¿Por qué incluir el uso del lenguaje igualitario dentro de nuestras prioridades?

Por: Ángela Cruz[1]

El lenguaje igualitario en las escuelas de negocios

Existe un consenso entre las escuelas de negocios alrededor del mundo sobre la importancia de entrenar a sus estudiantes para que mejoren sus competencias comunicativas, dada la importancia creciente de estas herramientas, para el futuro ejercicio profesional.

En este sentido, muchas instituciones educativas han implementado cursos de lenguaje al inicio de sus programas con la intención de refinar las habilidades de lectura, escritura y oralidad de los estudiantes, lo que, sin lugar a dudas, representa un avance significativo en la formación de quienes liderarán las empresas del futuro. Sin embargo, es necesario ir un paso más allá.

Claramente, los estudiantes y futuros profesionales del campo de la Administración necesitan comunicarse de manera efectiva, pero no solamente con la intención de difundir los conocimientos de su área profesional sino, adicionalmente, de una manera ética y orientada hacia la igualdad. Vivimos en un mundo en el que el acceso igualitario a los derechos todavía necesita ser garantizado para todas las personas, no solo en la esfera civil sino en el ámbito laboral.

De este modo, no basta con esperar que tengamos personas talentosas en el campo de la oratoria y la persuasión a cargo de las organizaciones más importantes del mundo: lo que necesitamos como sociedad de quienes se convertirán en líderes, es que cuenten con un una conciencia clara de las multiplicidades culturales que comporta el entorno en el que se desenvuelven y, así mismo, de su potencial para convertirse en agentes de cambio social.

El uso del lenguaje igualitario, inclusivo y no sexista, es una práctica discursiva que evidencia la conciencia del potencial político de las palabras y su capacidad para construir realidades. Por lo demás, el lenguaje inclusivo no es solo un intento de corrección política, de modo superficial, sino que se convierte en una estrategia para erradicar comportamientos discriminatorios, en la medida en que evita la perpetuación de los estereotipos en función del género, la etnicidad, el poder adquisitivo, la ideología política y las creencias religiosas, entre muchos otros.

¿A qué nos referimos con lenguaje igualitario?

El lenguaje igualitario o inclusivo, ha sido objeto de un amplio debate entre los profesionales de la lengua y líderes de organizaciones que promueven la equidad de género y el acceso igualitario a los derechos.

La perspectiva de la Real Academia de la Lengua Española, a partir del informe de “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer” (Bosque, 2012), es que, para empezar, no se puede afirmar que “la lengua” sea excluyente en sí misma, toda vez que somos los hablantes quienes, de acuerdo a las particularidades de nuestro entorno, le conferimos ese atributo. Por esta razón, hablar de lenguaje igualitario no es una invitación a hacer desdoblamientos innecesarios y que alarguen de manera inadecuada los mensajes; por ejemplo, en la expresión “Los profesores del CESA”, de acuerdo a la norma gramatical, se incluye a los dos géneros y las profesoras no se encuentran excluidas, por lo que, según la Academia, duplicar el sujeto para nombrar a los dos géneros resulta poco económico e injustificado.

Sin embargo, más allá del debate técnico y de la posición de la RAE, es necesario utilizar estrategias que nos permitan erradicar prácticas discriminatorias en nuestras comunicaciones, toda vez que la lengua es un instrumento de poder que permite visibilizar o invisibilizar a sectores específicos de la sociedad. Lograr que nuestras comunicaciones se alejen del estereotipo, la cosificación de las personas y en suma, eviten la subordinación de unas personas sobre otras es un reto importante para los profesionales de todas las áreas y, particularmente, para el ejercicio profesional de quienes liderarán las empresas del mañana, si se tiene en cuenta su potencial como transformadores del campo social. En este sentido es importante recordar que, tal como señala la Secretaría Distrital de la Mujer, “lo que no se nombra no existe”.

Cinco consejos para acercarnos al uso del lenguaje igualitario

1. Sustituir el uso del colectivo genérico masculino cuando este no sea necesario: esto requiere ser conscientes de la audiencia a la que nos estamos dirigiendo. Si su público está conformado mayoritariamente por mujeres, lo más lógico es decantarse por el plural femenino.

2. Utilizar expresiones neutras que incluyan a la comunidad en su conjunto, por ejemplo, en vez de decir “Reglamento del estudiante”, “Oficina de atención al ciudadano”, “Manual del usuario”, utilizar expresiones como “Reglamento estudiantil”, “Oficina de atención a la ciudadanía” y “Manual de uso”.

3. Hacer mención del género al nombrar los cargos profesionales o títulos académicos: esto es, incorporar en las prácticas de comunicación formal e informal el uso de sustantivos femeninos tanto como sea posible. Por ejemplo, en vez de decir “Gina Parody, Ministro de Educación”, como se ve en muchos medios de comunicación, utilizar la palabra “ministra”, para referirse a la persona que lidera tal cartera.

4. Elegir vocabulario adecuado para referirse a los temas relacionados con la mujer y el género: es decir, ser consciente de los términos acordados para hacer mención a preferencias, comportamientos, ideologías o identidades diversas. La Secretaría Distrital de la Mujer proporciona su diccionario “Vocabulario Violeta” para ayudar a la ciudadanía a cumplir con este objetivo (Secretaría Distrital de la Mujer, s.f.).

5. Abordar los géneros de manera no sexista: reconocer en la comunicación la igualdad de género en cuanto al acceso de derechos y valorar las diferencias. Asimismo, verificar y contrastar la información para dar voz a hombres y mujeres de manera equitativa y elegir, de manera consciente adjetivos para referirse a las personas que eviten la cosificación o la propagación de estereotipos.

Para finalizar, es importante reconocer que, al ser el lenguaje una herramienta de poder, su alcance en la transformación de la realidad social y del ámbito laboral es determinante para movilizar estrategias de cambio en aras del bienestar de todas las personas.

Referencias

Bosque, I. (2012). Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer. Madrid: Real Academia de la Lengua Española.

Secretaría Distrital de la Mujer. (2008). Protocolo para una comunicación libre de sexismo.

Secretaría Distrital de la Mujer. (s.f.). Vocabulario Violeta. Obtenido de http://www.sdmujer.gov.co/images/pdf/Vocabulario_Violeta.pdf


[1] Profesional en Estudios Literarios y Magistra en Estudios Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana y estudiante de la Maestría en Estudios Editoriales del Instituto Caro y Cuervo. Profesora asistente del Colegios de Estudios Superiores de Administración- CESA en las asignaturas Comunicación Oral y Comunicación Escrita. Asesora en el Centro de Apoyo para la Lectura, la Oralidad y la Escritura- DIGA.