Cultura de la pregunta como herramienta de pensamiento y formación

Por Lina Calle Arango. Centro de Apoyo para la lectura, la oralidad y la escritura, DIGA.

La concepción de los centros de escritura en la actualidad se encuentra unificada casi por completo en lo que compete a la utilización de tutores pares como una herramienta clave dentro del desarrollo de sus técnicas. Lo anterior resulta lógico en tanto que, desde sus inicios, estos espacios de apoyo a la alfabetización académica han buscado ofrecer una dinámica que se diferencie, justamente, de la figura tradicional utilizada en las aulas de clase, lo que redunda en un aprendizaje personalizado y en un ambiente donde desaparezca la presión generada por las estructuras jerárquicas propias de una institución educativa. En este orden de ideas, los centros de escritura están consolidados como espacios propicios para el trabajo colaborativo, a los cuales los estudiantes asisten para hablar sobre la expresión escrita u oral con personas que consideran pares, y con las cuales pueden construir conocimiento.

Como respuesta a este panorama, en las últimas décadas se ha aumentado el esfuerzo por la formación de tutores que puedan enfrentar los retos y responsabilidades que demanda su labor en el centro de escritura. Este se ha visto reflejado, por un lado, en los mecanismos de selección implementados por los diferentes centros tanto en Latinoamérica como en Norteamérica, que no solo exigen estudiantes que posean ciertas habilidades y características, sino que deben también pasar por ciertos entrenamientos y protocolos antes de poder actuar en el ‘campo de batalla’. De la misma manera, la producción de manuales para la preparación de tutores ha engrosado estanterías en la última década, lo que reafirma la intención de formalizar cada vez más esta práctica.

Pese a este emprendimiento, uno de los temas menos discutidos y abordados por la literatura que existe en torno al uso y preparación de tutores pares en los centros de escritura es precisamente el uso adecuado de la pregunta como elemento clave para potenciar la competencia comunicativa de los asistentes. Si bien se trata de generar un ambiente colaborativo, este no responde, de ninguna manera, a la improvisación, y muestra de ello es el mencionado esfuerzo por contar con tutores que sepan cómo comportarse en sus sesiones con estudiantes.

Resulta determinante informar a los tutores para que hagan un uso correcto de la pregunta, en gran parte para disminuir el riesgo de caer de nuevo en las jerarquías tradicionales del aula de clase, en las que resulta común la pregunta de respuesta única; de la respuesta que el profesor busca con el cuestionamiento realizado. Por demás, si realmente se pretende potenciar las habilidades comunicativas de los individuos, resulta preciso que estos reflexionen sobre el ejercicio propio de la escritura y sus procesos personales, y ello no puede lograrse con preguntas cerradas o engañosas.

Para lograr que el estudiante asista al centro para que lo ayuden a descubrir, por sí mismo, qué es lo que desea comunicar, y para que piense sobre el lenguaje, es importante primero instaurar una cultura de la pregunta como herramienta que conduzca a la reflexión, que invite al estudiante a indagar sobre sus intenciones e ideas, encuentre la manera de parafrasearlas o expresarlas, y que descubra por sí mismo cómo comunicarse.