Felicidad, valores y ética para empresas más humanas

El hecho de que el 93 por ciento de las personas que entra en acentuadas crisis económicas -que vienen acompañadas por la venta de sus activos adquiridos con el esfuerzo de décadas- tarde en promedio tres años en salir de ellas, es una buena razón para la banca de considerar cómo puede apostarle a un trato más humano.

Y es la flexibilización de las estructuras organizacionales a través del lenguaje como se pueden cimentar significativos cambios en el sentir de los colaboradores, tanto para enfrentar esa apuesta como para el desarrollo corporativo propio.

Así lo conceptúa Carlos Raúl Yepes, ex presidente del Grupo Bancolombia, uno de los responsables de la transformación cultural bajo el lema ‘le estamos poniendo el alma’, y que compartió sus experiencias en el CESA en desarrollo de los encuentros organizados por Comunidad F, que reúne a más de 30 empresas colombianas comprometidas con la felicidad desde su cultura organizacional.

Ahora, con ‘el retrovisor’ reflexivo en la mano y ya retirado para dedicarle tiempo a su familia y a lo que él llama “algunos sueños atrasados”, da buena cuenta de sencillos elementos que se pueden poner en práctica para constituir empresas más humanas, y más felices y productivas.

Según el expresidente de este grupo, que en los últimos años ha ocupado el primer lugar en distintos ‘rankings’, la institucionalización de un ‘diccionario’ con términos de valores y principios empresariales; la de días especiales (como el del perdón); el cambio de los nombres de varios procesos y lugares dentro de la organización, entre otros aspectos, resultaron clave para cambiar la cultura corporativa.

Cambiar los nombres de la oficina de recuperación de activos (cobro de cartera vencida) por el de ‘centro de conciliación’, el del ‘área de personal’ por la de ‘gestión de lo humano’, o bautizar las formales salas de juntas o de reuniones por nombres como ‘salón ingenio’, ‘alegría’, ‘aventura’ o apelativos alejados de esas estructuras rígidas, son sutiles puntos de partida para hacer de los equipos de trabajo colectivos de personas más satisfechas y eficientes.

En efecto, como se desprende de un estudio reciente hecho por la consultora mexicana Crecimiento Sustentable, trabajadores más felices son 33 por ciento más enérgicos y dinámicos que los que no lo son, se adaptan con mayor facilidad a cualquier cambio, y tienen un 300 por ciento menos riesgos de sufrir accidentes laborales, factores que impactan hasta en un 80 por ciento más la productividad de las empresas.

Tras cuatro años de trabajo en ese sentido, revela Yepes, se logró sintonizar al 97,8 por ciento de los colaboradores del grupo con la felicidad en su lugar de trabajo y una banca más humana.

Sin embargo, no es el único reto y no necesariamente debe ser una actitud en el sector bancario, uno de los que los ciudadanos de a pie siente como el más voraz. La idea es que sea una praxis de empresas de cualquier tamaño y renglón de la economía.

Al tenor de Carlos Raúl Yepes, identificar el propósito resulta indispensable para el empoderamiento, génesis para una “rotación de los liderazgos”.

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De lo que se trata, subraya, es que las organizaciones sean perceptivas a las transformaciones. De hecho, enfatiza, dentro de los procesos empresariales las compañías deben tener una agenda latente de cambio si quieren evolucionar.

Y en todo caso, los propósitos deben guardar en su esencia no sólo la transformación individual (la del trabajador) y organizacional (productividad de la empresa), sino además la de la sociedad. Para las directivas del Grupo Bancolombia resultó fundamental que cada uno de sus colaboradores asociará el término de rentabilidad con el concepto de valor compartido. “El verdadero negocio es el propósito superior. El mejor negocio, en el que gana el mayor número de personas”, explica.

El reciente indicador de Transparencia Internacional, en el que Colombia ocupa el puesto 90 entre 176 países evaluados en cuanto a percepción de la corrupción, con un deshonroso puntaje de 37 sobre 100, y que se entiende aún más con hechos como los de Odebrecht, Estraval o Interbolsa, por citar apenas unos ejemplos, obliga a los líderes empresariales de hoy a promover en sus compañías el tema de la ética. Incluso, docentes coinciden en que debe ser materia obligada en la academia.

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Para Carlos Yepes está claro que hoy más que nunca lo que están necesitando las compañías, más que financiera, es una solvencia moral, para cerrar el círculo de humanización empresarial.