Así celebra el mundo y el CESA la llegada del nuevo año

Llegar una mañana de un primero de enero a Dinamarca o Sudáfrica, y advertir los muebles destruidos en las calles y los platos rotos, no es propiamente ser testigo de los estragos dejados por un temblor o un tsunami. Es la fotografía de dos curiosas tradiciones para celebrar el Año Nuevo en estas latitudes.

En efecto, mientras que en Iberoamérica la costumbre es comer una docena de uvas y acompañar cada una con un deseo, anotar los propósitos en un papel y enterrarlo en un floreciente jardín, o usar ropa interior de color amarillo como cábala de buena suerte; los daneses reciben el año nuevo rompiendo los platos usados tras la cena. Cena habitualmente caracterizada por bacalao, tan tradicional como lo es el pavo, el ajiaco o la natilla con buñuelos en Colombia.

En el barrio de Hillsboro, de Johannesburgo (Sudáfrica), más vale no estar en los andenes que quedan frente a las casas o apartamentos a la medianoche. Y es que allí la tradición es deshacerse de los viejos muebles y lanzarlos por la ventana.

Los manjares están a la orden del día en Estonia. La celebración del nuevo año en este país se caracteriza por comer entre siete y doce veces el 31 de diciembre para asegurarse prosperidad el año venidero. Una celebración propicia para los de mejor apetito.

Los filipinos saltan doce veces a la medianoche. A esa hora hacen sonar las monedas que momentos u horas antes han introducido en sus bolsillos, dispuestos en sus trajes de lunares (principalmente las mujeres), pues estas formas se equiparan con la redondez de las monedas, objeto-símbolo de atracción del dinero para los siguientes 365 días.

En la fría Groenlandia, al norte, la tradición tiene que ver con la cena, pues se come Kiviak, plato a base de un ave acuática llamada alca, macerada en piel de foca y preparada siete meses antes. Y más al sur, en países como Italia o Chile, es tradicional comer lentejas, para atraer suerte y riqueza en el año.

¿Qué deparará el Nuevo Año? Los alemanes y los austriacos le apuestan a un juego llamado Bleigießen. Consiste en poner unas pequeñas piezas de plomo en un cucharón, fundirlas y luego ponerlas en agua fría para que se endurezca otra vez. Esta nueva y rara silueta que queda simboliza lo que está por venir.

En Irlanda no se cierra ninguna puerta de la casa a la medianoche, para permitir a quienes han fallecido que entren y también se unan a esta celebración especial.

Para los orientales no son siete sino más de un centenar los pecados que el ser humano comete, por lo que en Japón se escuchan 108 campanadas en cada templo budista desde la medianoche para evitar caer en ellos. Además, se come toshikoshi-soba, fideos extremadamente largos como símbolo de la fortuna.

No siempre el Año Nuevo se celebra un 31 de diciembre. Países como China, Israel e india, por manejar calendarios distintos –algunos lunares- al gregoriano, no celebran el Año Nuevo entre el 31 de diciembre y el 1 de enero, sino en otros meses. De hecho, las autoridades de Arabia tienen expresamente prohibido celebrar o usar elementos alusivos a la Navidad alguno de estos días.

Lo cierto es que aquí en el CESA lo celebramos con alegría y sobre todo con los mejores deseos para toda nuestra comunidad. Lo celebraremos en honor a nosotros mismos: a iniciar todas nuestras actividades con entusiasmo para cumplir cada meta y reto trazado.

Celebrar con júbilo y agradecimiento la oportunidad de continuar en la vida, que es al mismo tiempo la posibilidad de estar transformando. De estar trabajando como una de las formas de concretar sueños y contribuyendo al desarrollo.

Celebrar en y con el Colegio de Estudios Superiores de Administración –CESA- la llegada del nuevo año es reconocer que estamos comprometidos cada día con construir un país diferente. Una sociedad más justa y avanzar en el crecimiento de cada persona que llega a nuestra institución educativa, y a través de ella hacer de Colombia un país mejor.

¡Salud y próspero 2017!