Un nuevo escenario de seguridad y defensa para la Unión Europea

Por: CEGLI –Centro de Estudios sobre Globalización e Integración-

La mañana del miércoles 9 de noviembre de 2016 el mundo se levantó con la noticia de la victoria de Donald Trump sobre Hillary Clinton, convirtiéndose este en el nuevo presidente-electo de Estados Unidos.

Tras la victoria de Trump y la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), la amenaza latente del terrorismo islámico y la política expansionista de Rusia suponen para la Unión el mayor reto en décadas en materia de seguridad y defensa. No es necesario explicar el reciente interés de los líderes de Alemania, España, Francia e Italia para reforzar el sistema de defensa y seguridad común.

Conviene recordar que una de las propuestas de campaña de Trump radica en la necesidad de revisar la financiación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), pues actualmente Estados Unidos aporta un 22,1% del presupuesto total de la organización[1]. Es necesario complementar este dato, en tanto la meta establecida en la Cumbre de la OTAN de Gales de septiembre de 2014 fijó que cada socio debía aportar el equivalente al 2% de su PIB a la Organización, pero para el 8 de julio de 2016 solamente Estados Unidos, Grecia, Reino Unido, Estonia y Polonia habían cumplido con dicha cuota.

Con este escenario, la política de seguridad y defensa europea necesita ser replanteada institucionalmente con nuevos esquemas que permitan abordar los retos mencionados.

Es por esto que desde el CEGLI nos preguntamos:

¿Cuál es el debate que existe actualmente en torno a la política de seguridad y defensa europea?

La actual política común de seguridad y defensa europea (PCSD) entró en vigencia tras la firma del Tratado de Lisboa en 2009, e implica el deber de los países miembros de poner sus capacidades civiles y militares a disposición de la seguridad común. Sin embargo, algunos países de la Unión se cuestionan cómo conciliar la protección de sus intereses nacionales y al mismo tiempo cumplir con las obligaciones de la PCSD.

La incertidumbre que ha generado la victoria de Donald Trump causó, por un lado, que Alemania, España, Francia e Italia empezaran a defender un núcleo duro de defensa común, apoyando la idea de establecer la PESCO (Política Europea de Cooperación Reforzada Permanente); es decir, la posibilidad de que aquellos países que deseen avanzar en políticas comunes de seguridad y defensa lo puedan hacer sin necesidad que les siga el resto de Estados. Por otro lado, el Reino Unido ha hecho un llamamiento para no duplicar el trabajo de la OTAN, recomendando a todos sus miembros subir el porcentaje de gasto en la organización al 2% del PIB tal como se acordó en 2014.

En este sentido, la propuesta de la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea, Federica Mogherini, busca crear un fondo que financie los gastos comunes, disponga de un mando que coordine las operaciones de defensa, y otorgue autonomía a los Estados que así lo deseen para adelantar operaciones de seguridad y defensa sin tener en cuenta la aprobación de toda la organización.

Mogherini no contempla la creación de un ejército europeo o la instauración de un cuartel general en Bruselas, que son dos de las principales líneas rojas que han establecidos los Estados europeos en la materia, sino que consiste en la creación de una instancia de coordinación de operaciones para reducir los tiempos de respuesta ante momentos de crisis[2].

¿Por qué Rusia es un actor clave en la política europea de los próximos años?

La estrategia rusa tras el final de la Guerra Fría siempre ha sido poner en jaque a las alianzas occidentales en Europa, escenificadas en la OTAN y en la Unión Europea, para ganar espacios de influencia en Europa del este y en Europa central. Los casos de la Guerra de Osetia del Sur y de Abjasia[3] en 2008, la anexión de Crimea en 2014, y la guerra civil en el este de Ucrania desde entonces, son reflejo de esta estrategia.

En consecuencia, y teniendo en cuenta el tono que manejó hacia la OTAN y hacia la UE durante su campaña, es posible discernir que Donald Trump restará la capacidad de acción de la organización militar en aquellos escenarios en los cuales los intereses y la seguridad nacional estadounidense no se encuentren de forma explícita en peligro, y optará así por una política exterior aislacionista. Solo en aquellos escenarios en los que los intereses directos de los EE.UU se vean amenazados, es posible que la administración Trump opte por estrategias de hard power.

El escenario aislacionista sin duda será aprovechado por Putin. Verá la oportunidad de erosionar el proyecto europeo y la alianza transatlántica en regiones como los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), todos con importantes minorías rusas[4], tal y como está sucediendo en Ucrania desde 2014. De ese modo, la actitud que adopte Trump hacia Rusia y los intereses estratégicos de Europa y Estados Unidos determinarán el rol que adquiera la Rusia de Putin en los próximos años.

¿Por qué el terrorismo islámico se ha convertido en un reto de seguridad para las autoridades europeas?

El terrorismo ha golpeado fuertemente el corazón europeo recientemente. Los atentados de París en 2015 y Bruselas en 2016 han demostrado la vulnerabilidad de los sistemas de seguridad de los países de la Unión Europea.

La principal falla en el sistema de seguridad e inteligencia europeo es la falta de coordinación entre las agencias de espionaje nacionales, lo que no permite articular intercambios de información en tiempo real y operaciones conjuntas. Esta situación, sumado al libre movimiento transfronterizo entre los países del Área Schengen, ha facilitado el movimiento de los terroristas por los países europeos.

Para mitigar esta situación, la última propuesta de Bruselas ha sido establecer un visado exprés para aquellos ciudadanos de terceros países no sujetos a visados. Esto, según las autoridades europeas, les permitirá establecer un primer filtro de seguridad de las personas que ingresen al Área Schengen, reduciendo así la vulnerabilidad que presenta el actual sistema fronterizo. Lo cierto es que esta propuesta tiene que ser aprobada por el Consejo y el Parlamento europeos, que unido al proceso de implementación retrasaría su ejecución entre 4 y 5 años.

Son estos tipos de farragosos procedimientos institucionales los que retrasan la capacidad de respuesta de la Unión Europea. Son precisamente estas fallas en el sistema institucional los que tienen que ser corregidos para agilizar la respuesta conjunta del proyecto europeo, ante los grandes retos -esta vez no solo de seguridad- que tendrá que atravesar la UE en los próximos años.

Así, específicamente en la lucha contra el terrorismo, serán necesarios líderes europeos que tengan la capacidad de adelantar reformas que permitan el intercambio de información, la coordinación inmediata y la respuesta efectiva de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Todo esto encaminado a desarticular las redes de terrorismo islámico que acechan a las sociedades europeas y sus democracias.

Referencias

Abellán, L. (16 de Noviembre de 2016). La UE exigirá un ‘visado exprés’ para los pasajeros que entren en Schengen. El País. Recuperado el 17 de Noviembre de 2016, de http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/16/actualidad/1479308445_014035.html

Abellán, L. (14 de Noviembre de 2016). La UE plantea más integración en defensa tras la victoria de Trump. El País. Recuperado el 16 de Noviembre de 2016, de http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/14/actualidad/1479121780_970245.html

Ballesteros, C. (9 de Marzo de 2015). La OTAN no tiene quien la pague. El País. Recuperado el 16 de Noviembre de 2016, de http://internacional.elpais.com/internacional/2015/03/06/actualidad/1425677378_560604.html

Centro de Estudios sobre Globalización e Integración. (26 de Septiembre de 2016). La necesidad de un nuevo Merkozy[1] para Europa. Recuperado el 16 de Noviembre de 2016, de Oficina de Seguimiento de la Unión Europea: http://www.cesa.edu.co/El-Cesa/lateral/NewsN/2016/octubre/la-necesidad-de-un-nuevo-merkozy-para-europa.aspx

EUR-Lex. (16 de Septiembre de 2015). Política común de seguridad y defensa de la Unión Europea. Recuperado el 16 de Noviembre de 2016, de Summaries of EU Legislation: http://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=URISERV%3Aai0026

European Union External Action. (Mayo de 3 de 2016). Military and civilian missions and operations. Recuperado el 17 de Noviembre de 2016, de The Common Security and Defence Policy (CSDP): https://eeas.europa.eu/topics/common-security-and-defence-policy-csdp/430/military-and-civilian-missions-and-operations_en

Fiott, D. (2015). The common Security and Defence Policy: National Perspectives. Brussels: Egmont – The Royal Institute for International Relations.

González, M. (15 de Octubre de 2016). Los cuatro grandes de la UE apuestan por una defensa común con “autonomía estratégica”. El País. Recuperado el 17 de Noviembre de 2016, de http://internacional.elpais.com/internacional/2016/10/14/actualidad/1476449123_095969.html

Kattasova, I. (8 de Julio de 2016). These NATO countries are not spending their fair share on defense. CNN Money. Recuperado el 16 de Noviembre de 2016, de http://money.cnn.com/2016/07/08/news/nato-summit-spending-countries/

Mesa, L. (14 de Abril de 2016). Bruselas, el Estado Islámico y los retos de seguridad. Foreign Affairs Latinoamerica. Recuperado el 17 de Noviembre de 2016, de http://revistafal.com/bruselas-el-estado-islamico-y-los-retos-de-seguridad/

Miller, P. (16 de Noviembre de 2016). How World War III Could Begin in Latvia. Foreign Policy. Recuperado el 17 de Noviembre de 2016, de http://foreignpolicy.com/2016/11/16/how-world-war-iii-could-begin-in-latvia/


[1] En comparación con otros países como Alemania (14,6%), Francia (10,6%), Reino Unido (9,8%), Italia (8,4%), Canadá (6,6%) o España (5,7%).

[2] Actualmente la Unión Europea cuenta con 17 misiones y operaciones en varios países europeos, africanos y del Medio Oriente.

[3] Conflicto bélico entre Rusia, Abjasia y Georgia por el control de Osetia del Sur, territorio independiente de facto desde la desintegración de la Unión Soviética en 1992.

[4] En Letonia corresponden al 26.9%, en Letonia al 24.8% y en Lituania al 5.8% del total de la población de cada uno.