GRI afina bases para eficiencia y eficacia de las memorias de sostenibilidad

Unos estándares que permiten compartimentar los temas de la materialidad sin necesidad de modificar toda la guía para el reporte de sostenibilidad, y que se proyecta como el primer paso para hacer de estas memorias una obligación para las empresas, hacen parte de las últimas modificaciones del más importante formato mundial de informes de la triple cuenta (económico, social y ambiental) de las organizaciones.

Se trata de unas transiciones de la última guía GRI (hoy la G4), que en años anteriores suponía una nueva versión (G1, G2 y G3) con cada cambio, pero que ahora parece encontrar un documento base estable para ser ejecutada por las empresas.

Esta transición a estándares será lanzada y presentada mañana en el auditorio de la Universidad EAN por Andrea Pradilla, directora GRI (Global Reporting Initiative) para Hispanoamérica y docente del CESA, con quien Noticias CESA habló sobre sus alcances.

¿Cuál es la transición más significativa que hay en esta G4 del GRI?

Podríamos hablar de tres esenciales. Lo primero es que fuera lo más claro posible. A pesar de que los temas son complejos, que en las instrucciones existiese claridad absoluta en relación con qué resulta obligatorio en el estándar y qué sugerido. Lo segundo, la transición de una estructura casi compendio a una estructura tipo modular. Digamos que anteriormente había distintas generaciones de la guía en la que, si se cambiaba una coma (,) en el estándar, se cambiaba todo. Ahora se manejan una serie de estándares compartimentados. Pensemos en una serie de libros en los que, si usted tiene que cambiar el estándar de agua, solo saca el libro de agua, sin tener que actualizar el libro de derechos humanos, el de condiciones laborales, el de responsabilidad de producto, y así. Entonces va a permitir, si se quiere, simplificar la actualización de los estándares para que responda a la realidad.

¿Y el tercer cambio?

Son unas clarificaciones. Hay conceptos dentro del estándar y dentro del desarrollo sostenible, entre ellos qué se entiende por el impacto de una empresa. La manera en que las organizaciones lo venían interpretando es que podían considerar, por ejemplo, cómo las afecta el cambio climático. En esta versión se refiere no solo a eso sino también clarifica cómo la empresa impacta el desarrollo sostenible: cómo ellas impactan el cambio climático, cómo a sus grupos de interés. Eso a la larga se convierte en un análisis de riesgo para las organizaciones.

¿Qué implicaciones tiene esta estandarización, que no es una nueva guía (G5)?

Un cambio de cultura que va a requerir que los responsables de las memorias de sostenibilidad se estén actualizando con mayor frecuencia. Ciertamente, 50 gobiernos en el planeta, incluido el colombiano, referencian al GRI en sus políticas públicas, bien sea porque tienen que reportar con GRI en las concesiones de infraestructura, o bien sea porque le recomiendan el GRI. Al ver que los gobiernos nos estaban referenciando con tanta frecuencia, también advertimos la complejidad de tener el estándar muy afinado y actualizado. Sin embargo, cada actualización de cada generación de estándar resultaba larga y costosa. Entonces queríamos, por un lado, ser más ágiles para dar respuesta a las demandas de los mercados, de las empresas mismas reportantes y de los gobiernos, y de otro, tuvo que ver con la manera en que se hace un estándar versus la manera como se hace una guía.

¿Cómo se da esa diferenciación?

Cuando se tomó la decisión de volvernos estándar creamos una barrera que podríamos llamar de fuego, entre la parte de la organización que se encarga del estándar, un equipo técnico que no está permeado por intereses políticos, de la sociedad civil, o empresariales; y el resto de la organización que es la que se encarga de la promoción y de la creación de conciencia. Este último paso era esencial para evitar cualquier conflicto de interés y asegurarnos que el estándar está respondiendo verdaderamente a las buenas prácticas.

¿Cómo es la fotografía mundial de los reportes de sostenibilidad y qué muestra Colombia?

El GRI tiene hoy cerca de 10.000 organizaciones reportando en 93 países. Colombia es el mayor reportante hispano de la región, y el segundo –después de Brasil- si se observa geográficamente, con más de 190 empresas. También está dentro de los diez países que más reporta en el mundo. En el vecindario hispanoamericano le siguen México y Argentina.

En otras latitudes como Países Bajos ocurre. ¿Estamos cerca de la obligatoriedad de los reportes en el país?

El desarrollo más fuerte en el ámbito global es una directiva del parlamento de la Unión Europea, que desde enero hizo obligatoria la rendición de cuentas en sostenibilidad para las empresas de interés nacional. Para el caso nuestro, Colombia tiene política pública en las concesiones de infraestructura 4G. Esta cláusula es relativamente reciente. Con todo y eso, el desarrollo en Colombia es importante porque infraestructura no es el sector que más reporta. Por encima está servicios financieros y energía. Creo que no nos estamos moviendo hacia la obligatoriedad, sino más bien hacia la institucionalización de la responsabilidad social y de la rendición de cuentas en sostenibilidad. Ha pasado en Chile y Bolivia con el sector financiero también. Esto para significar que lo que era voluntario se ha formalizado más y en algunos casos se ha vuelto obligatorio, y nosotros lo que nos imaginamos es que si se llegan a hacer políticas públicas, van a ser políticas inteligentes.

En todo caso, muchos analistas convergen en los reportes son una forma que tienen las empresas solo para legitimarse. ¿Se advierten cambios positivos en ese sentido?

Hay gran diversidad en la calidad de la información que se entrega a los mercados por parte de las organizaciones reportantes. Organizaciones maduras se están moviendo hacia poder contar no qué hacen con la plata que les sobra, sino más bien cómo hacen la plata que se ganan y cómo están impactando los capitales sociales, naturales y financieros. Hay retos y encontramos reportes que aún siguen siendo una autoevaluación. Hay que seguir insistiendo, y esta estandarización es un camino a ese fin, para que las compañías se sienten a hablar con sus grupos de interés y puedan determinar qué es lo que ellos necesitan saber. Que hablen con sus accionistas, con las comunidades, con los trabajadores porque una cosa es lo que las compañías quieren contar y otra muy distinta lo que los ‘stakeholders’ quieren saber.

¿Se debilita de algún modo el GRI con la reciente salida de la primera potencia mundial del acuerdo de París, acuerdo que va en consonancia con aspectos de las memorias de sostenibilidad?

Si hay algo que sentimos en la organización es más ganas de ayudar al empresariado a que se pueda medir. Estamos convencidos de que el Cambio Climático (tema central de la COP21 en París) no es un asunto de la galería sino una amenaza real. Nunca antes en medios se han dado discusiones tan activas en torno a este tema, luego hay que verlo como una oportunidad para renovar voluntades y moverse hacia acciones prontas y efectivas. Hay que ver que ante la decisión de Trump, las decisiones iniciales del empresariado van en otra dirección. Buena parte de este está diciendo ‘por el cor de mi negocio, me toca’. Desde luego que es decepcionante porque ocurre una falta de alineación, pero es que con el cambio climático nos toca a todos, incluso a nivel personal.