Sector energético en Colombia: alcances potenciales de los acuerdos de paz

Por: [1] Lilian Yaffe Ph.D., directora de Estudios de Posgrado en el Programa de Estudios Internacionales de la Universidad de Miami


Introducción

Durante las últimas cinco décadas, Colombia ha estado inmersa en un conflicto armado que ha tenido importantes implicaciones para el sector de la energía: los ataques insurgentes contra oleoductos y gasoductos, líneas de transmisión y otras infraestructuras cruciales, azotan el país desde hace varios decenios. El oleoducto Caño Limón-Coveñas, en particular, ha sido extremadamente vulnerable a los ataques de las fuerzas insurgentes de Colombia, ya que se ubica en su mayoría en zonas escasamente pobladas, con alta presencia de grupos rebeldes. Las torres de transmisión de energía eléctrica también han sido un blanco fácil; múltiples campañas de bombardeo han destruido cientos de ellas, causando repetidos cortes de energía en muchas regiones del país. Las líneas de ferrocarril, utilizadas para el transporte de carbón, han sido atacadas también. Además de causar pérdidas económicas millonarias, estos ataques contra la infraestructura energética también han ocasionado daños ambientales a los hábitats en Colombia. Los derrames de petróleo, principalmente del oleoducto Caño Limón-Coveñas, han causado graves daños a algunos de los ríos del país, afectando flora, fauna y tierras de cultivo, resultando esto en niveles extremos de destrucción del medio ambiente (Lynch, 2003).

Después del comienzo en 2012 de los diálogos de paz, del gobierno de Juan Manuel Santos con las FARC, las condiciones para terminar casi cinco décadas del conflicto armado más antiguo del Hemisferio parecen ser ahora más favorables que nunca. ¿Cuáles serían las consecuencias para el sector energético de Colombia después de firmar un acuerdo de paz? ¿Se terminarán los ataques a la infraestructura energética en un escenario de postconflicto? ¿Bajo qué condiciones podría el país recibir el apoyo de empresas y movimientos sociales, para generar políticas que promuevan una mayor inversión en el sector energético? y ¿Cuáles serían las consecuencias económicas y sociales de una expansión continua del sector de la energía, a expensas de otras iniciativas de inversión?.

Este artículo explora la relación entre el conflicto armado y el sector energético en Colombia y plantea una serie de interrogantes partiendo de la base de que en un escenario de posconflicto se requeriría de un crecimiento económico sostenido con el fin de facilitar y estabilizar la construcción de la paz. ¿Será el sector energético el principal contribuyente al crecimiento económico en un futuro próximo? ¿Cuáles serían los principales riesgos y consecuencias de dicha estrategia, y cuáles los efectos de una excesiva dependencia de las exportaciones de bienes primarios? ¿Cuáles son las perspectivas futuras, dada la dramática disminución en el precio internacional del petróleo, que comenzó durante los últimos meses de 2014 y al parecer persistirá en el mediano plazo? ¿Qué sucedería si el país no alcanza niveles de crecimiento económico sostenido en el posconflicto? ¿Daría ello lugar al aumento de la desigualdad, lo cual podría conducir a nuevas fuentes de insurgencia y contestación violenta?. Como muestra el artículo, el sector de la energía tendrá un papel clave en este escenario.


[1] Lilian Yaffe Ph.D., es la directora de Estudios de Posgrado en el Programa de Estudios Internacionales de la Universidad de Miami. Tiene un doctorado en Estudios Internacionales de la Universidad de Miami y una maestría en Desarrollo Económico de América Latina de la Universidad Internacional de Andalucía, en España. La doctora Yaffe enseña actualmente Economía Global, Política Comparada y Economía Política Latinoamericana. Sus intereses de investigación incluyen conflictos violentos y guerras civiles, centrándose en sus efectos sobre el desarrollo económico.

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