata que tenía a disposición un remanente de producto, Cristina Merchán y Yamile Pérez, cocinando día y noche, lograron vender 500 ponqués cada una. Así, no sólo se dieron cuenta que podían crecer, sino que además podían distinguirse con el empaque y decidieron importar. “Después de faxear como a 20 empresas de afuera, porque no había correo electrónico -aclara Cristina-, sólo una, por allá de Taiwán, nos contestó. Fueron 20 mil las que nos tocó adquirir. A pesar de la cantidad, nos arriesgamos. Manejamos 10 mil al principio, y las otras 10 mil las usamos para fechas especiales y lo logramos. Sin haber bautizado el negocio aún, descubrimos la necesidad y trascendencia de un punto de venta.”

Como miles de historias de emprendimiento, en las que las claves están en el sentido común y la espontaneidad, quien les colaboraba a las empresarias en la realización de avisos las saludó: “¿y qué cuentan las cascabel?”. Lo dijo porque los tarros tenían un moño cuyos extremos eran unos pequeños sonajeros. Tres años transcurrieron para que “les sonara la flauta” a las empresarias para ese nombre con recordación.

Cascabel, subrayan sus fundadoras, no ha sido algo distinto a un sinónimo de pasión. Es el producto de un reto que sólo podía conseguirse a través de la disciplina. “Nunca le apostamos a dejar algo a medias. Hemos luchado con la consigna de que cualquier cosa que nos proponíamos teníamos que lograrla. Para obtener resultados nos hemos creído el cuento de que a pesar de las dificultades, no hay nada que nos pueda vencer”, expresa Cristina.

Tras dos décadas de funcionamiento, “Cascabel” tiene 40 puntos de venta, tres de los cuales funcionan en la ciudad de Medellín, y el resto en Bogotá; con tres puntos de producción, convirtiéndose en una empresa que ha generado empleo a 250 personas en el país.