La cosa de la consultoría desde las escuelas de negocios

Por: Marta Lucía Restrepo Torres

Que los académicos e investigadores son abstractos, etéreos, teóricos y que hablan otro idioma, son algunas de las expresiones asociadas con la creación de conocimiento. Pero no es así.

Como generadora de conocimiento, la universidad cuenta con funciones que le permiten llegar a los diferentes escenarios de la sociedad con propuestas de valor, que provean ante todo cambios, renovaciones, actualizaciones, nuevos paradigmas y especialmente, la implementación de mejores prácticas. Este escenario ha sido llamado la “Extensión universitaria,” desde la cual la consultoría se constituye en una de sus principales actividades para llevar el conocimiento -resultado de la investigación- al contexto de la praxis que, en el caso de las facultades o escuelas de negocios, está conformado por las empresas. En esta acción, el desarrollo de sistemas de información como el CRM, el perfeccionamiento de procesos clínicos, el estudio de fenómenos sociales, la profundización en biología para dar paso a la biotecnología, son solo algunos de los resultados prácticos que permiten confirmarlo.

De esta manera, los resultados de investigación, e inclusive sus hipótesis experimentales, salen de los laboratorios, libros y artículos científicos para aplicarse como un conjunto de soluciones a resolver problemas, que en muchos casos exceden el objeto central de una empresa y requieren de expertos en aspectos específicos que propongan rutas para resolver dilemas operativos, comerciales, directivos, logísticos, financieros, entre otros. Así, el ejercicio de consultoría se convierte en el escenario donde los marcos teóricos se ponen a prueba en la vida cotidiana, con las preguntas sencillas y simples que se hacen las personas en el ejercicio de su labor.

¿En donde está entonces el valor de la consultoría desde las escuelas de negocios? Su valor yace en que la investigación, que obedece al rigor científico, produce soluciones que llegan al mundo de la vida para hacer que las preguntas que se hace el empresario en el quehacer de su gestión, y en las cuales no es experto, puedan resolverse desde metodologías probadas, que faciliten procesos de innovación desde el interior de las empresas.

En otras palabras, puede definirse que la consultoría es un servicio calificado construido desde la investigación, la experiencia y la prueba. Provee soluciones a preguntas específicas y particulares de las empresas, desde una perspectiva en la cual la empresa no es experta. Paradójicamente, gracias al acompañamiento y la metodología de transferencia inherente a la práctica de la consultoría, aprende y se actualiza desde la pregunta que se formula. El siguiente gráfico plantea esta dinámica y facilita la comprensión de la importancia del dueto “investigación-consultoría”, como la manera práctica y útil en la cual se extiende el producto del investigador al servicio de la sociedad, y en el caso de las escuelas de negocios a su objeto esencial: la empresa.

En el párrafo anterior se mencionó la palabra “metodología”, que es la esencia de la transferencia. Sobre una buena metodología que garantiza proceso, aplicación y adaptación al caso de negocio se potencializa el valor de la solución. Y lo más importante, se personaliza a la situación particular. De allí que el prestigio de la práctica de la consultoría se sustenta en la base de la investigación científica, que para llegar al “mundo de la vida” se traslada a esquemas de acción, organizados, metódicos y -ante todo- útiles para la solución de las preguntas del empresario. La cosa de la consultoría -por tanto- es un asunto de expertos que han estudiado y comprendido problemas y han encontrado rutas prácticas para resolverlos.