Los votantes olvidados de América

Por: Alejandro Jordán Lorente, Director Centro de Estudios sobre Globalización e Integración, CEGLI.

Quizás para entender la victoria de Donald Trump en las elecciones norteamericanas es conveniente revisar uno de los primeros tuits que el magnate escribió tras conocer los resultados, en el que decía: “Such a beautiful and important evening! The forgotten man and woman will never be forgotten again. We will all come together as never before”.

¿Quiénes son esos olvidados norteamericanos que le han dado la victoria a Trump y de los que los encuestadores evidentemente no se acordaron? Los sondeos electorales, que viven su particular annus horribilis, pronosticaban una victoria de Hillary Clinton[1] porque no fueron capaces de predecir el voto oculto del americano olvidado.

Parece, tras el Brexit y el resultado del referendo en Colombia, que cuanto más virulenta y polarizada es una campaña, más difícil es predecir un resultado electoral, y esto es consecuencia del temor que genera en el votante expresar en público su verdadera opción, en tanto las estrategias de campaña se concentran en estigmatizar y demonizar a sus adversarios. Si el votante percibe que su opinión va a generar una agresiva reacción negativa, sencillamente calla o miente.

Vale la pena señalar que, si bien es cierto que ha habido un porcentaje significativo de votantes de Trump que han ejercido su derecho de forma instrumental, solo con el único objetivo de evitar que Hillary Clinton llegase a la Casa Blanca, sería un grave error no asumir que un porcentaje aún mayor ha votado como forma de expresar su descontento con las élites políticas y económicas del país. Y peor error sería seguir estigmatizando a ese votante olvidado, mayoritariamente rural y sin formación, etiquetándolo con adjetivos descalificativos desde la, en ocasiones, arrogante superioridad moral del voto urbano educado.

El establishment ha pagado con creces su desconexión con el votante olvidado al que se refiere Trump. Durante el proceso de primarias fueron 15 precandidatos republicanos, incluyendo algunos con apellidos ilustres como Jeb Bush, los que pagaron con su derrota el descuido de olvidar al ciudadano de out there, y ahora ha sido la todopoderosa ex secretaria de Estado, ex primera dama, y ex senadora por Nueva York, Hillary Clinton, la que ha pagado el precio de la derrota por no incorporar de forma convincente a su discurso las demandas de una parte sustancial de la sociedad americana.

Este votante olvidado de Estados Unidos se encuentra principalmente en las zonas rurales, especial pero no únicamente en los estados del mid-west, y en los condados industriales deprimidos de los estados de los grandes lagos. Con frecuencia no tiene formación universitaria y es mayoritariamente blanco. Muchos de ellos son a los que peyorativamente se les llama rednecks[2], y sienten la pérdida de poder adquisitivo y la falta de oportunidades profesionales en primera persona. Para gran parte de estos votantes olvidados, el sueño americano se ha desvanecido en la última década y forma ya parte de un pasado que Trump ha prometido recuperar. El votante olvidado también es aquel que forma parte de la nueva minoritaria mayoritaria de los estadounidenses, los wasp[3], un votante que ve su forma de vida amenazada por la globalización, y percibe los peligros de la pérdida de su identidad por los cambios demográficos acelerados que el país ha vivido en las últimas décadas.

En elecciones anteriores habían sido las minorías latinas o afroamericanas las que habían inclinado la balanza hacia un candidato. En esta ocasión, ha sido la minoría mayoritaria blanca y anglosajona la que ha dado la victoria a Trump.

Frente al votante olvidado se encuentra el votante encuestado. Aquel que representa la prosperidad de los EE.UU, que es cosmopolita y urbanita, y que es el que está participando en las manifestaciones anti-Trump de las grandes ciudades con lemas tipo “He is not my president”. Este es el votante que ha apoyado masivamente a Clinton. Con porcentajes de apoyo más típicos de dictaduras, la ex secretaria de Estado ha barrido de una manera aplastante en todas las grandes ciudades norteamericanas[4], en las que el apoyo a Trump es ridículamente testimonial, y también ha ganado en una mayoría de condados costeros y en muchos de los fronterizos con México.

Las líneas que dividen la sociedad norteamericana están perfectamente delimitadas electoralmente y el gran reto de Trump será ahora cohesionar y cerrar la brecha abierta entre el votante olvidado y el votante encuestado, al tiempo que intenta implementar su particular visión neonacionalista de los EE.UU., tan aislacionista en términos de sus relaciones con el mundo, como liberal en su modelo económico.


[1] Con nada menos que el 85% de probabilidades según el New York Times.

[2] Redneck (cuello rojo), es un término que hace referencia a aquellos trabajadores que por su labor al aire libre el sol les quema el cuello.

[3] White Anglo-Saxon Protestants, blancos protestantes anglosajones.

[4] En Nueva York con más del 85% de los votos, en Los Ángeles con el 71%, en Chicago con el 74%, en Miami con el 64%, en Washington DC con el 93% (¡nueve tres!), en Boston con el 80%, en San Francisco con el 85%, por citar solo algunos ejemplos.