Conectarse con lo imposible y combatir la corrupción, aspectos para innovar

Estar dispuesto a conectarse con lo que parece imposible, sacar tiempo para pensar lo suficiente si se es CEO o gerente y luchar incansablemente contra la corrupción, son algunas de las pistas que dos expertos en innovación recomiendan para lograr cambios significativos en las empresas que se traduzcan en competitividad real.

Estas son algunas de las conclusiones que trascendieron en Disrupt Colombia, el evento organizado por el CESA para crear un espacio de discusión y análisis con miras a establecer aspectos que pueden llevar a las organizaciones a cambios significativos para su crecimiento.

Y es que muy a pesar de que desde hace años se habla de la necesidad de la innovación; de hecho, una de las cuatro locomotoras para impulsar el desarrollo del país, Colombia aún está en mora en la materia. Las innovaciones que se han puesto sobre la marcha no han sido lo suficientemente disruptivas para crear fórmulas ganadoras. Prueba de ello es el último Índice Global de Innovación, que da cuenta de la caída del país dos puestos en dicho ranking (pasó del puesto 63 al 65).

Los israelíes Shlomo Abas y Shahar Larry, dos expertos en innovación, debatieron ampliamente el tema.

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Parte de las tareas que tiene pendiente el empresariado es cambiar el chip. Ello supone, como primer paso, “hacer apuestas por lo estúpido”, expresó con absoluta convicción Shahar Larry, como principal motor de cambio en la manera de pensar, que permita abrir la mente a esquemas que den paso a la disrupción.

Bajo dicho contexto, las personas en las organizaciones encuentran herramientas para “quebrar’ el componente inercial sobre el que las empresas, sin darse cuenta, andan de forma descuidadamente confortable, dando paso a la ideación. En efecto, buena parte de ello ocurre en buena medida porque se fijan diversos elementos de resistencia a los cambios.

Dicha labor de considerar lo ilógico, improbable o poco común debe considerar, sin embargo, varios aspectos. El primero de ellos, refirió Larry, es el de cómo se concibe el papel de los supuestos responsables de la innovación en las empresas, el rol que deben jugar y qué tanta flexibilidad tienen en sus organizaciones. Según Larry, “hay que invertir no más del 3 por ciento en lo improbable y permitir que dos o tres personas, probablemente o no de los departamentos de I&D, tengan la autonomía suficiente para explorar el contexto”. Hay que buscar mecanismos que hagan que estas personas, aunque formen parte de la organización, parezcan ruedas sueltas porque están auscultando más allá de la compañía.

Otro de los componentes a considerar es el disenso. Los equipos en las empresas que le apuestan a la innovación deben tener perspectivas diferentes. Y de hecho, en alguna medida apuestas. El contrapunteo entre los dos expertos en innovación sirvió para considerar la importancia que tiene la diferencia para enriquecer la ideas y, a partir de allí, construir. Solo a través de argumentar las diferencias se logran fórmulas capaces de generar los cambios que necesita la empresa.

Mucho tiempo, cero corrupción

Un segundo aspecto, no menos trascendental, es el del tiempo de los directores. Según Shlomo Abas, los CEO están en la obligación de entrar en la lógica de TPM (Tiempo para mí). Buscar el espacio necesario para pensar cómo iniciar las dinámicas y abrir los espacios que puedan contrarrestar la resistencia al cambio. Y es que “más importante que el cambio mismo, es crear los andamiajes necesarios para fomentarlo de manera común y frecuente. Ese es el camino”, explicó Abas. En efecto, “se puede cambiar el menú del Titánic y hacerlo mejor cada día, pero no es suficiente frente al iceberg”, ilustró al respecto Shahar Larry. En todo caso, debe prevalecer el buen juicio para no perderse en medio de las estructuras, aclaró Larry.

Una tercera dimensión es la pesadilla de la corrupción. Y es que esta, no solo por su naturaleza puede crear reticencia al cambio, sino también porque al tratar de combatirla también puede incidir negativamente en los fines de transformación.

En efecto, lo que ocurre con esta, explicó Shlomo Abas, es que atenta contra la confianza, que guarda en su esencia la noción de libertad. Como confianza no existe, emergen de forma abominable esquemas burocráticos representados en controles, que tienden inevitablemente a promover los cambios.

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