La mirada sobre la ciudad

Por Javier Murillo, Director Centro de apoyo para la lectura, la oralidad y la escritura del CESA, DIGA.

¿Quién mira la ciudad? ¿Desde dónde es mirada Bogotá?

Luz Mary Giraldo (2000), escritora y crítica colombiana, da indicios acerca del origen del concepto de ciudad y de lo que este significa en su libro Ciudades escritas. Recuerda, para hacerlo, a Guisepe Zarone (1993), para quien la función básica de la ciudad y de lo urbano está dado en la Biblia, en un fragmento del “Génesis”. Según propone el autor, lo urbano está determinado por la figura mítica de Caín y Abel. Caín, después de asesinar a su hermano, es condenado por Dios a vagar, a caminar errante, y busca amparo a su castigo en la construcción de una ciudad. A partir de entonces, la ciudad tendrá dos características fundamentales. Por un lado, será un espacio —y una forma de vivir— alejada de Dios. En ella se huye de Él, y se vive solo entre hombres, entre semejantes. Por el otro, quien en ella vive es un exiliado, un proscrito. De lo anterior se puede decir que la ciudad, aunque nos acoja, aunque la sintamos como propia porque nos hace sentir parte de ella, siempre nos será ajena.

Por su parte, Italo Calvino, quien respecto a una de sus obras icónicas, Las ciudades invisibles (1988) ­­­­­­—una especie de clave para comprender la idea de ciudad intemporal—, afirmó que era también una discusión de la ciudad moderna, sugiere que es a través de la percepción de los extranjeros que mejor se manifiestan las ciudades (Calvino, 1988, pág. 32).

La idea de la ciudad como refugio, como espacio que recibe al extraño, está vinculada con la interpretación de que este, aquel a quien le resulta ajena, es quien mejor puede comprenderla. Sentirse parte de una ciudad puede hacerle perder la condición primera del ciudadano, que es la de saberse un exiliado, un extraño, y hacerle perder la distancia imprescindible para observarla con reserva, con sospecha. De ahí que sea la mirada del extranjero la que pueda dar las claves para comprenderla.

En Bogotá, particularmente, puede resultar útil la idea anterior para comprender la forma en la que ha sido observada, descrita y contada. Por un lado, está la preponderancia que ha tenido la mirada de quien viene de fuera sobre esta ciudad. Resulta común, en la historia y la sociología urbana bogotana, recurrir a la experiencia y la observación y los juicios de los viajeros para dar cuenta de ella.

Las crónicas de la conquista y de la colonia, antecedentes entre históricos —y literarios— de esta mirada sobre el país o sobre la ciudad, contaron las historias de una tierra extraña, en cuanto a que hacían referencia a lo ocurrido en el Nuevo Mundo: uno que era diferente al conocido. Cronistas, religiosos, militares y funcionarios gubernamentales, todos ellos de diferente talante y con diversos orígenes y propósitos, contaron su encuentro con el territorio americano.

Algunos escribieron por mandato superior, a fin de informar sobre cuestiones que importaban a la administración y gobierno de los nuevos dominios; sin embargo, en la mayoría de los casos —en especial durante los primeros tiempos— no estaba ausente la fascinación ante lo inédito, ni la necesidad de dejar testimonio de las maravillas y peculiaridades de las tierras recién encontradas (Añón & Battcock, 2013, pág. 153).

Los lectores, lectores imaginados, que existían solamente en la distancia que dan el mar y el paso del tiempo —el rey, la corte, los colegas dejados atrás, o simplemente los habitantes de las ciudades viejas— estaban del otro lado: “Se asiste aquí al funcionamiento de la narración en tanto estructura que permite hacer inteligible la experiencia, comprender incluso lo inverosímil, colocándolo en nuevas coordenadas tempo-espaciales occidentales, en nuevas causalidades […]” (Añón & Battcock, 2013, pág. 159). La narración sitúa en el presente de la lectura el pasado de los hechos (de los hechos reales o de los imaginados), los actualiza, y les da un nuevo sentido en el contexto de la lectura, al mismo tiempo que le da una apariencia y una manera de ser a ese mundo nuevo que se integra al viejo a través de la extrañeza, de la diferencia.

Narrativamente hablando, no hay una perspectiva diferente después de las revoluciones independentistas. Los viajeros, algunos de ellos oriundos de países viejos (europeos, fundamentalmente) daban cuenta, siempre con algo de extrañeza a quienes imaginaban de acuerdo con su propia mirada, los hechos y las costumbres bogotanas; Cané (2005), Bache (1982) o Brisson (1899), en el siglo XIX, son ejemplos de ello.

No es extraño, por lo tanto, que los novelistas que narran la ciudad, durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, lo hagan con una perspectiva particular la de aquel que no pertenece, y se sorprende con lo que ve. Escritores como Luis López de Mesa, Antonio Álvarez Lleras, Luis Carrasquilla o Simón Pérez y Soto, por mencionar solamente a un puñado de ellos, parten en sus descripciones de comprender, efectivamente, la ciudad como si les fuera ajena. Más allá de sus lugares de nacimiento, los personajes y narradores que proponen la miran con ojos de viajeros que están (solo) de su paso por sus calles.

Obras citadas

Añón, V., & Battcock, C. (enero de 2013). Las crónicas coloniales desde América: aproximaciones y nuevos enfoques. Latinoamérica. Revista de Estudios Latinoamericanos, 2013(57), 153-159. Recuperado el 31 de marzo de 2017, de http://www.elsevier.es/es-revista-latinoamerica-revista-estudios-latinoamericanos-83-articulo-las-cronicas-coloniales-desde-america-S1665857413717150

Bache, R. (1982). La República de Colombia en los años 1822-23. Notas de viaje, con el itinerario de la ruta entre Caracas y Bogotá y un apéndice oficial del ejército de los Estados Unidos. Caracas: Instituto Nacional de Hipódromos.

Brisson, J. (1899). Viajes por Colombia en los años 1891 a 1897. Bogotá: Imprenta Nacional.

Calvino, I. (1988). Las ciudades invisibles. (A. Benítez, Trad.) Buenos Aires: Minotauro.

Cané, M. (2005). En viaje (1881-1882). Caracas: Biblioteca Ayacucho.

Giraldo, L. M. (2000). Ciudades escritas. Bogotá: Convenio Andrés Bello.

Zarone, G. (1993). Metafísica de la ciudad. Encanto utópico y desencanto metropolitano. Murcia: Universidad de Murcia.