Trump y la incertidumbre latinoamericana

Por: CEGLI –Centro de Estudios sobre Globalización e Integración-

Debatir las posibles implicaciones de lo que representa para América Latina la presidencia de Donald Trump resulta aventurado.

El magnate republicano, que centró su campaña en un discurso neo-nacionalista, tiene como principal objetivo restaurar la calidad de vida de las clases medias estadounidenses más afectadas por las consecuencias de la globalización: el libre comercio y la inmigración. Por lo anterior, es posible deducir dos escenarios en los que los países latinoamericanos se verán afectados por la administración de Trump.

El primer escenario, aquel con las consecuencias más directas, será el relacionado con México y Cuba. En el primer caso, porque durante gran parte de su campaña insistió en la necesidad de construcción de un muro en la frontera entre ambos países[1], planteó la necesidad de renegociar las condiciones del NAFTA-TLCAN[2] y contempló la posibilidad de deportar a millones de inmigrantes indocumentados, provenientes en su mayoría de México y Centroamérica.

En el segundo, porque su posición sobre la política de acercamiento de Obama hacia el régimen cubano ha variado. Desde apoyar la decisión del deshielo de las relaciones en septiembre de 2015, hasta sostener en la campaña presidencial que reversaría las órdenes ejecutivas que reglamentaron la nueva política estadounidense hacia la isla. Esta última decisión estuvo orientada a ganar el voto de cubanos exiliados en la Florida.

En la última semana, el presidente electo Donald Trump nombró a Mauricio Claver-Carone[3] como miembro en el equipo de transición en el Departamento del Tesoro. Claver-Carone es un férreo defensor del embargo económico a Cuba y ha criticado la nueva política del presidente Obama. Para muchos analistas esto puede significar el cambio de actitud de la nueva administración hacia el régimen cubano.

El segundo escenario; es decir, para el resto de América Latina, es de plena incertidumbre. La principal razón reside en la actitud que tendrá Trump hacia los asuntos de política exterior: hard power en aquellas cuestiones en las que los intereses de Estados Unidos estén en peligro, y aislacionismo en aquellos escenarios en los que la seguridad nacional estadounidense no se vea afectada. Por ejemplo, más allá de las declaraciones de apoyo dirigidas a la población venezolana víctima de las represiones del gobierno de Nicolás Maduro, el grado de atención que le prestará a Venezuela será mínimo mientras la situación siga tal cual está. Esto no es del todo una mala noticia, pues la intervención estadounidense en Venezuela no sería la fórmula más adecuada para mediar en la crisis política que sufre el país.

En Colombia, la principal preocupación surge del apoyo que brindará Estados Unidos en el proceso construcción de la paz. La posición de la diplomacia de los EE.UU. hacia el país ha sido históricamente bi-partisana; es decir, que ha sido una visión de Estado y no de gobierno, y que por tanto no ha sufrido grandes cambios cuando los ha habido en la Casa Blanca. Sin embargo, este es un nuevo escenario pues se trata de un outsider sin experiencia alguna ni conocimientos en política exterior.

Por lo anterior, a pesar de que el presidente Barack Obama ofreció a inicios de 2016 USD 450 millones anuales para el plan Paz Colombia, falta ver cuál será la actitud de Trump de cara a la implementación del acuerdo de terminación del conflicto armado con las FARC. Sin importar quienes sean los altos oficiales de su administración, es posible deducir que el principal foco de acción de Trump hacia el país será la lucha contra las mafias del narcotráfico.

Así, a diferencia de la actitud directa que Trump manejará hacia México y Cuba, la relación del nuevo presidente con el partido republicano y con sus distintos sectores condicionará la política de los EE.UU hacia el resto del hemisferio. Y esta situación depende, en gran medida, de la elección del nuevo jefe de la diplomacia estadounidense. Mitt Romney[4], cara tradicional del partido; Rudolph Giuliani[5], sin experiencia en cargos de política exterior, y John Bolton[6], defensor de un rol de Estados Unidos más intervencionista, son las personas que actualmente está contemplando Trump para la posición.

Con un ambiente lleno de incertidumbres hacia la región, resta esperar qué sector del partido republicano privilegiará Trump para el puesto de Secretario de Estado, y de ahí poder deducir escenarios más claros sobre lo que será la actitud del nuevo presidente y su administración hacia la región.


[1] Muro que ya existe en gran parte de la frontera, en la que además existen barreras naturales como los desiertos de Sonora y Chihuahua y que debido a sus temperaturas extremas hacen imposible cruzar de un país a otro.

[2] Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre Canadá, Estados Unidos y México.

[3] Director ejecutivo del US-Cuba Democracy PAC, el grupo de cabildeo pro embargo más activo en Washington.

[4] Ex candidato presidencial por el partido republicano en las elecciones de 2012.

[5] Ex alcalde de Nueva York.

[6] Ex embajador estadounidense ante las Naciones Unidas.

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