Seguridad y convivencia en Bogotá, asuntos que se blindan desde la econometría

Con un pie de fuerza proporcionalmente menor al de otras grandes capitales del país, hechos como la reducción de homicidios, de los tiempos de respuesta ante las emergencias, así como el aumento de infraestructura tecnológica (cámaras de seguridad) en puntos estratégicos de Bogotá tienen una explicación: la econometría.

Se trata del uso de las estadísticas, su contraste con determinadas variables y su correlación frente a determinados contextos. Y tras esa propuesta está el economista y doctor en economía Daniel Mejía Londoño, máximo titular de la Secretaría de Seguridad, Convivencia y Justicia de la Alcaldía de Bogotá, e invitado para la última edición de entrevista a Grandes Líderes, del CESA.

Con 42 años de edad, Mejía asumió un reto sin precedentes. En efecto, la Secretaría que preside no existía. Nació con él, nueve meses después del inicio de la segunda administración de Enrique Peñalosa.

De alguna manera, su historia en la dependencia que gestiona la seguridad y la convivencia de los capitalinos empezó cuando su tutor del doctorado en la Universidad de Brown le sugirió analizar la lucha contra las drogas aprovechando su condición de colombiano.

Desde entonces, la econometría ha sido para Daniel Mejía una condición insoslayable para trazar estrategias y política pública. “Antes de asumir –cuenta Mejía- solicité como condición que se tuviera como base ciertas metodologías para liderar la gestión de la mano con la Policía”, admite Mejía Londoño.

Hoy, la tasa de homicidios en Bogotá (casos por cada 100 mil habitantes) es menor a la que se registra en otras ciudades grandes como Medellín o Cali. En lo corrido del año ha habido una reducción del 13 por ciento de los casos de este delito en la capital, en comparación con el mismo periodo del año pasado. Ese porcentaje significa 120 muertes violentas menos registradas por las autoridades.

En contrapartida, Bogotá es la ciudad con la Policía Metropolitana, de las ocho existentes en el país, con menos pie de fuerza por cada 100 mil habitantes. Casi la tercera parte en tasa de las que tienes ciudades como Popayán, Bucaramanga o Tunja. Mientras estas capitales están por el orden de 600 agentes por cada 100 mil habitantes, esa cifra en Bogotá es de 237 policías.

De allí que una de las tareas del Secretario ha sido gestionar la focalización de ese recurso escaso bajo parámetros geográficos, para ser más eficiente y efectivo en el tema. Un asunto más del resorte de la econometría.

Bogotá tiene 137.000 cuadras. En menos del 2 por ciento de ellas ocurre la mitad de los delitos, y los más graves en el 0,5 por ciento de esos segmentos. Esos análisis les han permitido a las autoridades saber cómo ser más eficiente y efectivo tanto con el recurso humano (policías) como con el tecnológico (cámaras). La segunda era Peñalosa arrancó con 267 cámaras, y hoy esa cifra supera las 1.000. Y en los menos de 75 días que restan del año la apuesta es llegar a los 1.500 de estos equipos.

El llamado fleteo –en realidad el asalto contra una persona que minutos antes ha retirado dinero del banco- ha caído considerablemente, en buena medida porque por su propio impacto tiene una atención mediática relevante, que pone este delito en el foco y lo hace sensible a minuciosa investigación. Homicidios como el del agente de la DEA James Terry Watson (en la Zona Rosa) o el de Yeison Méndez (en la localidad de Kennedy), crearon un impacto extraordinario básicamente porque quedaron registrados en video. Y de hecho, el seguimiento a estos casos redujo de inmediato estos eventos, que además terminaron con una extradición grupal y con una condena a 45 años de cárcel, respectivamente. Producto de esto, “el fleteo y el paseo millonario se desplomaron prácticamente a cero. Dicho de otra manera, cuando uno logra dar resultados muy contundentes, con penas significativas contra quienes cometen estos delitos, hay una disuasión contra potenciales delincuentes”.

Otras de las cifras soportan la gestión de Daniel Mejía:

Disminución de lesiones personales en un 21,8 por ciento, 476 robos menos de motocicletas en 2017 frente a 2016; reducción de la respuesta a emergencias a 9 minutos promedio.

Una de las mayores preocupaciones es el robo a personas, en entornos de oportunidad: el llamado ‘cosquilleo’ en TransMilenio, tomar la cartera en un restaurante y casos de ese estilo. Y una de las razones es que en no pocas ocasiones son vistos por los jueces como episodios de pequeñas causas. Muchos no terminan con medida de aseguramiento, y otra proporción salen en poco tiempo y sus protagonistas son reincidentes. “Se ha registrado el caso de un señor que ha sido detenido 55 veces por este tipo de casos, y este es solo uno de tantos ejemplos”, explicó el Secretario de Seguridad, durante su exposición en el auditorio Álvaro Valencia del CESA.

Para Daniel Mejía, quien jamás había estado en el sector público, resulta trascendental que la juventud de hoy aporte a esta dimensión, pese a las complejidades.