La alfabetización como una práctica social

Por, Lina Calle Arango - Centro DIGA

Hoy en día se entiende alfabetización como el proceso de adquisición de ciertas destrezas comunicativas que colaboran a un desempeño adecuado dentro de una comunidad hablante. Si bien el término no se limita a contextos educativos formales, sino también a procesos que tienen lugar por fuera de las aulas y que repercuten en sistemas sociales y políticos, hablar de la manera en que se abarca desde el salón de clase resulta de vital importancia para la formación de sujetos sociales competentes.

En primer lugar, cabe señalar que, como resultado de la concepción, en las últimas décadas, de la alfabetización como una práctica social dependiente del contexto, se trastoca la idealista imagen que había dominado la educación tradicional en tanto a la enseñanza de un kit generalizable de competencias lingüísticas que, de ser aprendidas, preparaban al individuo para comunicarse efectivamente dentro de cualquier comunidad hablante. La necesidad ahora de atender a la variedad de entornos trae consigo la dificultad de definir un individuo alfabetizado, en tanto que poder desempeñarse dentro de una comunidad hablante específica no es, ni mucho menos, garantía de poderlo hacer en todas.

Con esto se entiende también que la competencia pragmática, lejos de poder ser contemplada sólo desde las diferencias culturales o fronterizas, ha de tener presente también los diferentes círculos de comunicación que una misma sociedad encierra: esferas sociales, en términos de Bajtín. En este orden de ideas, resulta preciso reconocer las comunidades hablantes en sus particularidades, con sus diferentes códigos de conducta.

Así las cosas, desde la educación superior resulta preciso dar cuenta de las esferas profesionales como comunidades hablantes punto de referencia desde las cuales enfocar la formación. En esa medida, se debe dirigir el desarrollo de la competencia comunicativa según el círculo laboral en el cual el estudiante busque desempeñarse eventualmente, teniendo presente que ser competente comunicativamente dentro de una comunidad hablante es poder no solo generar una comunicación efectiva sino también adecuada a los parámetros propios de este selecto círculo: es no solo hacer parte de esta comunidad, sino verdaderamente pasar a ser parte de ella.

No obstante, también abarcar la formación en competencia pragmática para contextos laborales específicos resulta complejo desde la educación formal, dada la imposibilidad de contar con situaciones auténticas para poner en práctica este desempeño, así como de anticipar la totalidad de los escenarios posibles. Frente a ello, la solución que se ha planteado redunda en la planeación de situaciones simuladas en las que converjan las sistematicidades propias de la esfera laboral-profesional en cuestión.

Con el propósito de responder a lo anterior, en varias ocasiones se ha caído en el error de plantear situaciones simuladas genéricas, buscando abarcar lo más posible en términos de variables contextuales. Empero, es imperativo que se reconozca la importancia de los detalles y las particularidades como parte integral y determinante en este tipo de situaciones; lo que se ha de desarrollar, y en lo que consiste la competencia pragmática, es en la habilidad de leer situaciones y, a partir de ello, adecuar el ejercicio comunicativo para lograr las metas que con este se buscan. Esto solo se logra con la improvisación y el enfrentamiento a variables inesperadas.

Aunque parezca contradictorio, entonces, se logrará una mayor preparación en el dibujo de situaciones cargadas de detalles contextuales y referenciales irrepetibles. No de otra manera el estudiante podrá desarrollar un pensamiento crítico que se desprenda de la evaluación de resultados frente tras haber enfrentado situaciones particulares y únicas, pero con objetivos comunicativos que posiblemente se repitan. A partir de ello, aprenderá a anticipar posibles reacciones y calcular los probables resultados de éxito en la comunicación.

Resulta básico que, de cara a la alfabetización como una práctica social que se adecúa a la comunidad hablante en la que se aplique, la educación superior asuma su rol como formador de profesionales que se desempeñarán bajo estándares culturales –laborales– específicos, y dirigir sus metodologías y prácticas a responder a tal necesidad. Atender a la situación comunicativa trae implícita la dificultad por dar cuenta de la infinidad de contextos posibles, y así mismo el impedimento de anteceder todas sus posibilidades, lo que genera dificultades metodológicas.

Una buena salida para sortear estos obstáculos será ubicar a los aprendientes en situaciones que recreen contextos propios de la esfera, pero verosímiles; es decir, cargados de detalles y particularidades, a partir de los cuales puedan de verdad ejercitar su manera de desenvolverse comunicativamente en estos escenarios, semejantes a los que enfrentará profesionalmente. Lo anterior le ayudará a desarrollar adecuadamente su competencia pragmática, y por lo tanto a modificar, de forma cada vez más acertada, sus reacciones y comportamientos comunicativos.

Lina Calle Arango

lcalle@cesa.edu.co

Profesional en Estudios Literarios de la Universidad Javeriana y Maestra en Edición de la Universidad de Salamanca, España. Diplomada en Enseñanza de Español como Lengua Extranjera de la Universidad de La Salle. Ha publicado libros de texto de educación media para editoriales como Educar y Santillana. Actualmente hace parte del Área de Humanidades y del centro DIGA.