¿Es el momento de ampliar la Unión Europea?

Por: CEGLI –Centro de Estudios sobre Globalización e integración

Entre Europa y Asia se encuentra Turquía. Con territorio en ambos continentes, el país musulmán sirve de puente entre oriente y occidente. Su posición geográfica privilegiada le permite controlar los estrechos que comunican el Mar Negro del Mar Mediterráneo, y vigilar de cerca el convulso Oriente Medio y el Noreste de África. Esta situación es tan privilegiada como peligrosa, y condiciona su histórico papel en el escenario internacional, bien como pieza geopolítica clave, pero también como país vulnerable ante crisis políticas o humanitarias regionales. Aunque Turquía ha hecho importantes esfuerzos por integrarse en la comunidad occidental, y es miembro de la OTAN desde los años 1950, no ha logrado alcanzar su objetivo de entrar en la Unión Europea.

Hace pocos días el presidente de la Comisión Europea Jean Claude Juncker realizó una declaración pública en la que afirmaba la necesidad de mantener vivas las negociaciones de adhesión de Turquía a la Unión Europea[1]. Juncker no tuvo en cuenta que varios líderes europeos, como el canciller austriaco Christian Kern o el ministro de exteriores alemán Frank-Walter Steinmeier, han insistido recientemente en que dichas negociaciones se deben abandonar. Al margen de las ventajas o desventajas de una eventual adhesión, y de lo importante de unas relaciones amistosas entre las partes, resulta conveniente preguntarse por la pertinencia de las declaraciones del alto funcionario europeo por, al menos, dos razones fundamentales.

En primer lugar porque Turquía está en el epicentro de la enorme inestabilidad regional que vive Oriente Medio, en la que la guerra de Siria supone el escenario más sangrante, pero muchos otros son también de una importancia mayúscula en el concierto internacional. En Oriente Medio se están redefiniendo las relaciones de poder que regirán la región en el futuro y que involucran a una veintena de países, incluyendo a las grandes potencias. Este rediseño geopolítico que ya ha comenzado no será un proceso sencillo ni rápido, y en este Turquía juega un rol trascendental por sus grandes dimensiones demográficas y económicas, y por el poder blando que ejerce en la región.

La incertidumbre del rol de Turquía se manifiesta de muchas maneras. Hechos como la reciente ola de represión llevada a cabo por el gobierno tras el intento de golpe de estado del pasado 15 de julio (que incluye detenciones arbitrarias, cierre masivo de medios de comunicación y la propuesta de reinstaurar la pena de muerte), la ambigua participación turca en la guerra de Siria, su reciente acercamiento a la Rusia de Putin[2], o las presiones que ejerce sobre la UE en relación a la crisis de los refugiados en el Mediterráneo, son solo algunos de los aspectos que inquietan en Europa sobre la conveniencia de mantener vivo el diálogo sobre su adhesión. Se trata de situaciones que alejan a Turquía de los principios fundacionales de la Unión y van en demasiadas ocasiones en contra de los valores democráticos que defiende.

En segundo lugar, merece la pena recordar el contexto que vive hoy la Unión Europea. Tras el referéndum británico que aprobó la salida del Reino Unido de la organización, las autoridades europeas deben abordar con celeridad la difícil negociación del Brexit, y lo que es sin duda más importante, deben atajar las causas que motivaron a la ciudadanía británica votar por la ruptura con Europa, en aras de evitar nuevos riesgos que pongan en peligro la totalidad del proyecto europeo. Las autoridades europeas no pueden olvidar que los votantes británicos se inclinaron por el Brexit en gran medida como reacción a las políticas migratorias europeas, y a la entrada de nuevos países miembros, especialmente de aquellos que pudieran poner en riesgo la seguridad o los principios europeos.

Es muy reciente[3] la victoria del no holandés a un acuerdo comercial con Ucrania, y tanto en Francia[4] como en Alemania[5] los movimientos euroescépticos están ganando posiciones de cara a las elecciones que ambos países celebraran en 2017. Parece evidente que un importante sector de ciudadanos europeos no desea que la Unión se amplíe, y mucho menos que lo haga hacia países que no comparten sus valores comunes.

En este contexto, las declaraciones de Juncker no están conectadas con los intereses de los ciudadanos, y lo que hacen es alimentar aquellas posiciones que ven en la Unión un problema a los retos europeos, y no una solución. Antes de plantear cualquier ampliación, Europa debería responden cuestiones fundamentales como si es necesario seguir incorporando nuevos socios, si estos deben ser europeos, o si se puede plantear una Unión a distintas velocidades, con distintos niveles de integración política y económica. +++


[1] Candidato formal para obtener una membresía plena desde 1999.

[2] En cuya agenda sobresale la construcción de un oleoducto que servirá para exportar gas ruso a Europa occidental evitando el paso por Ucrania, y la construcción de una central nuclear en Turquía con la colaboración de ROSATOM, la organización rusa encargada de la energía atómica.

[3] El pasado 7 de abril el 61,1% de los holandeses votaron en referéndum en contra de un acuerdo de asociación entre Ucrania y la UE.

[4] Francia celebrará elecciones presidenciales el próximo 23 de abril de 2017.

[5] Alemania celebrará elecciones presidenciales entre agosto y octubre de 2017, en una fecha aún por concretar.