El macondismo comercial de Colombia

El macondismo comercial de Colombia

today 23 Ene 2026

En un contexto de creciente incertidumbre económica y fragmentación comercial, las decisiones que toman los países vecinos revelan mucho más que disputas puntuales. Este momento invita a reflexionar sobre la visión estratégica, el papel de la región y la capacidad de pensar más allá del corto plazo en un escenario global cada vez más complejo.

Las tensiones comerciales recientes entre Ecuador y Colombia son otra manifestación preocupante del estado de la integración económica en América del Sur: frágil, intermitente y siempre vulnerable a los cambios en las orientaciones políticas de corto plazo de sus gobiernos. En una región que nunca terminó de consolidar mercados regionales profundos, cada nuevo conflicto bilateral no solo añade fricción comercial, sino que erosiona aún más la ya esquiva idea de integración económica.

Frente a este escenario, la respuesta de Colombia no debería ser la retaliación automática. Debería ser el liderazgo. Escalar el conflicto puede resultar políticamente rentable en el corto plazo, pero es estratégicamente débil. Estamos frente a lo que podría llamarse un “macondismo comercial”: una forma de actuar reactiva, aislada y de corto plazo, que desconoce la posición relativa del país y el contexto regional en el que se inserta. En efecto, Colombia es la tercera economía de América del Sur y, como tal, debería aprovechar para actuar más allá de la lógica reactiva y consolidarse como líder regional. Sin embargo, con frecuencia se comporta como un actor menor, respondiendo a los incentivos inmediatos en lugar de moldear el entorno regional en el que opera.

El argumento no pretende ser normativo sino económico. Ecuador es un destino particularmente relevante para las exportaciones colombianas de mayor valor agregado. A diferencia de la canasta exportadora total del país, las ventas a Ecuador están relativamente más diversificadas y tienen un peso significativo de manufacturas, asociadas con encadenamientos productivos y generación de empleo industrial. Esta escalada comercial golpea con mayor fuerza a sectores que precisamente el país dice querer fortalecer. Liderar, en este contexto, no es altruismo regional sino una forma de proteger intereses propios de largo plazo.

Pero salgamos un poco de la región: el mundo atraviesa una fase de creciente fragmentación comercial, con un retorno explícito de políticas proteccionistas en economías grandes y una reconfiguración de las cadenas globales de valor. En ese contexto, cerrar o tensionar los mercados vecinos no es una estrategia defensiva, sino miope. América Latina, con todos sus problemas, sigue siendo un espacio de mercados naturales, menores costos de transporte y complementariedades productivas que podrían amortiguar parte de la incertidumbre global. Desaprovecharlo es reducir, no ampliar, los márgenes de maniobra.

En el marco de la escalada comercial con Ecuador, Colombia tiene la oportunidad de construir para convertirse en un actor regional relevante. Cada conflicto comercial es también una prueba de visión estratégica. Convertir esta coyuntura en una oportunidad para coordinar, negociar y liderar enviaría una señal clara de madurez económica y política. Hacer lo contrario confirma una paradoja persistente: Colombia tiene el tamaño y el potencial para liderar, pero sigue actuando como si no lo tuviera.

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