Reflexiones epistemológicas sobre el objetivo de los inversionistas

La regla básica para tomar decisiones de inversión desde la óptica del “hombre económicamente racional” consiste en que el capital invertido genere rentabilidad.

Por: Werner Zitzmann Riedler, director posgrados en Finanzas Corporativas del CESA

 

Hasta hace algunos años, la microeconomía pregonaba que el objetivo de los inversionistas es maximizar la utilidad neta. Esta afirmación no puede considerarse exhaustiva, aunque las empresas capitalistas desean obtener utilidad neta positiva y efectuar mediciones de desempeño relacionándola con ingresos, con patrimonio, etc. Sin embargo, la utilidad neta puede verse afectada por otros ingresos que no corresponden al objetivo principal del negocio, es de corto plazo y no involucra consideraciones alrededor del riesgo y no tiene en cuenta los recursos operacionales empleados en el desarrollo del negocio.

En el estado de resultados, una de las cifras más importantes desde la perspectiva de los objetivos del inversionista es la correspondiente a la utilidad operacional en el largo plazo, pues esta refleja el resultado del esfuerzo comercial, la eficiente utilización en el manejo de la operación del negocio, y es al fin de cuentas la que permite cubrir los costos del fondeo del capital invertido: atender el servicio de la deuda y el servicio al capital. Es más, dentro de los predictores de quiebra de Edward Altman[1], que explican la razón por la cual las empresas pueden entrar en dificultades y quebrar, se encuentra la relación Utilidad Operacional/Activos como el indicador que presenta el mayor impacto en la predicción de quiebra.

En el estado de resultados, la única partida identificable con el costo del sostenimiento de la empresa es el renglón de los gastos financieros; en ninguna parte aparece ¡el servicio al patrimonio!

Resulta que los inversionistas que han aportado capital tienen expectativas de rentabilidad en términos de la remuneración de sus aportes. Dado que los dividendos no son deducibles de impuestos, su monto no aparece en los resultados finales del P&G.

La regla básica para tomar decisiones de inversión desde la óptica del “hombre económicamente racional” consiste en que el capital invertido genere rentabilidad. En otras palabras, la utilidad operacional (bajo el supuesto de la no existencia de deuda financiera) después de impuestos debe ser lo suficientemente alta para cubrir el costo de la empresa.

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En Finanzas Corporativas este monto se denomina NOPAT (Net Operating Profit after Taxes). Las fuentes de financiación, con costo para la empresa, corresponden a la deuda financiera y al patrimonio. La cuantificación de ese costo es el llamado Costo de Capital Promedio Ponderado (WACC, Weighted Average Cost of Capital) y se determina con los dos ingredientes, a saber: el costo efectivo anual de la deuda (después de impuestos) y la rentabilidad esperada por los inversionistas, estableciendo la participación que cada fuente de financiación tiene dentro del total del fondeo de la empresa, dado por la suma de las deudas financieras y el patrimonio. Se calcula el promedio ponderado de acuerdo con la participación de cada fuente de financiación. El capital invertido (debe entenderse por este concepto la suma de las deudas financieras más el patrimonio) o su equivalente monto de Activos Operacionales necesarios, deduciendo los pasivos corrientes con proveedores. Finalmente, reuniendo los elementos mencionados se llega al resultado económico o Valor Económico Agregado (EVA©)[2].

En forma de ecuación se tiene: EVA = NOPAT menos WACC x CAPITAL INVERTIDO. Este es un buen objetivo para los inversionistas, pues al crear Valor Económico Agregado se valorizan sus acciones y ocurre una capitalización en el mercado. La suma de todos los EVA´s futuros es llamado Valor de Mercado Agregado, (Market Value Added). Los cálculos de EVA se nutren tanto del estado de resultados como de las cifras de los Balances de la Empresa y se constituyen por tanto en un indicador de desempeño más integral que la utilidad neta.


[1] Altman E., Predicting Financial Distress of Companies, revisiting the z-score and zeta models, http://people.stern.nyu.edu/ealtman/papers.html

[2] Marca registrada por la empresa Stern & Stewart