Donando sangre, salvando vidas

Con un total de 24 personas, entre estudiantes y administrativos, culminó la jornada de donación de sangre en el CESA, que además de alimentar las reservas de los centros hematológicos del país se convirtió en paso preliminar para crear una cultura de donación en Colombia.

Y es que la cultura en la materia existente en el país es la de que se dona ante eventualidades o catástrofes que requieren del vital líquido.

Así lo conceptúa Juan Carlos Londoño, enfermero socorrista y especializado en banco de sangre de la Cruz Roja Colombiana, quien afirma que se calcula que la tasa de donación en el país debía estar en 110 por cada mil habitantes, pero que esa cifra llega apenas a 40.

En otras latitudes como en España, donde está arraigada dicha cultura, los españoles donan sangre el primer martes de cada mes.

En el país existen 84 bancos de sangre, entre privados, públicos y hospitalarios; y la capital alberga 16 de ellos.

Según Juan Carlos Londoño, una de las razones por las cuales los colombianos no donan sangre es por falta de educación y de información sobre el tema. Ese hecho “ha generado mitos que inciden en que exista un déficit de sangre en el país”. Que las personas se debilitan, que se adelgazan, que sufren mareos o que se engordan hacen parte de esa ‘hemorragia’ de mitos que obstaculizan los beneficios de donar sangre.

En efecto, si bien influye el estado de salud de la persona, en condiciones normales, además de la consecuencia inmediata de salvar vidas, tras la donación de casi medio litro del líquido –exactamente 440 mililitros- la sangre que queda en el cuerpo circula mucho mejor. “Se reduce el riesgo cardiovascular, va a oxigenar mejor a la persona, y estimula más la médula ósea para la producción de células sanguíneas”, explica Londoño.

En condiciones óptimas de salud, hombres y mujeres están en capacidad de donar sin contratiempos cada tres y cuatro meses, respectivamente. Una costumbre que podría favorecer la cultura de la donación en el país, afirma Juan Carlos Londoño, sería la de hacerlo por lo menos dos veces al año.

En términos generales, la sangre, al tratarse de un elemento biológico, tiene dos caminos: la incineración o su tratamiento. Y para este último propósito, se desarrollan en esencia cuatro fases. Análisis infeccioso (se notifica al donante en caso de que haya arrojado un resultado positivo para alguna patología); separación de glóbulos rojos GR, plasma, plaquetas y glóbulos blancos (estos últimos son incinerados); conservación (refrigeración para GR y plasma, y temperatura ambiente para plaquetas) y conformación del inventario o stock.

Según la patología del paciente, se evalúa el hemocomponente que necesita. Ante accidentes, cirugías mayores o trasplantes de órganos -por ejemplo-, dada la pérdida de sangre, se requieren GR. Un paciente con un tipo de leucemia, personas hemofílicas (falta de coagulación de la sangre) o ciertos tipos de cáncer requieren exclusivamente plaquetas. Y a personas víctimas de quemaduras, debido a la pérdida de líquido corporal que sufren, se les debe transfundir plasma que ayuda al proceso de cicatrización rápida por los nutrientes que contiene.

La jornada de donación se realizó en Bienestar, departamento que impulsó la jornada en el CESA.