La competencia china y las economías de agregación

Enseñar sobre China no es solo abrir la ventana sobre un presente alterno al colombiano, sino también dar luces sobre un pasado poco conocido que puede cambiar perspectivas. “Crisis industrial por competencia desleal” es un titular periodístico familiar, cuando surge el tema de China y la globalización. Pero lo que nos suena conocido hoy tiene precedentes en siglos pasados, y era China a la que “le tocó la china”.

Así fue la crisis en 1730 cuando el Rey Augusto el Fuerte, dio el impulso para producir en Sajonia, Alemania, la porcelana hasta ese momento manufacturada únicamente en el interior de China: los alemanes empezaron copiando las formas y los estilos chinos y dentro de pocas décadas quebraron la dominancia de los artesanos de Jingdezhen, China, en este mercado global. La “competencia desleal” vino de Alemania y los retoños en Austria y Francia, retando a una industria milenaria al corazón del Imperio Qing.

Así fue nuevamente en 1760 cuando el empresario inglés Josiah Wedgwood, tomó las cartas escritas por el Padre d’Entrecolles, un misionero jesuita en China cuyo interés científico lo convirtió en un estilo de “espía industrial”, para crear imitaciones económicas de los juegos de té de proveniencia China. En torno a las actividades de Wedgwood y Josiah Spode, creció en el noroeste de Inglaterra un clúster de fábricas de cerámica, de talleres y hornos, de procesadores de huesos bovinos y laboratorios de barniz, que casi eliminó las importaciones chinas del mercado europeo.

Y así pasó una vez más en 1840, cuando la East India Company de Gran Bretaña, envió al botánico Robert Fortune a China para aprender de manera subrepticia el secreto de los métodos de producción de té. Tras años de viajes en distintos disfraces por el imperio en declive, Fortune logró sacar del país muestras vivas de la planta Camellia sinensis, y darles un nuevo hogar en las estribaciones de los Himalaya indios. Aunque la East India Company no pudo mantenerse mucho tiempo después, los viveros en el norte de la India crecieron para satisfacer el mercado europeo y los cofres del imperio británico.

Estos ejemplos ilustran la globalización como un proceso que empezó hace siglos, y muestran que la “deslealtad” es un reclamo conveniente pero errado. ¿Cuáles fueron las repercusiones en China en la época? Tal competencia desde los países occidentales en plena revolución científica e industrial, y en expansión colonial, se tradujo para los ceramistas y los campesinos de té del imperio Qing, en una severa competencia. La situación más grave fue para la cuna de la porcelana, Jingdezhen en la provincia de Jiangxi, donde había crecido desde el noveno siglo de nuestra era, una economía de agregación o “clúster”, un fenómeno que se ha vuelto el objeto predilecto de estudio del economista Michael Porter. Un clúster presenta fortalezas de competitividad importantes, gracias al alto grado de especialización de sus integrantes y la eficiencia de su infraestructura interna. Su debilidad puede ser su dificultad de adaptación a nuevas realidades competitivas a grandes distancias.

Pero a inicios del siglo XXI, Jingdezhen ha recuperado su posición cardinal –aun no sea única– en la producción global de cerámicas, y sirvió de prototipo para el desarrollo económico regional a través de la China post 1978. De la misma manera puede servir como modelo para industrias manufactureras en Colombia y otros países de la región, donde la falta de una mayor especialización, de la colaboración intra - sectorial y de una infraestructura funcional, siguen presentando retos importantes para el desarrollo.

Benjamin Creutzfeldt, Profesor Asociado del CESA

Benjamin Creutzfeldt es Profesor Asociado, y representó al CESA en la 55ª Convención de la Asociación de Estudios Internacionales (ISA) en Toronto a finales de marzo, donde presentó los avances de su investigación doctoral, bajo el título “Foreign Policy in a Vacuum: China tries to make a mark in Latin America”.