Las teorías de la corrupción

Por Edgardo Cayón Fallon, Director del MBA del CESA y docente investigador.*

 

Las teorías sobre la corrupción son tan heterogéneas como homogéneas son sus causas. Desde el punto de vista social, Horacio (65 AC - 8 AC) afirmaba que “si el vaso no está limpio, lo que en él derrames se corromperá”. Y desde lo económico, para Fouché (1759 – 1820), “todo hombre tiene su precio, lo que hace falta es saber cuál es”.

En un artículo de 1961 en el cual se hacía un comparativo entre los efectos de la corrupción en la prestación de servicios públicos en Inglaterra y en diferentes países de África occidental, M. McMullan argumentaba que los efectos más negativos de la corrupción eran: 1) Injusticia, 2) Ineficiencia, 3) Desconfianza del gobierno por parte del ciudadano, 4) Desperdicio de recursos públicos, 5) Inestabilidad política, 6) Medidas represivas contra aquellas personas que denuncian la corrupción, 7) Desestimulo al emprendimiento y la creación de empresa, y, por último, 8) ineptitud del gobierno para implementar política pública (cualquier coincidencia con nuestro país es casualidad).

La teoría de McMullan, desde el punto de vista sociológico, es que un alto nivel de corrupción es resultado de la amplia divergencia entre los objetivos del gobierno de un país específico y los de la sociedad en que este opera, en particular sobre aquellos objetivos del gobierno que discriminan a una gran parte de la población y la ponen en desventaja con respecto a una minoría dominante. ¿Por qué el político que tiene carro blindado puede circular libremente por las ciudades con pico y placa mientras el resto de la población debe guardar sus carros? ¿Por qué al contratista público que hace un desastre que afecta toda una ciudad no le pasa nada y al que reforma el frente de su casa en la misma ciudad se le clausura la obra?
Ahora, cuando el análisis se hace con una perspectiva económica, las conclusiones sobre si la corrupción resulta favorable o desfavorable es todavía tema de debate entre los académicos. En una revisión de la literatura sobre las teorías de la corrupción realizada por Toke Aidt en el año 2009, el autor argumenta que la corrupción se puede categorizar en dos vertientes. La primera es la de la “trampa de arena”, en la que un grupo de economistas argumenta que la corrupción es desfavorable, pues tiene un impacto negativo en el desarrollo económico. La segunda es la de “aceitar la maquinaria”, en la que la corrupción puede resultar favorable, pues en algunos casos especiales fomenta el desarrollo económico.

Los que optan por la primera -la de “trampa de arena”-, afirman que la corrupción solo empeora y promueve las ineficiencias porque el político o el burócrata de turno solo busca maximizar su utilidad de acuerdo a las restricciones de su entorno. Por su parte, para los que se ubican en la segunda vertiente -la de “aceitar la maquinaria”-, y desde un punto de vista de estricta racionalidad económica, la corrupción puede promover la eficiencia porque permite a los agentes privados corregir u obviar las ineficiencias en políticas gubernamentales al agilizar permisos, procesos, o hacerse el de la vista gorda por medio de sobornos. Ejemplo de esto son los mercados negros de divisas y alimentos que existen actualmente en países como Venezuela, donde la economía centralizada claramente no puede cubrir la demanda que de estos productos tiene la población. Sin embargo, está también el caso de Rusia, que muestra lo que ocurre cuando las restricciones disminuyen al extremo: después de la caída de la Unión Soviética, todos los bienes del estado pasaron a ser propiedad privada de los gobernantes de turno (Varese, 1997).

En pocas palabras, en cuanto a teorías de la corrupción se refiere, todavía estamos lejos de un consenso universal al respecto, y sí existe una gran zona gris en la que tal vez la solución sea la de un expresidente colombiano cuando sugirió que “tenemos que reducir la corrupción a sus justas proporciones.”

Nota: El autor agradece a Javier Murillo del Centro Diga por su ayuda en cuanto a la redacción.

*Profesor titular del área financiera del Colegio de Estudios Superiores de Administración (CESA) y profesor de cátedra en la asignatura Finanzas Internacionales en University of Technology, Sydney, Australia. Graduado con honores cum laude (B.S.) en Finanzas y Economía en Syracuse University; Maestría en Administración de Empresas McGill University (Montreal, Canadá) y PhD. en finanzas de University of Tecnología, Sydney (UTS). Se ha desempeñado como administrador de telecomunicaciones públicas en Siemens S.A. de Colombia y como gerente de unidad de negocios en Industrias Philips de Colombia S.A.



Referencias

Aidt, T. S. (2009). Corruption, institutions, and economic development. Oxford Review of Economic Policy, 25(2), 271-291.

McMullan, M. (1961). A THEORY OF CORRUPTION Based on a Consideration of Corruption in the Public Services and Governments of British Colonies and ex‐Colonies in West Africa. The Sociological Review, 9(2), 181-201.

Varese, F. (1997), ‘The Transition to the Market and Corruption in Post-socialist Russia’, Political Studies, 45, 579–96.