Urgencias está en Emergencia

Por: Claudia Gómez-R. Investigadora de Marketing y Comunicación del CESA.

Esta historia de hoy, sucede con frecuencia. Se trata de un buen llamado Antonio, que sufre de una acidez estomacal que le molesta su cotidiano vivir y ello lo ha llevado a visitar salas de urgencias 3 veces en el último trimestre.

La primera vez acudió porque la cita de consulta externa con el médico general se demoraba 9 días, la segunda porque su hija estaba preocupada porque no se mejoraba y además no le habían autorizado un examen diagnóstico oportunamente, esta vez le tocó esperar 6 horas en observación ya que llegaron varios accidentados; y la tercera ocasión consultó a urgencias porque no siguió el tratamiento indicado, es decir, no se cuidó y los medicamentos no le surtían efecto tan rápido como él y su hija esperaban.

La primera vez acudió porque la cita de consulta externa con el médico general se demoraba 9 días, la segunda porque su hija estaba preocupada porque no se mejoraba y además no le habían autorizado un examen diagnóstico oportunamente, esta vez le tocó esperar 6 horas en observación ya que llegaron varios accidentados; y la tercera ocasión consultó a urgencias porque no siguió el tratamiento indicado, es decir, no se cuidó y los medicamentos no le surtían efecto tan rápido como él y su hija esperaban.

Esta es una historia que se repite a diario en diferentes poblaciones de nuestro país. Es un hábito frecuente de los ciudadanos, pues las cifras que evidencian el comportamiento de la población respecto a la salud y sus amenazas demuestran que, entre 15% y 20% de los asistentes a las salas de urgencias están repitiendo una historia como la de Antonio. Los resultados en 2015, dan cuenta que las tres principales causas de consulta a urgencias son: enfermedades infecciosas intestinales como diarreas, infecciones agudas del sistema respiratorio como gripas, y, dolores de espalda; lo cual puede considerarse como un uso inapropiado del servicio, pues en su gran mayoría son consultas que podrían ser diagnosticadas y tratadas en consulta externa o prioritaria para no congestionar los servicios de urgencias.

Saber por qué usamos mal, nos llevará a empezar a usar bien. Algunos estudios encontraron que algunas personas prefieren los servicios de urgencias por la facilidad de encontrar todo en un mismo lugar, evitar el pago de cuota moderadora o por obtener una incapacidad médica para ausentarse de su labor. También se encontró que Silvia hace asociación mental entre la palabra urgencia con la palabra inmediatez, lo que le genera una expectativa de diagnóstico y de “curación inmediata”. El resultado, es el deseo de satisfacer esta expectativa, que también se repite con frecuencia en el comportamiento de los colombianos.

Por otro lado, debido a las exigencias de la legislación de salud vigente, algunos curiosos como Pedro y Mónica, que la han estudiado de forma parcial y personal, aprovechan que las instituciones de salud que prestan este servicio están obligadas a recibir a cualquier persona que se acerque a solicitar los servicios; lo cual ha reforzado la idea de que es el camino fácil de obtener atención médica. Sin embargo, URGENCIA en el ámbito de la salud implica un riesgo de muerte o de invalidez que requiere una atención inmediata por parte de equipos médicos entrenados para manejar estas alarmas vitales.

Teniendo en cuenta estas conductas se concluye que hasta el momento tanto Antonio como Silvia, Pedro, Mónica y otros tantos ciudadanos están haciendo un uso irracional de este servicio, pues no está hecho para “curar” malestares de forma inmediata. Este comportamiento lleva a vivir consecuencias graves como incapacidad de atender oportunamente a un accidentado por ejemplo, y consecuencias desagradables como congestiones, largas esperas, quejas de pacientes adoloridos, estornudos de otros agripados, atención en camillas ubicadas en pasillos o corredores, todo esto conllevando a una disminución en la calidad en la atención a la salud en general, pero de forma crítica afectando la evaluación y tratamiento de pacientes con condiciones verdaderamente graves.

Probablemente usted en algún momento ha acudido a un servicio de urgencias ante un problema de salud que podría ser resuelto de forma ambulatoria, ¿por qué? Ahora después de haber leído esta reflexión notará que está contribuyendo a la saturación de los servicios de urgencias, desmejora en el servicio y a poner en riesgo la posible salvación de una vida que llega en estado crítico.

Quizás re - educar a Antonio, Silvia, Pedro y Mónica en el uso correcto de los servicios de salud y reforzar la idea que la esencia de una sala de urgencias es disminuir riesgos de muerte y de invalidez, contribuya a reanimar el servicio. Es responsabilidad y deber de todos realizar un uso racional de los recursos de nuestro sistema. Todos ocupamos un papel muy importante en esta problemática.

Señor ciudadano, ¿va a volver a poner en emergencia a las salas de urgencias?

Claudia Gómez Ramírez

Ingeniera Industrial, Magíster en Gestión de Organizaciones y Especialista en Mercados, con 25 años de experiencia a nivel gerencial y de asesoría en áreas de marketing, comercial, organizacional, gestión y entrenamiento de personal directivo, fuerzas comerciales y microempresarios.

Actualmente Profesora Asociada en el CESA -Colegio de Estudios Superiores de Administración y Coordinadora del área de Marketing en el Programa de Pre-grado.

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