Sempertex o las mil y un maneras de resignificar el sentido de la celebración

Si hay algo que 37 años de vida empresarial le han demostrado al barranquillero Oswald Loewy Núñez es que cada mañana hay que levantarse considerando dos cosas: la primera, que los mercados están más cerca de lo que nadie podría imaginar; y la segunda, que el límite de dichos mercados está más lejos de lo que cualquiera pudiera creer.

La idea no es ningún globo que se va por los aires por estar repleto de helio. No. La idea es la certeza que se deriva de las cifras que maneja quien preside la más reconocida firma de logística de fiestas en el país: Sempertex.

“Porque la vida es tu mejor fiesta, Sempertex, celebra con todo”, dice un aparte del más tradicional jingle de la compañía, y que después de ser escuchado durante años, por lo menos dos generaciones de radioescuchas colombianos interiorizaron.

Sempertex está ubicada como la tercera compañía fabricante de globos de látex más grande del mundo.

Buena parte de las más de seis millones de bombas que produce al día Sempertex van a parar a 70 países distribuidos en los cinco continentes. Y recientemente, revela Loewy, su presidente, se abrieron dos mercados más; el armenio y el iraní. Sus bombas han sido usadas igual para adornar una sede de campaña de un político angoleño, o para constituir un audaz y surrealista vestido de novia.

¿Cómo a partir de fabricar globos para celebraciones se logra alcanzar la madurez empresarial y ser competitivo?

No hay una sola respuesta. Son múltiples los factores. Van desde encontrar la esencia de lo que significa la celebración de un cumpleaños hasta resignificar el uso de un globo, pasando por sus colores.

Todo tiene que ver. Si se advierte de la trascendencia y lo que significa para cualquier madre la celebración del primer año de su hijo o hija, “ella tiene que ser nuestro foco de atención”, explica Oswald Loewy y agrega, “ellas quieren hacer la función y marcar diferencia frente a sus vecinas, nosotros les damos los objetos para que sean las protagonistas”, dice.

Al igual que ocurre con las prendas de vestir, con el calzado, afirma el empresario, el color también tiene sus tallas. Hay que encontrar el color que encaje justamente con los sueños del cliente. Cada anhelo tiene su color. Cada sueño tiene su talla. De allí que la institucionalización de una paleta de colores en Sempertex se haya asumido como un asunto medular en la producción de globos.

Al tema del color, se agrega el del fetiche como la llave para abrir ‘el candado’ de un nuevo mercado “inexplorado y sorprendente”.

En efecto, esa denominación que se le da a un objeto como elemento de culto o para ritual, en este caso ligado fuertemente al erotismo, le está brindando nuevas oportunidades a Sempertex a partir de dos componentes: la seducción y la adicción.

Esa seducción también hay que interpretarla, razón por la cual Loewy ha incrementado sus reuniones con artistas y caricaturistas, que parecen entender las lógicas de los fetichistas, y la placentera sensación de ellos al encontrarle sentido al jugar con globos. Luego, la adicción o lealtad con la marca.

Detrás de identificar esas posibilidades hay procesos muy elaborados en todo sentido.

La lectura y exploración de las redes sociales han sido claves dentro de los objetivos empresariales de Oswald Loewy.

Pese a que terminó administración de empresas, alcanzó a cursar la mitad de la carrera de ingeniería química, por lo que siempre las temáticas en torno a los materiales, texturas y alquimia del caucho le han coqueteado. “He perdido la cuenta de los libros que he leído sobre el látex y su manejo”, afirma con discreción, y añade –sin pretensiones, pero con sensatez- que “procuro que no haya novedad editorial sobre látex que se me pase por alto”.

Hoy, el presidente de Sempertex se califica así mismo como un dinosaurio con ciertas características de ‘Millennials’, que se la pasa rastreando las tendencias a través de las redes sociales. “Para mí estar conectado con el planeta, a través de ellas (las redes), es estar en la onda de lo que está sucediendo, y darme cuenta agradablemente de que no tengo la razón”, concluye.