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Tras las huellas de errores empresariales

Adriana Arango es, probablemente, una de los colombianas más reconocidas en el país y cuyo sueño empresarial, de la noche a la mañana, se convirtió en una de las pesadillas más complejas que puede vivir un ser humano: terminó en prisión.

Ejercía como una reconocida periodista, pero dos hechos coyunturales, uno personal y otro profesional, la llevaron a emprender.

Había iniciado una nueva relación con el entonces empresario Javier Coy, de quien quedó embarazada. Y profesionalmente, por las distintas dinámicas de la industria de los medios de comunicación, donde trabajó como una de las más sobresalientes periodistas y presentadoras, se quedó sin empleo.

En virtud de ello y como iniciaba un nuevo proyecto de pareja, con bebé abordo, junto con Javier Coy decidieron meterse en el asunto de la comercialización de flores. Era un negocio que prometía.

En efecto, para entonces, hace casi una década, el valor de un tallo de rosa era de 18 centavos de dólar. Pero una vez madura, esa rosa, en un Día de San Valentin en una floristería en pleno corazón de Manhattan o en una Día de la Madre en Europa podía ascender a USD 8. A partir de dicho momento, empezó una ambición desmedida, con múltiples errores financieros, administrativos y empresariales.

Para echar adelante el negocio de comercialización con capital, adquirieron numerosas deudas. Como la producción les podía dar impulso adicional, adquirieron tierras en arriendo en las sabana para los cultivos. En ese momento, prometieron a sus acreedores intereses de hasta el 5 por ciento. Sin embargo, las cosas no les salieron como pensaban. “La verdad es que los número en pantalla, en el Excel, aguantan todo, pero la realidad no”, dice Adriana Arango.

Dado que el tema de la producción requiere un gran músculo financiero, acudieron a los bancos. Sin embargo, como los terrenos habían sido rentados, Adriana y Javier Coy no tenían ‘garantías reales’.

Aumentó el número de personas a las que acudieron por dinero, cometiendo el error -confiesa la propia Adriana Arango- de hacerlas acreedoras y no socias. Las obligaciones ascendieron hasta los 15 mil millones de pesos. Así mismo, el número de personas de las que recibieron préstamos fue de 217. La situación se salió de control.

Y es que al tiempo que, con el conocimiento de que no podian cumplir lo pactado, empezaron a ‘mentir’, sosteniendo que dentro de poco iban a empezar a devolver dinero, en el país había un delirio y al mismo tiempo paranoia por el fenómeno de las pirámides: 323 para el 2008. Miles de personas que en todo Colombia ponían una cantidad de dinero porque -supuestamente- ‘fácilmente’ se multiplicaba al poco tiempo. Dinero fácil.

Cientos de personas en distintos rincones del país vendieron sus activos para que el valor que les daban por ellos se duplicara o triplicara. Lo perdieron todo y acabaron en la ruina. Otros, quizás por vergüenza, se quitaron la vida.

En ese entorno, el gobierno de la época endureció los controles y las leyes. Se configuraron tipos penales por lo que se había constituido como una ‘emergencia económica’. Así las cosas, 87 de los acredores denunciaron a Adriana Arango y a su esposo por Captación Masiva e Ilegal de Dineros del Público (sin ser entidad bancaria), no devolución de los mismos y -para Adriana el más doloroso- Estafa Agravada.

Tanto ella como su esposo estuvieron en prisión. Adriana Arango estuvo nueve meses en la cárcel de Mujeres El Buen Pastor, y cerca de seis en prisión domiciliaria.

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