Nuestro encuentro con las finanzas personales — Parte 2 (El marranito de barro)

Por: Carlos Coutin y César Vallejo, egresados de posgrados del CESA.

La primera vez que mi papá me dio un marranito de barro no entendí nada. Quería que tuviera mi primera lección de finanzas personales y entendiera el concepto de ahorro en mi niñez, pero no resultó del todo bien.

Ya dijimos en el artículo anterior que el ahorro es lo que nos va a sacar adelante a usted y a mí. Sin embargo, el problema radica en que no sabemos cómo. Todos hablan del ahorro y su importancia, pero en la práctica son pocos los que saben realmente usar su marranito.

No sabemos ahorrar

Si bien el objetivo de nuestra primera alcancía es enseñarnos a adoptar el hábito del ahorro desde temprana edad, nadie nos enseña cómo funciona. Terminamos llenándola con las monedas que los generosos adultos nos dan para que éstas no se queden vacías.

Cuando tuve mi primer marranito de barro tenía 7 años y en principio dejé de comprar helado a escondidas (me lo prohibieron porque era asmático) para tener monedas con qué llenar mi marranito.

Al cabo de un tiempo, mi adicción al helado hizo que de forma “inexplicable” la ranura de la alcancía se volviera cada vez más amplia, de tal forma, que las monedas podían ir y venir de adentro hacia afuera sin ningún problema.

Tristemente mi alcancía nunca se llenó (era de esperarse) y yo nunca entendí, cómo funcionaban los marranitos estos.

Como consecuencia, me convertí en un adulto desordenado con mis finanzas personales y nunca supe ahorrar por más que siempre tuve la intención de hacerlo.

Los errores al ahorrar

El primer error con mi alcancía fue que nunca tuve un objetivo que me motivara a ahorrar. No tenía ninguna meta financiera más allá que esconderme a comer helado y por eso lo poco que juntaba se iba en la inmediatez de mi capricho.

No tener metas financieras es un error que seguimos cometiendo de adultos. No entendemos nuestras finanzas personales ni tampoco cómo el dichoso ahorro nos llevará a cumplir esas metas.

Esto lleva al segundo error. Al no tener un camino definido, decidimos abrirle la ranura a la alcancía para tener siempre a la mano las monedas para el helado y así, termina nuestro amigo, el consumo, interrumpiendo nuestras intenciones de ahorrar.

Consejos de finanzas personales para aprender a ahorrar

1. Fije una meta de ahorro realista y a su alcance: Entienda para qué quiere ahorrar. Si es para el viaje al exterior, para el videojuego de PS o para esa boleta del Estéreo Picnic que está carísima. Lo que sea pero tenga una meta clara.

2. Fije una cuota realista: Algunos dicen que todos deberíamos ahorrar el 10% de nuestros ingresos mensuales. Pero creo que esto es algo particular en cada caso. En principio, fije el porcentaje que quiera pero eso sí, debe cumplirlo con disciplina.

3. Selle la ranura de su marranito: Ahorre de tal forma que usted no pueda ver ni tocar el dinero que está destinando al ahorro. Una fiducuenta, que su mamá se lo guarde, aplique cualquier método que evite hacerle trampa a su ahorro.

3. Lo más importante: El ahorro no se hace con las monedas que sobraron del Gin Tonic del happy hour. Por el contrario, usted antes de irse a tomar su copita(s) ya debería tener asegurado su ahorro. Así pues ahorre antes de gastar y no tendrá que verse a gatas a fin de mes para cumplir con su cuota.

5. La ñapa: El ahorro debe ser periódico y constante. Oblíguese a ahorrar durante un período prolongado de tiempo. Adquiera una póliza que le exija hacer pagos periódicos y en donde no le entreguen ese dinero hasta el final. (Un CDT funciona en primera instancia aunque siempre hay mejores opciones que explicaremos en próximos artículos)

El ahorro es un hábito

Y como tal, debemos pasar por una etapa de adaptación, sacrificio y mucha voluntad mientras lo convertimos en parte de nuestra cotidianidad y de nuestras finanzas personales.

Ahorrar es lograr extender nuestra mirada por encima de la miopía del ahora. Es dejar de gastarnos las monedas en helado o en Gin Tonics en pro de metas más importantes.

Al incorporar el ahorro en nuestras finanzas personales estaremos listos para dar el siguiente paso hacia una palabra muy adulta: La inversión (de la cual hablaremos en el siguiente artículo).

No nos enseñan a ser adultos y es muy fácil comportarnos como el niño asmático de 7 años sin preocupación sobre el futuro o como el hippie que cree que puede solo vivir “el ahora” sin planear el resto de la vida. Error.

Ese niño y ese hippie seguro terminarán esclavos de las deudas que contrajeron para alcanzar sus sueños a cambio de su tranquilidad e independencia.

La vida adulta nos durará por el resto de nuestras vidas y sería una irresponsabilidad pensar que podemos vivir el resto de décadas que tenemos en frente sin hacer la correcta planeación financiera.

Salga ya a comprar su marranito y ordene sus finanzas personales. Créame, es más rico comerse un helado en Roma al lado de la Fontana di Trevi, en un viaje que hizo con sus ahorros, que comérselo en Bogotá, en la G y pagado a cuotas con la tarjeta. ¡Buen provecho!

Fuente:

Navengate.co
Nuestro encuentro con las finanzas personales — Parte 2 (El marranito de barro)

Sobre navegante
Navegante es un proyecto de emprendimiento de Carlos Coutin, egresado de la maestría en marketing del CESA, quien recibió el apoyo del Centro de Liderazgo y Emprendimiento (CLE) para catapultar el desarrollo de una nueva filosofía de inversión y finanzas personales en Colombia. Navegante cuenta con un equipo conformado por profesionales con una perspectiva joven, innovadora e inteligente como César Vallejo quien es economista de la Universidad ICESI y especialista en mercadeo estratégico del CESA también.

Carlos Coutin
Administrador de Empresas (Cum Laude) de Newbury College en Boston – Massachusetts, Estados Unidos, tiene estudios en Planeación Financiera en Boston University y un magíster en Dirección de Marketing del CESA en Bogotá.

César Vallejo
Economista de la Universidad Icesi de Cali y Especialista en Mercadeo Estratégico del Colegio de Estudios Superiores de Administración (CESA) en Bogotá.