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La tutoría entre pares en el entorno universitario

Uno de los desafíos a los que siempre se ha enfrentado la educación es el de la heterogeneidad que hay en las aulas. En el ámbito de la educación superior, esta puede estar determinada por aspectos como la cultura, la edad, los intereses, el nivel académico, la preparación previa, las habilidades, las dificultades,  la procedencia geográfica, el contexto socioeconómico, la edad, entre otros. Pero, ¿qué factores de la heterogeneidad marcan una diferencia (negativa) en el rendimiento académico de ciertos estudiantes: la preparación, las habilidades, el interés (o falta de este) y las dificultades en un área específica del conocimiento; y qué beneficios tiene la tutoría entre pares (TEP) para responder a esta problemática, especialmente en los primeros semestres de la formación profesional?

A lo largo del recorrido académico universitario, es posible observar estudiantes que presentan falencias o bajo rendimiento en algunas de las asignaturas que cursan. Uno o varios de los factores citados anteriormente pueden ser la causa de ese bajo rendimiento y de los problemas académicos de algunos de ellos.

Como forma de prestar un apoyo a los estudiantes desde la propia institución, la gran mayoría de los planteles universitarios ha creado la figura de los monitores: estudiantes más avanzados que han alcanzado un rendimiento destacado en una determinada disciplina y que tienen un muy buen manejo de las habilidades y competencias de dicha disciplina. En esencia, su función es la de asistir al profesor de la asignatura en la que son monitores y hacer una labor de acompañamiento y tutoría a los estudiantes que presentan dificultades académicas.

Este intercambio entre un estudiante más avanzado y uno que presenta una dificultad se conoce como tutoría entre pares (TEP). Se trata de una estrategia pedagógica que permite que el refuerzo se dé de forma individual (uno a uno) o en grupos de estudiantes muy pequeños, a través del contacto con un igual (un estudiante) que se encuentra en una edad muy cercana y que tiene un lenguaje o una forma de entender la vida muy similar. La personalización y la cercanía proveen al tutorado de un ambiente propicio para el aprendizaje, que le resulta más cómodo y familiar.

Dicho ambiente está desprovisto de la barrera que para muchos estudiantes representan los contenidos difíciles o poco llamativos y una posible dificultad de comunicación con un docente que no siempre habla el mismo lenguaje y que, en muchas ocasiones, por el hecho de dominar la disciplina, tiene dificultad para enfocar ciertos contenidos desde perspectivas diferentes y/o renovadas.  Cuando un estudiante más avanzado actúa como mediador y tutor de uno menos avanzado, se convierte también en un motivante y facilitador del proceso del tutorado. Al hablar su lenguaje y estar también “del lado del estudiante” puede entender mejor las dudas y aclararlas de una forma que resulta de más fácil acceso para su tutorado: hay un diálogo más directo.

En el reciente 1er. Encuentro de Docentes CESA, “Retos en el diseño de ambientes de aprendizaje”, Klaus Lüttjohann,  finlandés experto en gestión de conocimiento y soluciones educativas, resaltó que uno de los elementos clave en el éxito del sistema educativo finlandés está relacionado directamente con el modelo de TEP. Los estudiantes de varios niveles conviven en una misma aula durante la jornada escolar, donde los más grandes asisten a los más pequeños en su proceso de aprendizaje. Esto permite que todos crezcan de forma conjunta, no solo en el aspecto académico sino en otras dimensiones del ser.

Lo mismo ocurre cuando la tutoría se da entre pares universitarios: la TEP no solamente trae beneficios para el tutorado. Esta también resulta de valor para el tutor, pues le permite desarrollar tanto habilidades duras como blandas. Académicamente (lo relacionado con las habilidades duras), el tutor refuerza sus conocimientos: se hace más fuerte en ese campo del conocimiento. En relación con las habilidades blandas, trabaja en competencias de transferencia de conocimiento y de comunicación, y pone en práctica la solidaridad, la empatía y la posibilidad incluso de establecer lazos que pueden ir más allá de las meras tutorías. Lo anterior contribuye al desarrollo social y afectivo para las dos partes involucradas, y permite también que se cree un ambiente de trabajo cooperativo en el que el conocimiento se construye durante el espacio de la tutoría dentro de una atmósfera de respeto y sana convivencia entre los pares integrantes de la comunidad universitaria.

En el CESA, específicamente en el Centro DIGA (Centro de Apoyo para la lectura, la oralidad y la escritura), la práctica de la TEP forma parte de las estrategias de apoyo a la comunidad estudiantil. El Centro cuenta con monitores que trabajan directamente con sus pares de otros semestres en lo que se relaciona específicamente con habilidades comunicativas. Dicha tutoría se da especialmente entre estudiantes que ya han superado las asignaturas de Comunicación Escrita y Comunicación Oral, y estudiantes de los primeros semestres de la carrera que no solamente tienen falencias en lengua, sino que también deben enfrentarse a la escritura de textos académicos o preparación de exposiciones orales para las distintas asignaturas del plan de estudios. En este sentido, la experiencia que los tutores han tenido como estudiantes de las mismas asignaturas es casi tan importante como el conocimiento y la destreza que tienen en el manejo de las habilidades comunicativas, pues pueden orientar a sus estudiantes no solo desde el saber sino desde su propia experiencia como estudiantes y, por lo tanto, les ofrecen una visión más amplia.

Finalmente, la tutoría entre pares, como se mencionó al principio de este texto, es un ejercicio fundamental, especialmente para los estudiantes de los primeros semestres, pues es cuando muchos de ellos experimentan todo lo que implica la transición del colegio a la universidad, no solo en términos académicos sino sociales.

Por ese motivo, los docentes de las distintas asignaturas de estos primeros momentos del ciclo universitario deben estar atentos a este proceso y trabajar de la mano con los tutores, buscar y utilizar el apoyo de esta figura. Del mismo modo, es clave que los docentes encargados de reclutar y formar a los tutores de semestres más avanzados seleccionen de forma apropiada a sus tutores, con base no solamente en el rendimiento académico sino también en su capacidad de transferir el conocimiento y de empatía.

La experiencia desde el Centro DIGA demuestra que desde los primeros semestres se comienzan a identificar aquellos estudiantes que tienen un perfil adecuado para ejercer la TEP. El papel de los docentes para que la TEP funcione de la forma esperada es, pues, de suma importancia tanto para identificar a tiempo aquellos estudiantes que necesitan ser tutorados, como a quienes pueden ejercer el rol de tutores de la mejor forma.

 

Prof. Catalina Isaza Cantor

Centro de Apoyo para la lectura, la oralidad y la escritura del CESA, DIGA.

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