“Este deporte es un órgano más de mi cuerpo”, Jorge Alfredo Rocha.

Con un total de 213 medallas de oro (119 más que Venezuela, segundo en las justas), 136 de plata y 111 de bronce, Colombia se coronó como la delegación campeona de los recientemente culminados Juegos Bolivarianos celebrados en Santa Marta.

Y uno de los oros le correspondió no solo a un hijo de esa tierra sino a un estudiante del CESA: Jorge Alfredo Rocha, de tercer semestre.

Con 21 años de edad (los cumplió el 14 de noviembre, justo el día que obtuvo la presea dorada), Jorge Alfredo resultó el mejor en la categoría masculina de ‘wakeboard’ (una sola tabla), una de las cuatro modalidades del esquí náutico.

Esta medalla para Colombia, que es la segunda de oro que el joven estudiante ha logrado en lo que va de su carrera deportiva (la primera la consiguió en los Bolivarianos de playa en Iquique –Chile-), es producto de una historia que comenzó cuando apenas contaba 4 años de edad.

Bajo el suave rumor de las olas y la refrescante ventisca de Santa Marta, a Jorge Alfredo lo empezaban a seducir las acrobáticas piruetas que muchos hacían sobre las tablas de surf, en ese mar color de acero por el sol que golpea la bahía.

Don Alfredo Rocha, su papá, lo advirtió, y no dudó en permitirle que se parara por primera vez sobre los dos primeros esquí, y fuera empujado mansamente por alguna de las lanchas apostadas en la zona.

Cuando la familia Rocha-Olarte viajaba a Santa Marta en vacaciones o durante los puentes festivos, no había día en el que Jorge Alfredo no esquiara. Luego, a los 10 años, un primo suyo que viajó fuera del país le dejó una tabla para que practicara; y a los 15, durante un viaje a Miami, en una tienda de deportes náuticos, el propio Jorge Alfredo iniciaría su vinculación profesional al esquí. Y es que fue tanta la pasión que le vio, que el administrador del almacén le mencionó varios clubes, incluso en Colombia, que le permitirían desarrollar su potencial. Así, se sumergiría definitivamente en este deporte, del que dice con naturalidad “es un órgano más de mi cuerpo”. Mientras explica, el rostro de Jorge es el mismo que se le dibuja en la cara a Billy Elliot -el personaje de ese inspirador film británico (Stephen Daldry, 2000)-, cuando se refiere a lo electrizante que le resulta la danza y el baile ante el director de su admisión en una escuela londinense de danza.

Jorge Alfredo Rocha se vinculó con el Club Náutico del Muña. Desde hace tres años y medio se apoya en un entrenador, y procura practicar cinco días a la semana. Pero no es fácil. De hecho, por sus estudios de administración, el diálogo con su entrenador es habitualmente por Internet. “En los entrenamientos me graban y esos videos se los envío al entrenador. Él me da las recomendaciones necesarias, y también las acompaña con videos que repaso una y otra vez y pongo en práctica”, cuenta.

Sacrificio, disciplina y pasión son los tres pilares con los que ha crecido deportivamente Jorge.

Y menciona el sacrificio, en esencia, por lo que –reconoce- ha hecho su familia por él. No solamente sus padres sino sus hermanos. Aunque a ellos también les gusta el deporte, a uno el motocross y al otro el fútbol, admite que muchos de los esfuerzos económicos de la familia se inclinan más a su actividad por los costos de la práctica del esquí, que resultan superiores. Por esa razón, Jorge no duda en afirmar que quienes lo rodean son tan responsables de su éxito como él. “Uno solo no puede ir a ninguna parte. Ni en el deporte, ni en la vida, ni en nada. Toda la familia se la ha jugado en apoyarme”, afirma.

De allí que sus hermanos sean parte de su equipo de esquí. En efecto, él los ha involucrado, al punto que su papá y sus hermanos manejan en ocasiones la lancha en los entrenamientos.

Los créditos también son para sus compañeros en el CESA. El tiempo que le dedica a los entrenamientos lo aleja retrasa inevitablemente de algunos compromisos académicos, por lo que sus compañeros le están recordando siempre que hubo en clase, qué se perdió y le explican para ayudarle.

Sobre su otra pasión, la administración de empresas, es otro asunto al que le está dedicando tiempo más allá de las aulas del CESA con un negocio virtual. Desde su cuenta de Instagram promociona gorras y chaquetas bajo la marca ‘Roch’. El nombre se derivó de la forma como su entrenador norteamericano pronuncia su apellido. “Me pareció interesante, a amigos míos les pareció bueno, y ahí voy… Ahora, con la tercera línea de gorras”, dice.

Para el próximo año, Jorge Alfredo tiene en la mira varios objetivos clave: el Mundial de Argentina en marzo, los Panamericano en Perú, y los Centroamericanos y del Caribe en Barranquilla.

Y también, la asignatura de derecho laboral, en la que los resultados no fueron los mejores. Y en esta, eso sí, sin maromas ni arriesgadas acrobacias.