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Desarrollo turístico y vinícola en Kumeu (Nueva Zelanda) con el sello del CESA

La identificación de un modelo para potenciar múltiples sectores de la economía en Kumeu- Huapai, West Auckland, Nueva Zelanda, a partir de una ‘lectura’ completa de la industria vinícola y sus oportunidades, pero además, las pistas sobre qué hacer para subir al siguiente escalón de desarrollo, tienen la impronta del CESA.

El sello es el de Andrés Felipe Sánchez, egresado del Colegio de Estudios Superiores de Administración, un bogotano que un día de 2005 decidió partir hacia el otro lado del mundo en las inmediaciones del Pacífico Sur para afinar su idioma y hacer una maestría en negocios, pero cuyas investigaciones en torno a la enología de este país se convirtieron en un referente económico, y de gran valor para el desarrollo del turismo neozelandés.

En efecto, en su trabajo de tesis, que versa sobre el vino y las operaciones esenciales de la región de Kumeu para hacerla vinícola y con oportunidades reales de crecimiento, se consigna en qué estatus económico está la zona dentro del modelo, pero sobre todo qué necesitan hacer las personas de la región para hacer crecer esa industria de manera sostenible.

En esencia, el modelo se estructura a partir de cinco fases: una primera de exploración (vino apenas introducido sin incidencia en el turismo), el involucramiento de actores para aumentar el interés, la producción, el desarrollo (crecimiento relevante y referente en guías turísticas), y una cuarta y última de consolidación y límites.

Andrés Felipe Sánchez logró recopilar un consistente surtido de recomendaciones a cada uno de los actores principales, ya sea operadores turísticos, dueños de casas vineras, propietarios de viñedos, gerentes de hoteles o restaurantes, entre otros, para que tuvieran un plan de acción, su nivel de impacto y así potenciar la economía.

Esa ‘carta de navegación’ quedó compuesta, entre otros, por unos planes de mercadeo a través de los cuales se logró estructurar los diferentes atractivos de la región Kumeu-Huapai, oeste de Auckland, incluyendo viñedos, campos de golf, restaurantes, spa, lugares donde se produce la miel de Manuka, etcétera, y en esa forma conectar a los turistas con la región, ofreciéndoles razones suficientes para visitar, quedarse allí y disfrutar de su cultura vinícola. Auckland es la ciudad más desarrollada y con una población de alrededor de 1,6 millones de habitantes.

Después de la industria láctea, el turismo es el segundo contribuyente de la economía de Nueva Zelanda, país con más ovejas que habitantes: 4,4 millones de personas frente a más de 60 millones de ovinos, distribuidos en esencia en la isla norte y sur. Sin embargo, la del sur es la más apetecida por los turistas en especial Queenstown, (capital de los deportes extremos) y los hermosos paisajes que ofrecen con glaciares como Franz Joseph, Fox y con ciudades como Wanaka y Dunedin.

Por otra parte, los vinos neozelandeses son reconocidos mundialmente (en especial en el Reino Unido y Estados Unidos) y catalogados en segundo lugar en el escalafón global después de Francia, lo cual es admirable si se comparan con los italianos, chilenos, argentinos o californianos. De hecho, “conocedores del tema catalogan el Savignon Blanc de Nueva Zelanda como proveniente de la uva más frutal y sobresaliente” dentro de esa gama de cepas, explica Andrés Felipe Sánchez. Sin embargo, el preferido de Andrés es el Pinot Noir, de Central Otago. Añejado en barrica de cedro francés y americano, tiene unos matices especiales y da unos sabores a vainilla que, al combinarse con los taninos de la uva, llaman la atención de los aficionados que se deleitan a manteles gracias a un vino con cuerpo.

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