Democracia en el aula: educar en el proceso de formación electoral

Democracia en el aula: educar en el proceso de formación electoral

today 05 Mar 2026

Una reflexión sobre la importancia de formar a los jóvenes en el entendimiento del sistema electoral ante la cercanía de unas nuevas elecciones. A partir de una experiencia en el aula, se impulsa un ejercicio académico orientado a analizar información pública de los aspirantes, con el fin de fomentar un debate más informado, objetivo y basado en datos.

Hace algunos días, recién cuando el semestre estaba recorriendo sus primeros días, opté por hacer un ejercicio muy sencillo en mi clase de Employment Law con mis estudiantes de tercer semestre en el CESA. Les hice una sola pregunta: si esta sería su primera elección para elegir presidente y vicepresidente de la República, así como Congreso (Cámara de Representantes y Senado). La respuesta fue reveladora: cerca del 85% levantó la mano.

Aunque varios (casi la mayoría) ya había participado en elecciones locales, como aquellas relacionadas con la escogencia de alcalde o de concejo, para la mayoría la elección del 2026 sería la primera experiencia en una elección de aquellas ya señaladas algunas líneas más arriba.

Estaba ante una generación próxima a ejercer uno de los derechos más importantes de la vida en sociedad (el derecho al voto) por primera vez para un tipo de elección, con sus particularidades propias en el proceso, y en donde el desconocimiento podía estar a la orden del día.

Así comprendí la necesidad de incentivar en ellos, en línea con las estrategias que de forma acertada está implementando el CESA a lo largo de este semestre académico, mayor conocimiento objetivo sobre el sistema electoral, sus reglas y sus implicaciones. ¿Qué significa vivir en un Estado Social de Derecho? ¿Qué rol juega un jurado electoral? ¿Qué se elige el 8 de marzo? Y no solamente para ellos y ellas, sino también para la sociedad en general, que, cada vez más, requiere de datos claros, organizados, fácilmente comprensibles, que permitan información objetiva que conlleven a la toma de decisiones con criterio.

Conoce más: Así perciben los colombianos su democracia: claves y propuestas para cuidarla

Con todo esto en mente, decidí hacer un pequeño “ajuste” en la dinámica del inicio de mis clases, que tienen lugar temprano en la mañana de los jueves y viernes este semestre en el CESA. Además del saludo habitual, y de esa pregunta que en la apariencia es simple, pero no lo es: ¿cómo están hoy?, ¿cómo se sienten?, comencé a dedicar unos minutos a conversar sobre temas de relevancia electoral.

Lo hice bajo dos premisas muy claras desde el inicio. La primera: abordar única y exclusivamente asuntos objetivos, sustentados en la norma, en el procedimiento reglado y en fuentes verificables. La segunda: mantener absoluta neutralidad, sin personalizar en campañas, partidos, candidatos, tendencias, etc. En otras palabras, partir de la base de trabajar con datos “duros”, provenientes de fuentes primarias y con un único propósito: que los y las estudiantes pudiesen entender mejor cómo funciona el sistema electoral.

Así, hemos conversado (en inglés, idioma de la asignatura), entre otros temas y en un ambiente seguro y eminentemente académico, del tarjetón electoral, de las funciones de la Registraduría y su diferencia con otros órganos como el Consejo Nacional Electoral, de la diferencia existente entre una consulta y una elección en primera vuelta, y de lo que distingue a una lista abierta de una lista cerrada al Congreso de la República.

La experiencia ha sido profundamente satisfactoria, tanto en lo personal como en lo profesional. Pero, sobre todo, he detectado (y así me lo han hecho saber) que este tipo de conversaciones es recibido con enorme interés y entusiasmo por los y las estudiantes, quienes encuentran, en el aula de clase, un espacio natural para la reflexión y el aprendizaje constante.

Sin embargo, no quise quedarme allí. A partir de esa experiencia, durante casi tres semanas me propuse realizar un escáner riguroso de la información disponible sobre candidatos y pre-candidatos, con la intención de organizar, sistematizar y ponerla al servicio de la sociedad.

El análisis se enfocó en dos grandes ejes: (i) la adopción y divulgación de planes de gobierno, así como el uso de redes sociales como canales (muchas veces y cada vez con una tendencia al alza) oficiales de comunicación con la ciudadanía, y (ii) la formación académica de los candidatos y pre-candidatos.

Los datos que surgieron de este ejercicio son supremamente interesantes. Se habla, y bastante, de los debates, de lo que dijo X o de lo que replicó Z. Pero rara vez se aterriza la conversación en la divulgación de los planes de gobierno, en la formación académica o en los estudios que sustentan el perfil de los candidatos.

Revive el debate de Aspirantes a la Cámara y nuevos liderazgos aquí

Con ese propósito, comparto algunas de las principales conclusiones de la investigación, precisando que (i) se trata de un ejercicio de corte eminente y exclusivamente académico y formativo, y (ii) el término “aspirantes” agrupa tanto a candidatos(as) como pre-candidatos(as):

El universo de aspirantes

A inicios de febrero de 2026, se identificaban treinta y un aspirantes a la presidencia de la República de Colombia para el cuatrienio 2026 - 2030. De ese total, catorce fungen como “candidatos” (varios aún sin inscripción formal) y, los restantes, como pre-candidatos, es decir, participantes en mecanismos de consulta.

Con el resultado de dichas consultas, el total será de diecisiete candidatos: los catorce ya identificados, más tres que emergerán de los procesos democráticos arriba señalados. De ahí, con certeza, saldrá el próximo presidente o presidenta de Colombia.

Una brecha de género y la presencia en redes sociales

De los treinta y un aspirantes, veinticinco son de género masculino y seis de género femenino, lo cual se traduce en una proporción aproximada de 4:1: Una mujer por cada cuatro hombres aspirantes.

Como hallazgo interesante, se ubica el hecho de que, con corte al 20 de febrero de 2026, apenas nueve aspirantes habían publicado en sus páginas oficiales un plan de gobierno o documento que pudiese “equivaler” a ello. Documento, en este contexto, se entiende en sentido amplio: textos formales, infografías, viñetas explicativas o, incluso, piezas audiovisuales estructuradas.

La presencia en X (antes Twitter) e Instagram es prácticamente universal entre los treinta y un aspirantes. Le siguen Tiktok y, finalmente, LinkedIn, que resulta ser la red menos utilizada dentro del rango analizado.

Formación académica: nivel de estudios

Cinco de los treinta y un aspirantes cuentan con doctorado, y casi la mitad, maestría. A nivel del pregrado, se identificó que varios de los aspirantes cursaron estudios en el exterior pero, la mayoría, lo hizo en Colombia. A su vez, en cuanto a disciplinas, derecho (también denominado jurisprudencia en algunas facultades) es la carrera más estudiada, seguida por economía. El abanico profesional incluye también perfiles diversos, como un médico y un matemático de profesión.

Al final, estos datos no pretenden sustituir el debate político, sino enriquecerlo y convertirse en un ejercicio que siente base para incentivar el interés de los estudiantes por apersonarse de su proceso de formación y el proceso electoral que se avecina.

Conoce los programas que el CESA tiene para ti