La ética en las escuelas de negocios

Los escándalos de corrupción más sonados en el mundo permiten pensar que cualquier gerente podría estar expuesto a situaciones que lo lleven a violar principios éticos, que afectan a otras personas y a la sociedad en general. Estos escándalos siempre tienen como reflexión la importancia de la ética en la formación académica.

Es por esto que una tendencia global de las escuelas de negocios es el esfuerzo en la incorporación de la ética como materia obligatoria de los programas que ofrecen, así como la inclusión de la ética como eje transversal en la formación o en un curso integrador. Sin embargo, este esfuerzo debe ser correspondido con algunos factores tales como el reconocimiento de la importancia de esta dimensión en la formación, el compromiso institucional en el modelaje y enseñanza de principios éticos, la conciencia del riesgo de conductas inmorales en el ejercicio profesional, el desarrollo de métodos de evaluación y el aseguramiento de la calidad de la enseñanza de la ética.

La investigación sobre comportamiento ético en las organizaciones surge en los 80, y hasta el momento se reconocen al menos cuatro grandes perspectivas.

La primera, corresponde a las aproximaciones clásicas al estudio del comportamiento ético, las cuales establecen que la conducta moral es una función de procesos de decisión, atributos individuales y factores ambientales. Este modelo coloca en el centro un proceso cognoscitivo —percepción, juicio, elección— que lleva a la conducta, bajo la influencia de variables individuales y ambientales (internas y externas a la organización).

Otro enfoque más reciente es el de la "ética conductual", que consiste en explorar las fuerzas situacionales que pueden llevar a la gente a comportarse de manera inmoral, con énfasis en dos tipos de condiciones: (1) los actores no saben que las acciones son incorrectas, pero tienden a ejecutarlas; y (2) los actores saben que las acciones son incorrectas, pero no están conscientes de las fuerzas que los llevan a cruzar las fronteras éticas. Para ello se parte de dos supuestos sustentados empíricamente: (1) la moralidad es dinámica y maleable, más que un rasgo estable que caracteriza a los individuos; y (2) la mayor parte de la conducta inmoral que se observa en las organizaciones y en la sociedad es el resultado de las acciones de personas que, aunque valoran la moralidad, caen en la tentación de actuar de manera deshonesta o no advierten que sus decisiones tienen implicaciones éticas.

Un tercer enfoque, el enfoque normativo o prescriptivo, es aquel que se centra en lo que gerentes y empleados deberían hacer para comportarse como personas moralmente responsables, y suele concretarse en los populares códigos organizacionales de conducta. Un supuesto clave de este enfoque es que los individuos son actores racionales (actúan de acuerdo con sus intenciones y entienden las implicaciones de sus actos), lo cual lleva a concluir que los actos inmorales son cometidos por algunas “manzanas podridas”. De acuerdo con este enfoque, la gente enfrenta conscientemente los dilemas morales y es posible evitar las fallas por medio de las guías pertinentes.

Un cuarto enfoque corresponde a la investigación sobre “desvanecimiento ético”, que muestra que las personas pueden “no ver” las implicaciones éticas de sus decisiones, porque hay procesos psicológicos que “desvanecen” la ética de los dilemas que enfrentan. La mayoría de la gente, particularmente en el ámbito de los negocios, sabe que hay conductas inaceptables y reglas éticas, a pesar de lo cual siguen ocurriendo conductas inmorales e irresponsables. En algunas circunstancias, las tentaciones pueden ser muy poderosas. Algunas personas pueden sucumbir a ellas y otras no; pero, entre las que sucumben, muchas no advierten las causas o las consecuencias de sus acciones, y otras intentan (de manera consciente o no) justificarlas mediante alguna forma de racionalización.

A pesar de las diferencias entre estos enfoques, las investigaciones sobre este tema coinciden en que la posibilidad de asociar conductas e implicaciones morales depende en primer lugar de la capacidad del individuo para percibirlas. Es por ello que desarrollar sensibilización moral a través de la exposición a situaciones que impliquen riesgo de conductas poco éticas en la formación académica, permite entrenar esa capacidad de percibir las implicaciones de incurrir en actos que se alejan de lo socialmente esperado. Esto implica un cambio importante en el proceso de formación, pues la enseñanza clásica nos entrena habitualmente para actuar en situaciones ideales, y rara vez nos enfrenta a cómo lidiar con situaciones donde es posible actuar incorrectamente.

Ante este complejo panorama, la investigación y formación en la enseñanza de la ética necesita un enfoque descriptivo y menos prescriptivo, que ayude a entender por qué buenos gerentes pueden cometer malas acciones y poner en riesgo con estos actos a las organizaciones y personas. El avance en este tipo de conocimiento permitiría contribuir a mejorar la predicción y explicación de los comportamientos éticamente deseados, y de esta forma reducir la ocurrencia de hechos que comprometen un liderazgo responsable.

Prof. Silvana Dakduk – CESA, Bogotá. Colombia

Prof. José Malavé – IESA, Caracas. Venezuela